A head full of dreams

Aquello tan ansiado de golpe está aquí, sobre una alfombra junto a la chimenea apagada. Dos copas de vino, cuatro piernas enredadas, una manta: lo inalcanzable ahora puedes contarlo. Durante dos o tres horas habláis con los ojos cerrados para que nada implique más de la cuenta. Es curioso, antes de entrar te daba miedo incluso decir tu nombre y ahora no dejas de hablar de tus padres, de tu hermano que duerme en la litera de arriba, de lo fácil que es para tus amigos lo que a ti te ha llevado años. Tampoco era tan difícil en el fondo, responde él en voz baja, como diciéndoselo a sí mismo, mientras cambia el lado del vinilo en el tocadiscos. Asientes aunque él no lo vea. Te sientes capaz de repetirlo, lo repetirás, te repites al salir a la calle. Amanece y en el metro nadie sabe quién eres porque ya eres otra persona.

Fotografía: Théo Gosselin.
Banda sonora: Coldplay.

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Give yourself a try

Acabaste convencido de que solo eras aquello que les dijiste una vez a los demás. “No me gustan los mojitos”, dijiste en una cita, y te pasaste ocho años sin beber. Yo no hago eso, yo soy así: palabras que se acumulan. Como el que jugando se pone una máscara y termina llevándola todos los días. Por suerte, con cada cambio de ruta descubres cosas nuevas: quizás siempre estuvieron ahí pero tenías que aprender a verlas. Desprenderte de tantas palabras, escudarte menos en la imagen que se formaron otros. La sorpresa de tu reflejo en la ventana del tren al salir del túnel.

Fotografía: Luz Natural.
Banda sonora: The 1975.

Saved by the summer

Al final no fueron los grandes planes, son las pequeñas cosas las que te curan. Nunca llegó aquel restaurante en París donde se alinearían los planetas. Lo que llega es esta ensalada envasada, comerla sentados en el banco de la estación al atardecer, esperando un tren que vendrá tarde. Me dices con una sonrisa que todo llega cuando tiene que llegar. No sé por qué, te creo. También sonrío. No recordaba esta calma. Mastico despacio pero acabo de comer el primero, como me pasa siempre, y mientras el sol sigue poniéndose detrás de las casas blancas, me quedo mirándote, esperando que todo llegue.

Fotografía: Alex Boisset.
Banda sonora: Maja Francis.

I thought it doesn’t get better than this

Podrías haber estado en cualquier lugar pero estabas ahí. En Londres, en un restaurante que cada noche cambiaba de estilo y clientela. Por primera vez te sentías en casa en ese local camaleónico, entre candelabros y vinilos de palmeras. Empezabas a conocerte a ti mismo. Eso le contaste a tu cita, el hombre experimentado y cosmopolita que te había traído a ti, el jovencito de pueblo lleno de dudas, al centro del mundo. Con una sonrisa dijiste que no te importaría quedarte aquí toda la vida. Después te ofreciste a pagar la cena para no parecer pobre. Por culpa de los nervios olvidaste la tarjeta en la bandeja, pero ya no había marcha atrás: la puerta de salida solo se abría hacia adelante. Él se ofreció a pagarte el taxi de vuelta. No pudiste negarte. Su mano en tu hombro todavía quemaba horas después, a bordo de un avión, de regreso a tu vida de siempre, y fue en aquel momento, sobrevolando la ciudad que abandonabas, el último instante donde te supiste a salvo de todas las decisiones y todos los cambios.

Fotografía: Prospects.
Banda sonora: Florence + The Machine.

Sketches of summer

Lo que debía acercarse acabó alejándose. Nada fue tan especial como lo sentías: tus momentos irrepetibles solo eran juegos que alguien repite para ver qué pasa. Un año amarrado a un barco que jamás sopesó las consecuencias de soltar lastre. Das un sorbo al gintónic para asimilarlo. No es ningún drama. Incluso deberías estar agradecido. Lo sabes, te lo dicen. Bastará con acostumbrarte a la idea de tener siempre enfrente lo que a partir de ahora solo será de otros. Ojalá las cosas se sintieran tan fáciles como puedes verlas en esta mesa.

Fotografía & banda sonora: Roo Panes.