Sparks & ashes

Siempre me quedé con las ganas de preguntarte si de verdad preferías esa búsqueda insaciable, tantas conversaciones nocturnas que no llevaban a nada, el tiempo perdido leyendo frases mal escritas de quienes apenas leerían las tuyas por encima, si realmente lo preferías o te compensaba siquiera un fracaso tras otro en vez del pequeño sofá que yo te ofrecía, tener que calmarte los calentones luego a solas, en tu habitación a oscuras, cuando podríamos habernos abrazado después de una serie sin tener que apagar la luz todavía. Nunca llegué a preguntártelo porque en el fondo sabía la respuesta: sí, lo preferías.

Fotografía: Alex Boisset.
Banda sonora: The Blaze.

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Flesh without blood

Durante año y medio, lo que más miedo me daba era volver a verte. Miedo por mí, por caer otra vez en aquella tontería. “En ese balcón follé yo”, les decía a mis amigos cada día que pasábamos por delante de tu portal. Así quitaba hierro a la posibilidad de encontrarte en cualquier esquina luminosa del barrio donde vivís todos. Después, mientras pedíamos cerveza y algunas tapas, yo miraba al ventanal por si aparecías. Para estar preparado. La tarde que por fin coincidimos salías de casa tan concentrado en el móvil que no me viste. Cruzaste el único paso de cebra que no te llevaba a mí y te convertiste en una persona que se alejaba, encogiéndose hasta desaparecer entre los árboles.

Fotografía: Todo Hombres.
Banda sonora: Grimes.

White lights

Algo así lo he presenciado ya tantas veces que no sé por qué me emociono todavía. El agua dibujaba formas en el suelo y tú dibujabas con trazos rápidos aquel espacio que nos tenía en un silencio casi religioso, boquiabiertos. Yo solo te miraba. La luz blanca de aquella tarde entraba por el agujero de la cúpula y era perfecta. A mi espalda, una pareja comentó que parecías estar posando para una foto. Yo también lo pensaba, pero tenía que aguantarme las ganas de sacar el móvil del bolsillo para inmortalizarte. Estábamos en uno de esos museos donde prohíben fotografiar las cosas bonitas. Tu gorro azul, la barba incipiente, la ropa oscura, tus pies descalzos. Cuando me marché, un trozo de mí continuó un rato más dentro de aquel extraño universo, intentando grabar en la memoria cada detalle.

Fotografía: Teshima Art Museum en Pinterest.
Banda sonora: JOYNER.

Don’t delete the kisses

¿Cuándo fue la última vez que besaste con verdaderas ganas? Desde aquella madrugada has lanzado tantos besos que ahora no sabes a quién estás besando. Lo haces a medias. Te extraña poder llenarte la boca con algo que ya no practicas. Fingiendo pasión en el aburrimiento, echas la cabeza atrás. Te sientes Marilyn en el balcón posando para los turistas. Un beso como ese no costaría nada y sin embargo es lo último que te apetece, lo que más te apetece. Pero no te queda energía: la energía te la guardas. ¿Cuándo será la próxima vez que beses con verdaderas ganas? Ojalá no tuvieras que lanzar más besos para saber que también te están besando.

Fotografía: Canadian Boar.
Banda sonora: Wolf Alice.

Not the one

Y aquí seguimos los dos, buscando lo que casi tuvimos pero no pudimos darnos. Entonces no era el momento, faltaba algo, deseabas algo distinto. Esas cosas que se dicen y que son verdad pero nunca son del todo sinceras. Ahora te veo buscando cerca lo que no buscabas cuando nos conocimos y me da pena porque todo ha cambiado, incluso el momento, menos yo que sigo siendo el mismo. En el fondo sé que ese fue el problema: que yo era yo. Tú mismo lo dijiste sentado en mi sofá: “no eres tú”. Fantaseo con cómo sería cambiar, convertirme en otra persona. Alguien que supiera conquistarte. Pero también sé que eso es imposible; nadie podría cambiar tanto. Seguiré consolándome con que entonces no era el momento. Así se hace más fácil seguir adelante. El tiempo es lo único que cambia y ahora ya es otro momento que tampoco será el nuestro.

Fotografía: Hoscos.
Banda sonora: Mikky Ekko.