David Foster Wallace : Esto es agua

Me impacta. Me impacta que alguien capaz de escribir este discurso inspirador y optimista también fuera capaz de quitarse la vida. Igual que me impacta todavía que Whitney Houston, cantando temas como Greatest love of all o I didn’t know my own strength, pudiera abandonarse a sí misma como lo hizo.

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Leyendo este libro, o breve texto, no me quitaba de la cabeza el suicidio de David Foster Wallace. Sigue leyendo

Lena Dunham : No soy ese tipo de chica

«La ambición actúa de forma curiosa: se apodera de ti cuando menos te lo esperas y te obliga a avanzar, aunque tú creas que quieres quedarte donde estás.»

Me podía la curiosidad. Como fan de la serie Girls, no podía no leer este libro. A pesar del título, a pesar de la portada, a pesar de todo lo conseguí y empecé a leerlo esa misma tarde. Con vergüenza ajena… y propia, la verdad. Estuve tentado de forrarlo con papel kraft, como las señoras que leen 50 sombras de Grey en el metro. Luego acepté que está bien permitirse un guilty pleasure de vez en cuando.

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Y el libro, en el fondo, es tal como lo esperaba. Lena comparte anécdotas de su vida: sus fracasos amorosos, su primer trabajo, su obsesión con la comida… Sigue leyendo

Misumi Kubo : Miro al cielo impotente

El sexo como muerte, el sexo como vida. Para los cinco personajes de esta novela, el sexo es importante, pero para todos ellos de una forma diferente y en distinta medida. Obsesión, liberación, mera curiosidad, algo ajeno, un trabajo (no el que estás pensando). Por eso es tan interesante la estructura del libro: cómo evoluciona de la pornografía más evidente a la sensibilidad más desnuda. Lo empiezas con escepticismo y lo terminas encantado. Menudo viaje. Un viaje corto, por un vecindario pobre a las afueras de una gran ciudad, donde no hay mucha esperanza, pero la hay.

Miro al cielo impotente

Sigue sorprendiéndome que sean las mujeres japonesas las que más y mejor escriben sobre sexo. Sigue leyendo

Je t’aime… moi non plus

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Hemos dejado de percibir lo que ganaríamos. Tenemos tanto a la vista, tantísimos abanicos de posibilidades, que ya solo nos quedan ojos para lo que podríamos perdernos. Y así vamos dando tumbos, diciendo que no encontramos lo que ni siquiera buscábamos, porque nos daría miedo encontrarlo. O no lo decimos: lo escondemos directamente. En cambio, nos hinchamos a hablar de libertad y apertura, de modernidad como si la hubiéramos inventado nosotros, hablamos para parecer fuertes y no vulnerables como bajo el chorro de la ducha. Nos reímos mucho a modo de defensa, envidiamos a escondidas a tantas parejitas, y más ahora que vendrá el frío. Las odiamos por haber tenido más suerte en el azar. Y nos conformamos con lo breve, qué remedio, como si muchas brevedades pudieran formar algún día una eternidad.

Xavier Dolan: Bang bang (tu spari a me)

Cuando alguien tan joven triunfa, no puedo evitarlo: siento una punzada de envidia. ¿En qué me habré equivocado? Enseguida se me pasa porque, al fin y al cabo, sé que sería incapaz de hacerlo tan bien como él. Como Xavier Dolan. Lo llaman el enfant terrible del cine canadiense. A mí el chico me tiene fascinado, la verdad, y eso que todavía no he visto todas sus películas.

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Adoro sus personajes desquiciados, sus diálogos, esos momentos (benditos momentos) en que la historia se detiene para dejar paso a videoclips coloristas, efectivos, con canciones tan bien escogidas que de verdad parece que el grupo le haya contratado para grabarlo. Sigue leyendo