El hueco #35

—¿De qué hablabas antes?
—No te entiendo. ¿Antes, cuándo? ¿Al pasar por la gasolinera desierta esta tarde?
—Antes, sí: con los otros. Siempre hay otros.
—Odiaba tener siempre la misma conversación, ya sabes: repetir lo mismo que le has dicho al anterior en el mismo orden. Así que si surgía cualquier tema absurdo, a eso me aferraba.
—¿Y daba resultado?
—No, qué va. Hablar con alguien, dejarle hablar, era la mejor forma de descubrir lo aburridos que éramos todos. Hombres aburridos a la espera de que alguien se riera con sus aburridas historias.
—Déjame adivinar. A ti se te conquista con conversaciones sobre el último libro que has leído.
—No hace falta que sea el último.
—Acabo de acordarme, seguro que te gusta la anécdota. Una vez empecé a hablar de la muerte de mi padre con un chico al que acababa de conocer.
—Vaya, lo siento.
—Fue hace mucho tiempo. Entonces, cuando se lo conté al chico, ni siquiera acababa de ocurrir. No sé ni por qué lo hice. Creo que él me habló de cómo había encontrado a su padre muerto de un infarto a los pies de una escalera. Algo así. Recuerdo que había una escalera. Y yo me abrí, en aquella terraza cerca de casa le conté cosas que no le había contado a nadie. Le hablé de las canciones que sonaron en el funeral. Ninguna la había elegido yo. Y sus otros hijos…
—¿Tus hermanos?
—No, sus otros hijos. De otra madre. Ellos lloraban y yo lo sentía como un dolor lejano, como cuando no entras en una película y puedes notar que los actores están interpretando un papel. Se lo conté todo mientras él me miraba alucinado.
—Esa manera que tenemos de abrirnos a un desconocido.
—Sobre todo con alguien al que no volveremos a ver. Contigo me pasa al revés.
—A mí también, cada vez me apetece contarte más cosas.
—No, me pasa al revés: cuanto más te conozco, menos quiero contarte. Tengo miedo de que llegues a conocerme.

Fotografía: Théo Gosselin.

Fingías

¿Por qué me sentí tan mal al reencontrarnos si fui yo quien decidió dejar de vernos? No fue por verte acompañado; en él ni me fijé. Tampoco fue por estar ahora los dos menos guapos de lo que nos recordaba en nuestras citas: el tiempo lo idealiza todo, ya lo sé. Ni siquiera me supo mal que habláramos tan poco, dos frases de compromiso antes de que se abrieran las puertas del metro. No. Fue por volver a quedarme en mitad de aquel andén con la duda de si tuve o no razón al considerar que fingías.

Fotografía: Luz Natural.
Banda sonora: Paloma Mami.

Quan dius que no pots, només ets les teves frases

Pierdes fuelle tan cerca de la meta que lo que sería sencillo vuelve a parecerte imposible. Desde un lugar seguro, los demás te animan y te enfadas con ellos. No quieres esos ánimos, quieres volver a ser un niño pequeño que llora para que le hagan caso. Pero los viejos trucos ya no sirven porque ahora solo eres un triste adulto.  Tienes promesas que cumplir, días que tachar del calendario. El tiempo es otra cosa sobre la que no tienes ningún control por más que lo desees. Quién sabe, puede que después de todo, tus amigos tengan razón. Puede que estés retrocediendo para coger un último impulso. Sí, puede que en el fondo seas capaz de hacer lo que dices que no puedes. Faltan dos pasos y parece que los pies todavía te funcionan.

Fotografía: Hosenklapse.
Banda sonora: La iaia.

Sorteo de libros de Hanakotoba

Como sabes, el próximo 22 de abril publico el libro Hanakotoba, el lenguaje de flores en Satori Ediciones. ¿Quieres leerlo antes que nadie? Estoy sorteando 2 ejemplares dedicados entre todas las personas que entréis a Goodreads y pulséis el botón Want to read (Quiero leerlo) del libro. Además, añadidme como amigo para que pueda ponerme en contacto con vosotros si resultáis ganadores.

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La web Goodreads es una red social para gente lectora donde puntuar tus lecturas, seguir lo que leen tus amigos y recomendaros libros. Como ves, participar en el sorteo es muy fácil. Tienes hasta este domingo 14 de abril para apuntarte. El lunes contactaré a los ganadores del sorteo para poder enviarles su ejemplar del libro en cuanto yo lo reciba recién salido de imprenta. ¡Gracias por participar!

Can you read my mind?

“¡¿Un diccionario?!”, se sorprendía la gente, mirándome como a un loco, cuando les contaba mi próximo proyecto. Los demás nunca ven las cosas tan claras como lo están en nuestra cabeza. De repente me daba cuenta de que en realidad era raro estar escribiendo aquello después de una novela y dos libros de cuentos. Algo inseguro, me ponía a hablarles de todas esas palabras japonesas que llevaban tiempo rondándome, y todas las que había descubierto después, al ponerme a investigar  para el diccionario.

Me parecía fascinante que en otra cultura tan alejada, tuvieran palabras exactas para definir cosas que había visto o me habían sucedido pero que yo no sabía describir bien porque en castellano no tenemos un concepto para ellas. Gracias a esas palabras, yo había dejado de sentirme un extraño por saber que alguien a quien acababa de conocer acabaría siendo importante en mi vida o por maravillarme tanto con esos juegos que hace la luz del sol cuando se filtra entre las hojas de los árboles.

Quiero creer que ese “pequeño diccionario japonés para las cosas sin nombre” que ha acabado siendo Hanakotoba no es tan diferente de mis libros anteriores. Que ya algo de esas palabras y su sensibilidad estaba presente en la búsqueda personal de La noche nos alumbrará, en los tumbos del romántico Leo en El mar llegaba hasta aquí o en esas pequeñas historias que quedaron a medias de El amor desordenado. En apenas dos semanas, Hanakotoba verá la luz gracias a la editorial Satori. Siempre me ha gustado que los lectores se reconocieran en frases y capítulos de mis libros, pues parten de experiencias personales; ahora, acercándoos las palabras que inventaron otros, espero y deseo lo mismo: que os veáis reflejados en ellas y comprendáis mejor aquello que una vez sentisteis.

Fotografía: Masaaki Komori.
Banda sonora: The Killers.