Photograph

Soy ese callejón de luces amarillas por el que nunca pasas. Digo que tenemos que disfrutar el momento, aquí y ahora, pero no lo hago. Y tengo tantas ganas de que me disfrutes que me entran las prisas, no te doy tiempo a descubrirme ni tampoco me acuerdo de disfrutarte yo a tiempo.  Me adelanto al final, ya en el bar pienso en lo que escribiré sobre esta única noches juntos. En lo bonita que quedaría una fotografía que no llegará. Lo intentamos: poca luz, sonrisas torcidas, el momento que ha pasado y la magia se perdió para siempre.

Fotografía: Jovan Todorovic.

Territory

Me gusta la sensación de volver a casa. Me gusta tanto que a veces demoro ese momento. Decido no coger el metro, volver caminando aunque llueva un poco. Así disfruto de algunas canciones más, de mis edificios favoritos, siempre brillantes, y del paisaje transformándose calle a calle en mi barrio, las tiendas donde compro y esa otra donde no sé por qué todavía no he entrado. La última esquina. Pronto mis llaves giran, doy la luz, cierro la puerta, dejo las llaves en la bandeja. Siempre en este orden desde el primer día. En silencio, enciendo incienso antes de ponerme cómodo. Ya da igual lo que haga esta noche porque estoy en casa.

Fotografía: Theo Gosselin.

I thought we said it couldn’t happen here

bullying

Antes me quedaba la evasión de la música y la esperanza de que todo mejoraría. Yo no era como ellos, así que podía aislarme escuchando canciones de Aqua en mis cascos, no oírles e imaginar lo bien que iría todo más adelante, ahí fuera, cuando al fin me encontrara entre gente que  sí fuese así: como yo. Significara lo que significara eso. Luego llegó la universidad y me gustó dejar de sentirme el bicho raro que machacar para convertirme por un momento en el extraterrestre a analizar.

Poco a poco conocí amigos afines, una nueva familia en la que sentirme acogido. Fue un alivio. Aprendí mucho de ellos. A veces, cuando íbamos a los mismos sitios donde todos íbamos, no podíamos evitar reírnos del que bailaba raro o era feo. Y sí, sabíamos que estaba mal pero lo hacíamos. Nuestras risas reforzaban la sensación de grupo, de amistad: por suerte no éramos así. A pesar de nuestros defectos, estábamos a salvo.

Y ahora que estoy solo frente al peligro, que solo soy un recuadro más en la pantalla, puedo permitirme el lujo de rechazar sin que me vean: bastan dos pulsaciones para que alguien desaparezca para siempre. No me importa hacerlo porque sé que otros lo hacen conmigo. Es nuestra forma de enfrentarnos al rechazo de quienes deberían haber sido como nosotros. Confieso que cada día siento la tentación de cambiar, que me encojo cuando no encajo en lo que otros buscan, tantísimas etiquetas que nunca son la mía. Ni lo bastante musculado ni lo bastante oso ni lo bastante masculino ni lo bastante perra. Por suerte la música sigue sonando aunque las canciones hayan cambiado. Mi esperanza ahora es que esté bien ser así, como yo, porque no sé ser de otra manera.

Fotografía: Sometimes quickly, sometimes slowly.

End of desire

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Aceptar es saber lo que ya sabías. No por ello duele menos: estos meses sirvieron de entrenamiento, pero ¿quién vería venir algo invisible? Solo tras el golpe lo sabes; ahora sí, aceptas que será mejor. Que tendrá sentido, se lo encontrarás. Harás lo posible. Ya no ignorarás la sensación de equivocarte, ya no te amansarás para fingir que no luchabas por lo que estabas luchando. Aceptar es volver a soltar por fin lo que nunca tuviste. Encontrar el paso entre las piedras, sacudirte el barro, llegar a esta casa vacía pero sentirla cálida por primera vez en toda una vida.

I won’t never give up

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No vencí pero tampoco me sentí derrotado. Nunca iba a ganar. Eso lo supe incluso antes de lanzarme, lo vi en cada paso que no me acercaba a ti, y todos me lo decían, o más que decírmelo me miraban con los ojos abiertos, como advirtiéndome. Para qué luchar por algo que nunca será tuyo. Para saber que lo intenté, respondía al correr desfallecido, para saberme capaz la próxima vez, me repetía al estrellarme. Para confirmar que esta locura me salvaría de la otra locura, la que no termina. Hoy echo la vista atrás y confirmo que hice bien equivocándome.

Fotografía: Théo Gosselin.