Second best to none

Lo que te regalé no era lo que estabas buscando. Solo se le parecía mucho. Esta vez creía haber acertado, de verdad que sí, pero fallaba el color. Ese color que tanta ilusión me hizo al descubrirlo en el catálogo, imaginando enseguida lo bien que te sentaría, no era el adecuado. Tardaste en reconocérmelo. Primero dejaste el papel azul a un lado de la mesa, cerca del borde, y después me miraste de reojo como pidiéndome perdón. Siempre cuesta admitir que algo no nos gusta. Pero dijiste que no me preocupara, que estaba a tiempo de cambiarlo, y eso hice, y al cabo de unos días te lo volví a entregar con su color nuevo. Eso se acercaba más a lo que estabas buscando, pero ya no era mi regalo.

Fotografía: Roland Denes.
Banda sonora: Rival.

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Postcard

Nunca llegué a contarte que apareces en uno de mis libros. Solo en un capítulo, tampoco te creas. Pero me habría gustado que lo supieras para conocer tu reacción. ¿Te halagaría o me odiarías por mostrarnos desnudos? Después de aquello aún volvimos a vernos un par de veces. Siempre por sorpresa, un visto y no visto en la misma esquina del barrio, siempre sin hablar de nada importante. Hasta que dejaste de aparecer. Todo lo que recuerdo de aquella noche es lo poco que escribí: una escena en eterna penumbra donde se desdibujan los detalles. Y ahora me da por pensar que debería haber escrito un cuento más largo para así tener más palabras que hablen de ti.

Fotografía: Mitch Fong.
Banda sonora: Troye Sivan.

Física moderna en invierno

Solo me reconociste al darte la vuelta y mirarme de frente. “Uy hola”, dijiste entonces aunque en realidad estuvieras deseando marcharte sin decir adiós. En medio de la tienda nos pusimos a hablar como si nada de aquella noche hubiera ocurrido. Logramos disimular tan bien que lo confundí con una nueva oportunidad: de verdad llegué a pensar que ahora todo tomaría otro rumbo. Además, tu pecho velludo ya no lo podía acariciar. Ayer era invierno y apenas lo intuía por tu camisa medio desabotonada bajo el abrigo. Por eso me concentré en tus ojos despiertos, me esforcé en ser amable. Quería demostrarte que puedo ser muchas más cosas aparte de todas las que habías visto en mi sofá. Tú en cuanto conseguiste lo que habías venido a buscar te marchaste. Creo que ni siquiera te diste cuenta de que dejabas la puerta abierta.

Fotografía: Mitch Fong.
Banda sonora: Carlos Sadness.

Never gonna be brokenhearted ever again

“Tus últimas historias son más tristes”, me confesaste paseando por el escenario de todas ellas. Después añadiste que al menos seguían ofreciendo una pequeña lección, algo aprendido en la tristeza. En lo primero puede que tuvieras razón, creo que ahora escribo más triste, pero en lo segundo ya no estoy tan seguro. Uno se acaba cansando de tantos finales a medias, eso es todo. No sé si en el proceso aprendí algo. Y en cualquier caso, no me vería capaz de transmitirlo. Ahora me refugio en este universo de historias antiguas donde conozco todos los desenlaces. Puedo contarlas a mi gusto, rescatar el detalle por el que mereció la pena vivirlas. Instantes congelados alejándonos de una nueva conclusión que nadie pedía.

Fotografía: Isauro Cairo.
Banda sonora: Robyn.

Las primeras escenas de aproximación

Los dos éramos de esos hombres que van solos al cine. Tú, como yo, habías comprado solo una entrada y la llevabas en la mano. Quizás también habías hecho tiempo en una cafetería cercana, leyendo sin demasiadas ganas un buen libro hasta que empezara nuestra sesión. Nos miramos a los ojos antes de que apagaran las luces. Lo hicimos con sorpresa, como si no nos reconociéramos en la mirada del otro, y después de ese instante la película terminó.

Fotografía: Hiroshi Sugimoto.
Letra: Mecano.