Wish that you were here

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Con cada nuevo viaje, la misma maleta. Ya conoces el proceso. Sabes que al final pesarán más los libros que la ropa. No cargas toda la ropa, claro; te da miedo perderla, como si los recuerdos estuvieran impregnados en cada prenda y no en tu memoria. Pero quieres llevar ese polo, es tu escudo. Que alguien piense que eres alguien. Antes de salir, coges eso que siempre olvidas, la pieza que confirma que sí, que el billetes es válido. Diez canciones hasta el aeropuerto, la espera que nunca puede ser corta, el vértigo entre cabezadas y finalmente el horizonte alinéandose solo para ti. Encontrar la salida es tan fácil que por un momento te crees capaz de orientarte sin mapas.

I made my move

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Después de mucho pensarlo, te lanzaste sin pensar. Ahora al menos nadie podrá decir que no lo intentaste. Tampoco tú podrás recriminártelo con los años. No sabes de dónde sacaste las energías ni la paciencia para hacerlo y seguir. Quizás seas más fuerte de lo que quieres creer. No lo lograste, todo se quedó en el intento. Cuanto más te acercabas, más se alejaba. Ese último escollo no lo supiste resolver. Pero en la orilla te sientes bien: nadar era la única manera de confirmar lo que ya sabías. Poco a poco recuperas el aliento.

Hoping for more and wishing for less

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Acabaste por entender que, si había alguien con suerte, ese eras tú. Esperar o caminar: tú como mínimo podías elegir. Tenías ese poder. Tu vida volvería ser la misma después del aprendizaje. Pero ya no repetirías los mismos errores, o no tan a menudo. Paso a paso recuperaste la calma y con ella continuaste respirando. Pronto el camino se ensanchó para dejar espacio al futuro. Apenas te importó no conocerlo. Sí, acabaste por entender que tú seguías siendo tú, aunque en algún punto del remolino lo olvidases.

This town forgets too early

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Cuántas vueltas tuviste que dar para encontrar lo que estaba cerca. Solo en Tokyo, en la cuarta planta del Tower Records de Shibuya, te atreviste a preguntar qué canción estaba sonando. Sumimasen, ima no uta wa nan desu ka? Una guitarra retozando entre sintetizadores, un chico cantando en inglés algo que todavía no entendías. La certeza de que en cuanto dejase de sonar perderías tu oportunidad: ese fue tu trampolín.

El solícito dependiente te entregó un disco antes de alejarse. “Let’s get lost”, se titulaba, y escuchándolo en el avión de vuelta, supiste que tú acababas de encontrarte. Ironía: tras aquella portada de palmeras  californianas se escondía un grupo de Barcelona, como tú. Podrías pensar que el viaje no tuvo sentido, pero lo necesitabas para aprender a mirar las cosas nuevas que ya te rodeaban.

Fotografía: Teruo Araya.

If I had my way

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Si las cosas salieran como quiero, no quedaría espacio para la sorpresa. Sí lo habría para la calma. No sé qué prefiero. Me gustan ambas: calma y sorpresa. Ojalá supiera combinarlas. Ojalá supiera ser como tú, sentado en la orilla, olvidándote de todo, incluso de tu pareja en la toalla. Tú con las piernas cruzadas y casi meditando, relajado justo en ese punto de la arena al que solo llegan las olas más valientes. Mojándote sin que te importe, esperando paciente a que las olas con menos suerte regresen al mar para tomar impulso y volver a intentarlo hasta tocarte.

Fotografía: Théo Gosselin.