Forget

A medida que clareaba podía leer los títulos de todos esos libros que me habían intrigado desde tu cama. Ya no parecían tan especiales a la luz del día pero aun así los leí en voz alta, resiguiéndolos con el dedo para mostrar interés mientras tú te vestías. Tenía la sensación de que en el preciso instante en que me callara, también lo harían los pájaros que cantaban frente a tu ventana y que entonces algo acabaría definitivamente. No me prestaste ningún libro. Teníamos que salir porque no tenías café o quizás, pienso ahora, no querías hacérmelo y tener que fregar después. Antes de que cerraras la puerta pude entrever un pasillo con baldosas hidráulicas, otras habitaciones alineadas, al fondo un salón que según me habías dicho daba a la Sagrada Familia. No tuve tiempo de comprobarlo pero todavía puedo imaginar las vistas que hubiéramos tenido bebiendo allí por la noche, con unos cojines en el suelo, las rodillas rozándose entre sorbo y sorbo. Dijiste que había una cafetería cerca del metro y supongo que fuimos hacia allí. El desayuno y lo poco que hubo después ya lo he olvidado. A pie de calle, los árboles del paseo se veían más pequeños y menos verdes que desde tu habitación.

Banda sonora: Roosevelt.

Sentir que es un soplo la vida

Dices que te da miedo esta etapa que hoy empiezas y a mí me gustaría encontrar alguna palabra que te sirviera. Pero no nos conocemos: intercambiar algún like ocasional y hablar de cuatro libros no significa conocer a una persona. Así que paso de largo tu foto sin llegar a comentarla, sin desearte suerte siquiera, alguna fórmula convencional como la de los demás, quizá aprecies el gesto y en cualquier caso no me costaría nada. No lo hago. Supongo que me he acostumbrado a que la gente no dé ni las gracias cuando les dedico un pedazo de mi tiempo. Ahora que ya has vivido algunas horas de tu nueva vida, confío que en esa ciudad a la que pronto llamarás casa hayas encontrado algún rincón donde estar a gusto en silencio, sin necesitar palabras.

Fotografía: Unsplash.
Banda sonora: Estrella Morente.

Y qué pasa si soy del montón

Me costó entender que un rechazo no es culpa de nadie: sencillamente, a veces dos personas no encajan. Y se intenta y se desea pero no se consigue. Pienso en la desgana de aquel chico que después de una semana recordándome la cena del viernes, el viernes no pudo quedar. Pienso en aquel polvo trabajado durante meses que no desembocó en nada. Pienso en el helado que nunca llegó y en la tortilla de patatas que comimos aquella última noche. Pienso en todas las ocasiones que deseé estar en un lugar que no era el mío: eso solo lo supe cuando por fin estuve allí y entonces tuve que buscar un nuevo destino. Que ocurra o no ocurra lo imaginado no es culpa de nadie. Podría haber sido de otra manera pero fue así.

Fotografía: Tyler Lastovich.
Banda sonora: Pastora.

Una altra galàxia

Llevo 6 años soltero. Desde aquel lejano agosto he aprendido a disfrutar de mi soledad, también de la compañía de mis amigos, pero si lo pienso, el tiempo ha pasado tan deprisa que ya llevo 6 años soltero y de mi última cita más o menos seria hace 2 años. Mientras tanto, todos mis ex llevan más tiempo con sus parejas actuales del que llegaron a estar conmigo y con ellos han sabido hacer lo que entre nosotros no funcionaba. Las últimas cuatro personas con las que me habría interesado tener «algo más» prefirieron seguir conociéndome solo como amigo (tres lo decían en serio). A veces me da por pensar que quizás ya he vivido todo el amor que me tocaba; dicho así suena muy tremendo, pero he sido tan feliz con mis relaciones durante tanto tiempo, que tampoco sería raro ni me importaría seguir con mis viajes y mis libros. Mis amigos me dicen que no pasa nada, que ya llegará, que no estoy roto. Cuando les oigo hablar de sus citas y sus rollos, de las personas que van conociendo, hay días que siento envidia y otros que recuerdo la pereza de repetir lo de siempre, de tener que volver a calcular lo que se dice o hace o siente. Supongo que lo que me gustaría es saltarme esa fase, la de los cálculos y el ascenso o caída, y simplemente disfrutar juntos de las vistas desde la cima.

Fotografía: Theo Gosselin.
Banda sonora: Pastora.

Desamores de verano 2: Tinder love

Nunca llegamos a ir juntos a por ese helado del que tanto hablábamos. Era lo poco que compartíamos, hablar de sabores de helado, nuestra broma recurrente para sentir la compañía de una pantalla. En los demás temas apenas ahondábamos, solo vaguedades a las que nos aferrábamos con la avidez de quien no quiere romper el hechizo. Tampoco podíamos hacer otra cosa aquellos días. Cuando por fin llegó la posibilidad de quedar alguna tarde, no nos hicieron falta excusas: para los dos fue fácil dejar de hablar y así no tener que concretar lo soñado. Simplemente nuestras vidas siguieron su curso como dos ríos cercanos que nunca se cruzan.

Fotografía: Joel Muniz.
Banda sonora: Brigitte Laverne.