Y qué pasa si soy del montón

Me costó entender que un rechazo no es culpa de nadie: sencillamente, a veces dos personas no encajan. Y se intenta y se desea pero no se consigue. Pienso en la desgana de aquel chico que después de una semana recordándome la cena del viernes, el viernes no pudo quedar. Pienso en aquel polvo trabajado durante meses que no desembocó en nada. Pienso en el helado que nunca llegó y en la tortilla de patatas que comimos aquella última noche. Pienso en todas las ocasiones que deseé estar en un lugar que no era el mío: eso solo lo supe cuando por fin estuve allí y entonces tuve que buscar un nuevo destino. Que ocurra o no ocurra lo imaginado no es culpa de nadie. Podría haber sido de otra manera pero fue así.

Fotografía: Tyler Lastovich.
Banda sonora: Pastora.

Una altra galàxia

Llevo 6 años soltero. Desde aquel lejano agosto he aprendido a disfrutar de mi soledad, también de la compañía de mis amigos, pero si lo pienso, el tiempo ha pasado tan deprisa que ya llevo 6 años soltero y de mi última cita más o menos seria hace 2 años. Mientras tanto, todos mis ex llevan más tiempo con sus parejas actuales del que llegaron a estar conmigo y con ellos han sabido hacer lo que entre nosotros no funcionaba. Las últimas cuatro personas con las que me habría interesado tener “algo más” prefirieron seguir conociéndome solo como amigo (tres lo decían en serio). A veces me da por pensar que quizás ya he vivido todo el amor que me tocaba; dicho así suena muy tremendo, pero he sido tan feliz con mis relaciones durante tanto tiempo, que tampoco sería raro ni me importaría seguir con mis viajes y mis libros. Mis amigos me dicen que no pasa nada, que ya llegará, que no estoy roto. Cuando les oigo hablar de sus citas y sus rollos, de las personas que van conociendo, hay días que siento envidia y otros que recuerdo la pereza de repetir lo de siempre, de tener que volver a calcular lo que se dice o hace o siente. Supongo que lo que me gustaría es saltarme esa fase, la de los cálculos y el ascenso o caída, y simplemente disfrutar juntos de las vistas desde la cima.

Fotografía: Theo Gosselin.
Banda sonora: Pastora.

Milk & toast & honey

Me costó encontrar tu mermelada favorita. Recordaba bien la marca y el sabor, cereza negra, me lo contaste en el restaurante de los barriles de vino; tardaron en atendernos y tuvimos que esperar la cena con conversaciones tontas que entonces parecían importantes. Ahí estaba al fin: el bote alargado de mermelada, de un color oscuro que no tienen las cerezas. Había decenas de ellos alineados en el estante. Compré uno, feliz por lo que aquello significaba. Íbamos a pasar nuestra primera noche juntos y a la mañana siguiente prepararía pancakes y sacaría tu mermelada favorita con una sonrisa, como si ese gesto pudiera sellar nuestro destino. Mi plan perfecto tenía un fallo porque cuando todo acabó, no te quedaste a dormir y yo desayuné lo de siempre solo.

Fotografía: Viktor Talashuk.
Banda sonora: Roxette.

Crush

Mientras te duchabas, descubrí mi bote de desodorante sobre tu escritorio. En realidad allí nada era nuestro: yo era un simple invitado de paso en aquella habitación de hotel, pero aquel frasco familiar de etiqueta azul me hizo sentir en casa. Te lo aplicaste despreocupado, primero un sobaco, después el otro, como debías de hacer cada mañana, ajeno a mis pensamientos. Presencié cada paso del proceso desde la cama a la que ya no regresaste. Después llegó mi turno de ducharme y antes de vestirme te pedí el desodorante porque yo no tenía, comentando de pasada que era el mismo que usaba. Reíste sin darle mayor importancia a la casualidad. Todo duró menos de media hora pero todavía lo recuerdo cada mañana al salir de la ducha y ver tu bote de desodorante en el estante de mi baño.

Fotografía: Théo Gosselin.
Banda sonora: Day Wave.

How do you sleep?

Puedo sentirte físicamente incluso ahora. Podría identificar el punto exacto donde me desgarraste. Lo hiciste jugando, sin darte cuenta, yo te dejé hacerlo, al principio quería que lo hicieras, seguía deseándolo cuando ya no estábamos solos, y lo hiciste jugando, sin entender que te echara de allí en el punto culminante. No volveré a verte, pronto ni siquiera recordaré tu cara o esa peca del muslo que me gustaba y disgustaba acariciar, lo olvidaré todo sobre nosotros pero seguiré sintiéndote dentro. Se acumularán otras cicatrices mientras duermes lejos, toda mi alma cubierta y aun así siempre sabré señalar la que me hiciste tú.

Pintura: Los solitarios de Edvard Munch.
Banda sonora: Sam Smith.