Historia de tres ciudades: construyendo los escenarios de mi novela

Nuestras ciudades son más que una sucesión de postales. Siempre me han molestado esas historias donde el escenario solo es una excusa que está de adorno, como por ejemplo Vicky Cristina Barcelona y su sucesión de escenarios sin ton ni son, como si a Woody Allen le hubieran pasado un listado de las cosas que tenían que salir por contrato. Y en cambio, adoro cuando la ciudad pasa a ser otro personaje: en Midnight in Paris la magia se puede tocar. Muchas de mis novelas favoritas son un homenaje a una ciudad: El día que murió Marilyn, por ejemplo, donde Terenci inmortaliza la Barcelona y el Sitges de su infancia, tan parecidos a los míos que me sentí parte del libro.

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Algo así quería hacer yo en El mar llegaba hasta aquí. Retrataría Madrid, Barcelona y Granada. Ya se sabe, las ambiciones del escritor primerizo. Resulta que las postales son más fáciles de escribir. Sigue leyendo

William Kotzwinkle : El nadador en el mar secreto

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Admiro a los escritores que necesitan tan pocas palabras para expresar tanto. Admiro a los escritores que exorcizan sus demonios en cada frase. Y 80 páginas es todo lo que necesita este autor para dejarte con el corazón encogido. El nacimiento y la muerte contados con toda su crudeza y poesía. Es curioso que un libro tan triste resulte también tan, tan bonito. Y casi esperanzador. Podría alargar la reseña, pero así solo lo destriparía. Lo mejor es leerlo de una sentada y dejarse arrebatar por su caudal de emociones. Oleadas de vida, la eterna lucha.

«Llegó la contracción y él volvió a levantarla, con el rostro pegado al suyo. La frente arrugada y los ojos apretados conformaban un rostro con el que jamás había soñado. Perdida toda su belleza, la mujer parecía una criatura asexuada que luchaba con todas sus fuerzas, alumbrando con gran esfuerzo el principio del mundo. Sus risas, sus pequeñas alegrías, sus planes, todo lo que alguna vez habían conocido, parecía devorado por aquel esfuerzo, un trabajo que de pronto deseó no haber emprendido nunca, al verla tan reconcentrada, tan distinta a la mujer que él conocía.»

Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia)

Todo funcionaba a un ritmo distinto después de Birdman. La gente se movía de forma extraña a mi alrededor, los edificios se deslizaban con cada paso. Como si yo siguiera atrapado en uno de sus planos-secuencia. Y es que aun con todos sus trucos, la película es una auténtica virguería.

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Gracias a esa cámara siempre en movimiento, las escenas íntimas se adentran también en la apabullante Nueva York. Basta con abrir una puerta. Del teatro a los neones y las pantallas, del ruido exterior al caos de un camerino desordenado, y tú atrapado ahí dentro como una pelota de pinball Sigue leyendo

La Odisea: cómo un manuscrito se convierte en novela

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Tres años y medio… largos, muy largos. Ese es el tiempo que separa los cuadernos de la izquierda, del libro de la derecha. En junio de 2011 empecé a darle vueltas a la idea de El mar llegaba hasta aquí, aunque al principio se tituló (simbólicamente) «Adán y los últimos vampiros». Lo primero que escribí fue la última frase y se ha mantenido casi idéntica desde entonces. Tenía claro dónde quería llegar, pero no tenía ni idea de cómo hacerlo. Lo que también sabía es que esta vez sí iba a lograrlo. Había dejado muchas historias a medias; la aventura de Leo y Adán tenía que llegar a puerto. Sigue leyendo

Revisitando Antes del anochecer

Alguien me dijo que esta era la película más romántica de las tres. Y yo, claro, enamorado como estoy de las dos primeras, le taché de loco. No es que no me gustara en el cine, pero ver a mis queridos Jesse y Céline en plena crisis fue un shock. De hecho, ni siquiera me la compré en DVD cuando salió. Necesitaba asimilarlo, reponerme. Este fin de semana, por fin, cayó. Y para mi sorpresa, tuve que darle la razón a ese amigo: es una película romántica. Igual que las otras, aunque de otra manera.

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El suyo es un romanticismo menos idealista que Antes del amanecer, ya no desesperado y contrarreloj como en Antes del atardecer. Un romanticismo contradictorio, también Sigue leyendo