Should’ve been you

Solo nos unía el descreimiento. La misma pereza de tener que repetir lo de siempre para obtener lo de siempre. Tantas citas idénticas en bares que nunca llevaban a nada. Sonreímos al vernos reflejados en el otro: por un momento frente a la pantalla nos sentíamos menos solos. Casi escuchados. Nos contamos por encima cómo nos habían roto algo más que el corazón. Y así estábamos, tan relajados compartiendo todo aquello en lo que ya no creíamos, que nos entró el miedo a la vez. Nos despedimos con ese hasta luego que otros usaron antes. Sabíamos que en cuanto empezáramos a creer, toda complicidad terminaría.

Fotografía: Sometimes quickly, sometimes slowly.

Photograph

Soy ese callejón de luces amarillas por el que nunca pasas. Digo que tenemos que disfrutar el momento, aquí y ahora, pero no lo hago. Y tengo tantas ganas de que me disfrutes que me entran las prisas, no te doy tiempo a descubrirme ni tampoco me acuerdo de disfrutarte yo a tiempo.  Me adelanto al final, ya en el bar pienso en lo que escribiré sobre esta única noches juntos. En lo bonita que quedaría una fotografía que no llegará. Lo intentamos: poca luz, sonrisas torcidas, el momento que ha pasado y la magia se perdió para siempre.

Fotografía: Jovan Todorovic.

Territory

Me gusta la sensación de volver a casa. Me gusta tanto que a veces demoro ese momento. Decido no coger el metro, volver caminando aunque llueva un poco. Así disfruto de algunas canciones más, de mis edificios favoritos, siempre brillantes, y del paisaje transformándose calle a calle en mi barrio, las tiendas donde compro y esa otra donde no sé por qué todavía no he entrado. La última esquina. Pronto mis llaves giran, doy la luz, cierro la puerta, dejo las llaves en la bandeja. Siempre en este orden desde el primer día. En silencio, enciendo incienso antes de ponerme cómodo. Ya da igual lo que haga esta noche porque estoy en casa.

Fotografía: Theo Gosselin.

Dios odia a los cobardes

Hubiera sido tan fácil como decirte hola. Tú ya habías hecho lo demás: mirar, sonreír, acercar posiciones. Un amigo se dio cuenta y me animó a lanzarme. Sí, te diría hola y nos presentaríamos a gritos susurrados, nos contaríamos quiénes eran esos para evitar malentendidos, compartiríamos nuestras canciones favoritas del concierto, con suerte serían las mismas aunque en las vidas de uno y otro significaron distinto, después saldríamos a cenar todos en pandilla, riéndonos como anticipo de futuras noches, subiríamos a tu casa y no tendríamos que hablar mucho más hasta que ocurriera lo de siempre, y estaría bien, ya sé que sí. Hubiera sido tan fácil que me eché atrás. Preferí seguir a lo mío. Cantando hacia el escenario, levantando el brazo en los momentos álgidos, coreando con mis amigos. Cómo explicarte entre saltos que más que cobardía lo mío es cansancio.

Fotografía: Jean-Baptiste Huong.