Lust for life

Un día perfecto es cuando no importa que las cosas no salgan como esperaba. Salgo tarde de casa y entonces, como el restaurante de la plaza tiene la terraza llena, me voy a otro lugar a comer la berenjena a la parmesana que no siempre pediría. No es su mejor versión pero la disfruto. Me evoca otras, basta con eso. En la playa sí hay sitio y se está bien: una tarde agradable, la brisa justa y espaldas en las que recrearse. Típico paisaje de una ciudad turística. En el paseo de vuelta, las fachadas copian el color de la arena, como para alargar la felicidad sencilla de tumbarse en la toalla para leer y poco más. Hoy dejo que las canciones salten por sorpresa; no las elijo, son ellas las que me descubren. Solo al final me doy cuenta de que hoy no he pensado en ti y esa sensación también me gusta. En un día perfecto no importa que las cosas salieran de otra manera.

Fotografía: Sometimes quickly, sometimes slowly.

Then we start to believe in something

Me gusta escribir con música. Me gusta que la energía de las canciones se transmita a las frases, a las palabras. No sé si lo consigo, pero sé que lo intento: me imagino la escena como en esa película que me gustaría dirigir, cada gesto transmitendo lo que para mí evoca la letra y cada movimiento de cámara acompañando las variaciones de la melodía. Es como un baile que procuro trasladar de mi cabeza a la página en blanco. Deseando siempre que el lector pueda sentir la música aunque no la conozca. Que así las escenas se muevan igual que mis dedos bailaban escribiéndolas.

Las canciones del mp3 de Leo jugaban un papel importante en El mar llegaba hasta aquí. Fue uno de los aspectos más controvertidos de la novela: hubo quien entró en el juego, hubo quien desconectó. Me consta y lo entiendo. Para la siguiente novela que estoy escribiendo, llegué a plantearme prescindir de algo por lo que aposté tan fuerte en mi primer libro. Finalmente las canciones se han colado por la radio del coche en el que huyen los dos protagonistas.

Tengo una playlist para escribir por las noches. Hay canciones que no “sonarán” en el libro pero que sí me inspiran el ritmo exacto de las teclas. Es el caso del disco Territory de The Blaze. Lo descubrí casi a la vez que retomaba este proyecto con ganas tras un letargo. Sus canciones contundentes, incluso violentas, pero teñidas de emociones imparables son justo lo que buscaba mientras acabo de pulir el manuscrito. Esos latidos electrónicos son también los míos.

La música es escapismo, es energía, es introspección, es felicidad, es dejarse llevar, poder con todo, lo saben mis protagonistas, se lo confirma la música que les guía en el desierto, y ahora me toca a mí plasmarlo en el papel para que, si no todos los lectores, al menos algunos de ellos sí la sientan conmigo. Por ahora, seguimos en ruta.

Love tried to welcome me

Solo sé escribir sobre un sentimiento que no conozco. Alguna vez creí encontrarlo pero siempre se escapó. O dejé que se escapara después de quedarse un tiempo prudencial, hasta que me di cuenta de que tampoco era eso. Probé mil fórmulas y ninguna fue la mía. Ahora ni siquiera lo busco. Para qué. Me gusta más escribir porque puedo controlarlo. Leer también, quizás lo prefiero: leyendo todo parece perfecto incluso cuando no lo es. Para mi sorpresa, los demás lo encuentran en lugares donde yo jamás lo buscaría: en el gimnasio, en la peor discoteca, en sus móviles. Y pienso que cómo iba yo a encontrar algo que ni siquiera reconozco.

Fotografía: Jean Baptiste Huong.

Oh, I wish you loved somebody too

Pasará el tiempo y olvidaremos a qué vino tanto sufrimiento. Si al final todo nos fue bien, todo siguió esos tópicos de finales con los que volver a empezar. Costó descifrar el camino, cada uno el suyo, porque descifrarlo nunca es fácil cuando ya estás caminando. Ahora solo nos vemos en fotos, acompañados de personas nuevas en ciudades renovadas. Sonreímos como nunca lo hicimos, porque siempre deberíamos sonreír así, como si fuera la primera y la última vez que lo hacemos. No será así, lo sabemos, pero nos ilusiona este sentimiento. Ojalá algún día solo hablemos bien de lo nuestro.