Yoko Ogawa : La fórmula preferida del profesor

¿Qué hacer cuando la paciencia no tiene recompensa? Cuando cada vez que veas a esa persona, para él será otra vez la primera vez. ¿Cómo mantener la ilusión entonces? Si ningún esfuerzo servirá de nada, siempre de vuelta a la casilla uno. ¿Te rindes enseguida o te mentalizas y tiras con todo hacia adelante, a pesar de todo?

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La protagonista de esta novela tiene que cuidar de un anciano con la memoria dañada. Solo recuerda los últimos 80 minutos. Sigue leyendo

Boyhood

La vida se te escapa. Dicen que Boyhood dura dos horas y media, pero no es verdad, dura doce años enteros. Y durante todo ese tiempo envejeces tú frente a la pantalla, igual que sus actores. Más que darte cuenta de cómo pasaron los días sin remedio, lo sientes a un nivel físico, concentrado, punzante. Lo más extraño es que sea una sensación tan agradable. Como contemplar aquel río que nunca pudiste atrapar.

Boyhood poster

Richard Linklater continúa sorprendiéndome. Su trilogía Antes del amanecer me ha fascinado durante media vida: cada 9 años permite ver la evolución de una pareja, del enamoramiento inicial a los inevitables claroscuros. Ahora con Boyhood da un paso más allá. Si el cine captura la vida, no puede haber mejor película que esta. Sigue leyendo

The spectacular now

Si te gustó Las ventajas de ser un marginado, te encantará The spectacular now. Jóvenes inadaptados a las puertas de la universidad, con los cambios que eso conlleva. El reloj de clase retumba, implacable, encima de sus cabezas. Por suerte, aún están a tiempo de hacer las cosas que les gustan. Viven anclados en el presente porque es el único lugar donde pueden ser rebeldes, o al menos jugar a serlo.

The spectacular now - Aquí y ahora película

Esta película duele especialmente porque es más realista que otras similares. Todo lo realista que puede ser cualquier cuento de hadas sobre la entrada en la edad adulta, claro. Sigue leyendo

The golden age is over

¿Lo recuerdas? Cuando jugabas y todo cobraba vida en tus manos; incluso los muñecos hablaban. Cuando correr era una aventura, no el estrés de cada día. Y separabas los brazos para correr más rápido y sentir el viento en toda la piel, propulsándote, aunque entonces aún no comprendieras cómo funcionaban el viento ni tu cuerpo. Las únicas leyes de tu mundo eran las tuyas.

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¿Lo recuerdas? Cuando podías quedar con los amigos cada día. Inventaros historias en el jardín, convertir un arroyo en río y soñar en el día que navegaríais por él hacia otro lugar mejor que este. Sigue leyendo