Come into my world

Como él no se decidía, te decidiste tú. Ya entonces sabías que aquel verano eterno no iba a durar toda la vida. Dejaste el libro de bolsillo y el bañador sobre la toalla de rayas y con el ímpetu de tus dieciséis años te lanzaste a la piscina. El hombre barbudo te siguió. Te asustaron un poco el ruido y las gotas de agua contra tu espalda, pero también te excitaron. No sabías qué ocurriría a partir de ahora: solo lo habías planeado hasta este momento. Los otros brazos te envolvieron y te dejaste llevar por la intuición. Desde el balcón tu madre pudo ver cómo dejabas de ser su hijo para convertirte en el hombre que con los años traería aquí novios y amantes, algunos incluso se los presentarías, compartiríais sandía. Pero esa tarde aquello quedaba lejos todavía porque todo era nuevo y el agua muy azul.

Fotografía: Boys gallery.
Banda sonora: Kylie Minogue.

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A head full of dreams

Aquello tan ansiado de golpe está aquí, sobre una alfombra junto a la chimenea apagada. Dos copas de vino, cuatro piernas enredadas, una manta: lo inalcanzable ahora puedes contarlo. Durante dos o tres horas habláis con los ojos cerrados para que nada implique más de la cuenta. Es curioso, antes de entrar te daba miedo incluso decir tu nombre y ahora no dejas de hablar de tus padres, de tu hermano que duerme en la litera de arriba, de lo fácil que es para tus amigos lo que a ti te ha llevado años. Tampoco era tan difícil en el fondo, responde él en voz baja, como diciéndoselo a sí mismo, mientras cambia el lado del vinilo en el tocadiscos. Asientes aunque él no lo vea. Te sientes capaz de repetirlo, lo repetirás, te repites al salir a la calle. Amanece y en el metro nadie sabe quién eres porque ya eres otra persona.

Fotografía: Théo Gosselin.
Banda sonora: Coldplay.

Give yourself a try

Acabaste convencido de que solo eras aquello que les dijiste una vez a los demás. “No me gustan los mojitos”, dijiste en una cita, y te pasaste ocho años sin beber. Yo no hago eso, yo soy así: palabras que se acumulan. Como el que jugando se pone una máscara y termina llevándola todos los días. Por suerte, con cada cambio de ruta descubres cosas nuevas: quizás siempre estuvieron ahí pero tenías que aprender a verlas. Desprenderte de tantas palabras, escudarte menos en la imagen que se formaron otros. La sorpresa de tu reflejo en la ventana del tren al salir del túnel.

Fotografía: Luz Natural.
Banda sonora: The 1975.

I thought it doesn’t get better than this

Podrías haber estado en cualquier lugar pero estabas ahí. En Londres, en un restaurante que cada noche cambiaba de estilo y clientela. Por primera vez te sentías en casa en ese local camaleónico, entre candelabros y vinilos de palmeras. Empezabas a conocerte a ti mismo. Eso le contaste a tu cita, el hombre experimentado y cosmopolita que te había traído a ti, el jovencito de pueblo lleno de dudas, al centro del mundo. Con una sonrisa dijiste que no te importaría quedarte aquí toda la vida. Después te ofreciste a pagar la cena para no parecer pobre. Por culpa de los nervios olvidaste la tarjeta en la bandeja, pero ya no había marcha atrás: la puerta de salida solo se abría hacia adelante. Él se ofreció a pagarte el taxi de vuelta. No pudiste negarte. Su mano en tu hombro todavía quemaba horas después, a bordo de un avión, de regreso a tu vida de siempre, y fue en aquel momento, sobrevolando la ciudad que abandonabas, el último instante donde te supiste a salvo de todas las decisiones y todos los cambios.

Fotografía: Prospects.
Banda sonora: Florence + The Machine.

We all have a hunger

Me gustaría decirte que no han ganado y que no he acabado por convertirme en uno de ellos. Me gustaría decirte que todavía me esfuerzo en inventar frases ingeniosas en vez de un simple hola que se adelanta a la derrota. Me gustaría decirte que nunca vuelvo a caer para revolcarme con gusto en el fango. Me gustaría decirte que insisto porque soy tan fuerte que no hay desgaste, pero la verdad es que insisto para que llegue algo que nunca llega, una respuesta interesante que redima tanta botella extraviada en el océano. Me gustaría decirte que no estás solo porque yo también me siento así y en vez de eso lo que te doy es silencio.

Fotografía: captura del vídeo de Hunger, dirigido por A.G. Rojas.
Banda sonora: Florence + The Machine.