Un i mig

Quedaba con otros porque no podía hacerlo contigo. Algunos me hacían reír, otros eran bastante guapos y hasta bailaban bien a ratos, pero con ellos nunca era lo mismo. Si intentaba abstraerme, lo conseguía durante unos segundos, quizás minutos, hasta que el ronroneo de una moto lejana o el olor a tabaco me devolvían tu recuerdo. Siempre estabas allí sin estarlo y yo ya no era capaz de mirar al otro. Él no tenía tus ojos, nunca ponía esa cara tuya de mirarme entre la incredulidad, el cariño y el divertimento. Después, nada más quedarme a solas tras cerrar la puerta, miraba el móvil y otra vez volvía a no tener un mensaje tuyo.

Fotografía: Théo Gosselin.

Banda sonora: La iaia.

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Gonna hurry as slow as I can

Tenía tan claro que quería escalar una montaña que en cuanto intuí su pico corrí hacia ella. A ti te apetecía más refugiarte en una isla, pero navegarías despacio, a resguardo del oleaje y de los acantilados caprichosos. Yo, en cambio, no tenía problema en llegar a la meta agotado y por eso te alenté a acelerar también. Sé que podías oírme aunque fingieras lo contrario y continuaras remando solo a ratos, cuando las olas daban tregua. Lo que me calmó fue darme cuenta en medio del desierto de que mi montaña y tu isla eran el mismo punto visto desde ojos distintos. Por eso, cuando llegase allí solo tenía que esperarte, recuperar el aliento para escalar juntos el último tramo hasta el refugio en la cima.

Fotografía: Sometimes quickly, sometimes slowly.

Banda sonora: Whitney.

Don’t let someone find you until you find yourself

Todo aquello que no comprendías fue un entrenamiento. Te preparabas para esto, ahora lo sabes. Entonces solo parecían malentendidos, lágrimas, desembarcos forzosos. Tantos rodeos para nada que te dejaban sin fuerzas y que ahora agradeces. Porque antes no hubieras tomado el desvío de lo imperfecto, te creías por encima de eso. Decías no buscar con la esperanza secreta de encontrar y jurabas no necesitar lo único en lo que pensabas. Después de muchos golpes, la piel se volvió tan dura que ya te exponías siempre a ser sincero. Así eres, esto quieres y no tienes miedo de expresarlo. Solo entonces das con ese algo y lo abrazas tal cual viene, agradecido.

Fotografía: Théo Gosselin.
Banda sonora: Great Good Fine.

Amarillo

Ahora sabes que los caprichos pueden ser duraderos. No lo creías entonces, cuando te lo tomabas como un juego, un ¿te imaginas? bromeando con los amigos al salir del bar. Sabías que él no se fijaba en ti como tú lo hacías pero te bastaba con saber dónde podías volver para verle de lejos. Hasta que dejó de ser así; otro encantamiento fugaz. Tuvieron que ocurrir muchas cosas para que todo se reordenase y las miradas se igualaran. Ya no os separa una barra sino un poco de almohada, la misma compartida. Sigues sin estar seguro de que sea real pero puedes tocarlo y no haces otra cosa.

Fotografía: Sometimes quickly, sometimes slowly.

Love tried to welcome me

Solo sé escribir sobre un sentimiento que no conozco. Alguna vez creí encontrarlo pero siempre se escapó. O dejé que se escapara después de quedarse un tiempo prudencial, hasta que me di cuenta de que tampoco era eso. Probé mil fórmulas y ninguna fue la mía. Ahora ni siquiera lo busco. Para qué. Me gusta más escribir porque puedo controlarlo. Leer también, quizás lo prefiero: leyendo todo parece perfecto incluso cuando no lo es. Para mi sorpresa, los demás lo encuentran en lugares donde yo jamás lo buscaría: en el gimnasio, en la peor discoteca, en sus móviles. Y pienso que cómo iba yo a encontrar algo que ni siquiera reconozco.

Fotografía: Jean Baptiste Huong.