Sentir que es un soplo la vida

Dices que te da miedo esta etapa que hoy empiezas y a mí me gustaría encontrar alguna palabra que te sirviera. Pero no nos conocemos: intercambiar algún like ocasional y hablar de cuatro libros no significa conocer a una persona. Así que paso de largo tu foto sin llegar a comentarla, sin desearte suerte siquiera, alguna fórmula convencional como la de los demás, quizá aprecies el gesto y en cualquier caso no me costaría nada. No lo hago. Supongo que me he acostumbrado a que la gente no dé ni las gracias cuando les dedico un pedazo de mi tiempo. Ahora que ya has vivido algunas horas de tu nueva vida, confío que en esa ciudad a la que pronto llamarás casa hayas encontrado algún rincón donde estar a gusto en silencio, sin necesitar palabras.

Fotografía: Unsplash.
Banda sonora: Estrella Morente.

Y qué pasa si soy del montón

Me costó entender que un rechazo no es culpa de nadie: sencillamente, a veces dos personas no encajan. Y se intenta y se desea pero no se consigue. Pienso en la desgana de aquel chico que después de una semana recordándome la cena del viernes, el viernes no pudo quedar. Pienso en aquel polvo trabajado durante meses que no desembocó en nada. Pienso en el helado que nunca llegó y en la tortilla de patatas que comimos aquella última noche. Pienso en todas las ocasiones que deseé estar en un lugar que no era el mío: eso solo lo supe cuando por fin estuve allí y entonces tuve que buscar un nuevo destino. Que ocurra o no ocurra lo imaginado no es culpa de nadie. Podría haber sido de otra manera pero fue así.

Fotografía: Tyler Lastovich.
Banda sonora: Pastora.

Una altra galàxia

Llevo 6 años soltero. Desde aquel lejano agosto he aprendido a disfrutar de mi soledad, también de la compañía de mis amigos, pero si lo pienso, el tiempo ha pasado tan deprisa que ya llevo 6 años soltero y de mi última cita más o menos seria hace 2 años. Mientras tanto, todos mis ex llevan más tiempo con sus parejas actuales del que llegaron a estar conmigo y con ellos han sabido hacer lo que entre nosotros no funcionaba. Las últimas cuatro personas con las que me habría interesado tener “algo más” prefirieron seguir conociéndome solo como amigo (tres lo decían en serio). A veces me da por pensar que quizás ya he vivido todo el amor que me tocaba; dicho así suena muy tremendo, pero he sido tan feliz con mis relaciones durante tanto tiempo, que tampoco sería raro ni me importaría seguir con mis viajes y mis libros. Mis amigos me dicen que no pasa nada, que ya llegará, que no estoy roto. Cuando les oigo hablar de sus citas y sus rollos, de las personas que van conociendo, hay días que siento envidia y otros que recuerdo la pereza de repetir lo de siempre, de tener que volver a calcular lo que se dice o hace o siente. Supongo que lo que me gustaría es saltarme esa fase, la de los cálculos y el ascenso o caída, y simplemente disfrutar juntos de las vistas desde la cima.

Fotografía: Theo Gosselin.
Banda sonora: Pastora.

Desamores de verano 2: Tinder love

Nunca llegamos a ir juntos a por ese helado del que tanto hablábamos. Era lo poco que compartíamos, hablar de sabores de helado, nuestra broma recurrente para sentir la compañía de una pantalla. En los demás temas apenas ahondábamos, solo vaguedades a las que nos aferrábamos con la avidez de quien no quiere romper el hechizo. Tampoco podíamos hacer otra cosa aquellos días. Cuando por fin llegó la posibilidad de quedar alguna tarde, no nos hicieron falta excusas: para los dos fue fácil dejar de hablar y así no tener que concretar lo soñado. Simplemente nuestras vidas siguieron su curso como dos ríos cercanos que nunca se cruzan.

Fotografía: Joel Muniz.
Banda sonora: Brigitte Laverne.

Desamores de verano 1: Grandes despedidas


Cada una de nuestras despedidas parecía la última pero siempre regresabas. Era tu mayor don: convertir la visión de tu espalda alejándose al final del paseo en otra sonrisa repentina. Curioseabas los estantes hasta que cerraba la tienda y después íbamos al rincón elevado de aquel bar para hablar de cualquier cosa durante una o dos horas. Cuando todo empezaba a ser tangible tu teléfono nos hacía aterrizar. La última tarde, en vez de ir adonde siempre, quisiste un helado y en el parque te saqué una foto admirando una flor que no existía. Estar contigo volvía a parecer fácil y nuevo, por eso te dije adiós sin darle importancia y ni me fijé en tu espalda alejándose al final de la calle. Todavía no sabía que habías cambiado de número.

Fotografía: Tim Marshall.
Banda sonora: Pastora.