Ojalá fuera tan fácil como cambiarse el nombre. Hacer igual que Édouard Louis y dejar de ser aquel chico enclenque y afeminado al que insultaban, escupían. Ojalá. Un antes y un después separados por una frontera infranqueable. Pero no, como dice el protagonista de este libro, «nunca te acostumbras a los insultos».
Cuando lo compré, no sabía que iba a ser tan duro. Me guié por la recomendación de Josep, dueño de la Librería Antinous. Ahora que yo también soy librero, recomendaciones así recibo pocas, estoy al otro lado de la cadena. Tengo que aprovechar los impulsos. Y algo noté en la portada que me atrajo. Sigue leyendo




