Relatos salvajes

Quería reírme un poco y, mira tú por dónde, me desternillé en la butaca del cine. Seis historias que hacen honor al título de la película, muy salvajes, rizando todos los rizos, cada una más delirante que la anterior. Pero ojo, ante todo realistas. Sus personajes no están locos, los comprendes a la perfección. Incluso les aplaudes con cada salvajada que cometen.

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En la vida real seguiremos poniendo la otra mejilla, pero confesémoslo: ¿cuántas veces has soñado con hacer que todo salte por los aires? Sigue leyendo

Baby love me ‘cause I’m playing on the radio

Enciendes la radio y suena una canción. A pesar de tantas interferencias, la reconoces. Nada nuevo, solo un melodía agradable que durante tres minutos y medio hará que todo funcione. Por eso la dejas sonar. Qué más darán los ruidos y los cortes, la señal que va, que viene para volver a irse. Esta canción ya te la sabes. Puedes predecir cada cambio de ritmo. Y las frases ahogadas las tarareas tú encima. No dejarás que ningún problema técnico te prive de este placer.

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En el fondo, tienes miedo. De que si intentases mover la ruedecilla para ajustar la frecuencia, en vez de eso la canción desaparecería. Sigue leyendo

Haruki Murakami : Underground

«Podríamos haber sido tú o yo», dice Murakami al principio del libro. Y lo compruebo entrevista a entrevista: vidas corrientes, con sus más y sus menos, que un desgraciado 20 de marzo de 1995 dieron un giro. Algunos cogieron el metro a la hora de siempre, otros fuera de su horario habitual. Ninguno entendía lo que ocurría cuando empezaron a toser y se les oscureció la vista.

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Pero el libro no se recrea en lo escabroso. No es que lo evite, las víctimas cuentan los atentados tal como los sufrieron. También sus secuelas. Pero Murakami les invita a hablar, sobre todo, de su vida. Sigue leyendo

A far l’amore comincia tu

Si algo aprendí en Roma (y allí aprendí unas cuantas cosas) es que no puedes planificar las cosas. Está bien tener intenciones iniciales, incluso trazar una ruta prevista. Solo por si acaso. Pero luego hay que ser flexible. Porque por mucho que tuerzas a la izquierda, es posible que llegues justo al extremo opuesto. O que ni siquiera llegues, aunque la calle fuera tan recta que perderse parecía imposible. Y es que la mayoría de las veces no basta con las ganas. En ese restaurante donde había una mesa libre no te dejaron sentarte por ir solo, esos camareros preferían otros comensales con más dinero o mejor aparencia; en cambio, en el restaurante de enfrente, más concurrido, enseguida te han señalado la mejor mesa. Prego.

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De la forma más inesperada, todo se alinea. Convencido de que pides una cosa, te traen otra distinta que sabe aún mejor. Que se convierte en tu nueva favorita. Que ya no podrás prescindir de ella. Y pensar después que no ibas a venir aquí y ni siquiera era lo que querías. Es como si el azar te conociera mejor que tú. En cada viaje, ¿te reconcilias contigo mismo o te reinventas sin saberlo? Brindas a la silla vacía, quizá intuyes que cuando regreses algún día no lo harás solo. Sí, allí habrá alguien que quiso quedarse. Y descubrir cómo funciona la improvisación. Juntos seréis tímidos que saltan.

How I Live Now (Mi vida ahora)

En ficción, hay dos tipos de argumentos que me motivan sobremanera: las historias de amor y los futuros distópicos. Así que una película que juntaba ambas cosas tenía muchas papeletas para gustarme. Y así fue. Lo que empieza como una vida idílica en la campiña inglesa mientras el resto del mundo se desmorona, pronto se convierte en una lucha por la supervivencia y el reencuentro.

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Qué tendrá el amor que te desconecta del resto. Pueden caer bombas alrededor que tú sigues adelante con tus planes. Tiene un punto de insensatez adolescente. Sigue leyendo