Pachinko song

Todavía algunas noches me pregunto si seguiríamos juntos de no ser por mí. A veces todavía me arrepiento aunque sé que no debería. Pienso en lo que podría haber pasado si mi decisión hubiera sido otra. Entonces parecía tan evidente. Ahora hablaría conmigo, no contigo. Lo haría tranquilamente en el mismo salón amplio y soleado. No intentaría hacerme entrar en razón ni cambiar lo que decidiría: tan solo me advertiría de lo que estaba por venir en los años siguientes. Así volvería a lanzarme al mundo pero con menos ganas de comérmelo y quizás la caída doliera menos. Todavía algunas noches me pregunto en qué nos habríamos equivocado después si el camino tomado hubiera sido otro.

Fotografía: Lynn Saville.
Banda sonora: Lily & Madeleine.

Librerías donde encontrar Hanakotoba

Muchos me preguntáis dónde se puede conseguir mi libro Hanakotoba, el lenguaje de las flores publicado por Satori Ediciones.  Al ser un título que se acaba de publicar, aún no está en todas las librerías. Pero para ponéroslo fácil, dejo un listado de librerías donde sí tienen el libro, distribuidas por provincias. Al final indico grandes cadenas con varios centros que también lo venden. Y recordad que podéis encargar Hanakotoba en cualquier otra librería que tengáis cerca de casa, basta con que les indiquéis el título, la editorial y el autor; en unos pocos días les llegará. ¡Gracias por vuestro apoyo! Sigue leyendo

Cómo seleccioné las palabras de Hanakotoba

Desde que se me ocurrió la idea de reunir en un libro esas palabras japonesas que no tenían traducción en nuestro idioma, se me planteó un reto: ¿cuáles incluiría y cuáles dejaría fuera? ¿Encontraría suficientes palabras para formar un libro? Tenía claro que quería una selección rigurosa, pero en cambio no tenía nada claro cómo enfocar dicha selección.

La primera idea fue reunir solo términos positivos, bajo el título provisional de “Palabras bonitas que solo existen en japonés”. Pero a medida que iba documentándome para el libro, encontraba conceptos que tenían que estar en él y que no encajaban en esa categoría. Por ejemplo, karôshi (muerte por exceso de trabajo). Así que lo de palabras bonitas quedó descartado enseguida.

Paralelamente, me fijé que muchos artículos sobre este tema incluían palabras que no podía encontrar en diccionarios de japonés, o palabras que no significaban realmente lo que indicaban, o palabras que sí tenían una traducción sencilla pero para el autor del texto sonaban mejor, o más exóticas, en japonés. Así que decidí no caer en esos errores, en la medida de lo posible. Fue una tarea titánica, sobre todo teniendo en cuenta que no soy lingüista, pero me pareció un criterio importante a la hora de elaborar Hanakotoba. Como en toda regla, hay excepciones, y la mía es hanabi, porque me pareció que nuestra palabra “fuegos artificiales” no hace justicia a esas “flores de fuego” que los japoneses ven estallando en el cielo en las noches de verano.

La palabra que me ayudó a enfocar el libro fue koi-no-yokan, premonición de amor: la sensación de que acabaremos enamorándonos de alguien a quien acabamos de conocer, casi la certeza de que será alguien decisivo en nuestra vida. Esa palabra definía bien una emoción que yo había vivido algunas veces pero que cuando intentaba explicarla en palabras, no lograba hacerlo con toda la fuerza de ese vértigo que yo había sentido. Koi-no-yokan me ayudaba a comprender esos momentos inexplicables. Y entonces comprendí que ese tenía que ser mi criterio de selección para Hanakotoba: reunir palabras sin traducción directa, sí, pero que definieran sentimientos, sucesos y objetos que seguramente todos hemos vivido alguna vez.

Una vez fijado este criterio, las palabras fueron llegando con una fluidez que me asombró. Otras, en cambio, se quedaron por el camino: tuve que prescindir de itadakimasu, un agradecimiento que se pronuncia antes de comer, porque es una tradición puramente japonesa. Yo quería palabras con las que pudiéramos empatizar enseguida; que al leerlas, cualquier lector pudiera pensar: “ah, así que eso es lo que sentí o vi aquella vez”. Mi deseo era que gracias a este libro, por fin pudiéramos poner nombre a todas esas cosas que no nos habíamos planteado que pudieran tenerlo. De ahí el subtítulo del libro: “Pequeño diccionario para las cosas sin nombre”.

Hanakotoba, el lenguaje de las flores se publica en Satori Ediciones el próximo 22 de abril. ¡Resérvalo ya en tu librería favorita!

El hueco #35

—¿De qué hablabas antes?
—No te entiendo. ¿Antes, cuándo? ¿Al pasar por la gasolinera desierta esta tarde?
—Antes, sí: con los otros. Siempre hay otros.
—Odiaba tener siempre la misma conversación, ya sabes: repetir lo mismo que le has dicho al anterior en el mismo orden. Así que si surgía cualquier tema absurdo, a eso me aferraba.
—¿Y daba resultado?
—No, qué va. Hablar con alguien, dejarle hablar, era la mejor forma de descubrir lo aburridos que éramos todos. Hombres aburridos a la espera de que alguien se riera con sus aburridas historias.
—Déjame adivinar. A ti se te conquista con conversaciones sobre el último libro que has leído.
—No hace falta que sea el último.
—Acabo de acordarme, seguro que te gusta la anécdota. Una vez empecé a hablar de la muerte de mi padre con un chico al que acababa de conocer.
—Vaya, lo siento.
—Fue hace mucho tiempo. Entonces, cuando se lo conté al chico, ni siquiera acababa de ocurrir. No sé ni por qué lo hice. Creo que él me habló de cómo había encontrado a su padre muerto de un infarto a los pies de una escalera. Algo así. Recuerdo que había una escalera. Y yo me abrí, en aquella terraza cerca de casa le conté cosas que no le había contado a nadie. Le hablé de las canciones que sonaron en el funeral. Ninguna la había elegido yo. Y sus otros hijos…
—¿Tus hermanos?
—No, sus otros hijos. De otra madre. Ellos lloraban y yo lo sentía como un dolor lejano, como cuando no entras en una película y puedes notar que los actores están interpretando un papel. Se lo conté todo mientras él me miraba alucinado.
—Esa manera que tenemos de abrirnos a un desconocido.
—Sobre todo con alguien al que no volveremos a ver. Contigo me pasa al revés.
—A mí también, cada vez me apetece contarte más cosas.
—No, me pasa al revés: cuanto más te conozco, menos quiero contarte. Tengo miedo de que llegues a conocerme.

Fotografía: Théo Gosselin.

Fingías

¿Por qué me sentí tan mal al reencontrarnos si fui yo quien decidió dejar de vernos? No fue por verte acompañado; en él ni me fijé. Tampoco fue por estar ahora los dos menos guapos de lo que nos recordaba en nuestras citas: el tiempo lo idealiza todo, ya lo sé. Ni siquiera me supo mal que habláramos tan poco, dos frases de compromiso antes de que se abrieran las puertas del metro. No. Fue por volver a quedarme en mitad de aquel andén con la duda de si tuve o no razón al considerar que fingías.

Fotografía: Luz Natural.
Banda sonora: Paloma Mami.