When the fever comes

No sé por qué me fui corriendo tan de repente, tú aún a media frase y yo ya por la puerta como si existiera algo mejor que hablar contigo. Mientras cruzaba con el semáforo en rojo, pensé que todavía estaba a tiempo de volver allí, alguna excusa se me ocurriría, pero cada paso que daba hacía más difícil o extraño mi regreso. Seguramente descubriría que no me echabas tanto de menos. Tú seguirías a tus cosas, trabajando tan tranquilo y sonriente donde te había dejado, y al descubrirme otra vez en la entrada me mirarías como a un loco. Por eso, más que tomar la decisión de no volver, me dejé llevar por la inercia de la huida hasta perderme por las calles de siempre.

Fotografía: Linh Nguyen.
Banda sonora: The Blaze.

È difficile stare al mondo quando perdi l’orgoglio

Ante tantas críticas, lo único que sabes hacer es encogerte. O quizás ya te habías encogido antes y ellos lo aprovecharon. Una parte de ti, una parte demasiado grande a la que intentabas acallar sin éxito, cree que no serás capaz de hacerlo. El síndrome del impostor y todos esos conceptos científicos que de nada sirven cuando es a ti a quien duele. De golpe lo que tenía que ser divertido ha dejado de serlo. Así es la realidad con la que soñabas. Ahora solo queda una salida: crecerte. Confiar en el instinto de la primera vez, recordar aquella ilusión antes del foco y aplaudir en el aire aunque suene hueco.

Fotografía y banda sonora: Mahmood.

It’s always darkest before the dawn

La soledad muerde más fuerte algunos domingos. Lo hace sin avisar, quizás porque las tardes se alargan o el teléfono suena menos. Inventas remedios pero ninguno funciona. Son meros parches que arrancan los camareros cuando te olvidan en la peor mesa o esas miradas en el cine que se fijan. Suerte de las gafas de sol que has empezado a usar de escudo. Al final, después de correr por el parque o después de pintar el salón de azul, acurrucado en tu cama, puedes notar cómo se encogen las paredes mientras la oscuridad crece y tú estás más y más solo, atrapado en un cuadro que se quedará así. Pero siempre al despertar, vuelve a ser de día.

Fotografía: Sasha Freemind.
Banda sonora: Florence + The Machine.

Chrysalis

Todos parecíamos otra cosa en las fotos. Algo distinto que nunca sería lo que buscaban los otros. Pero sonreíamos igual, no sé si disimulando o pretendiendo que no nos dábamos cuenta. Evitábamos, por descontado, mirarnos a los ojos, bajábamos las escaleras que los demás subían, nos cruzábamos sin hablar después de haber hablado días antes. La excusa siempre era no recordar el nombre. Nos creíamos mejores al sentirnos inferiores. Creo que temblábamos de la misma manera. Y al final nada de eso importaba porque todos parecíamos otra cosa bailando.

Fotografía: I see only angels.
Banda sonora: Empire of the sun.

It’s pandemonium

Todo lo que dijiste que no harías lo haces ahora. No se trata de que hayas cambiado; es la energía la que es distinta. Tenías que esperar a que acabara de llenarse la piscina antes de saltar del trampolín. Atreverte se ha vuelto más sencillo con él para darte el empujón cuando lo necesitas. Y aunque a ratos no entiendas nada, te dejas llevar por el caos como si fuera un baile que tenías ensayado, y lo disfrutas como disfrutarías bailando tu canción favorita. Desde algún rincón del pasado, tu antiguo yo sonríe: todo lo que él dejó de hacer fue para que tú pudieras vivirlo hoy.

Fotografía: Hayato Shin.
Banda sonora: Pet Shop Boys.