Lena Dunham : No soy ese tipo de chica

“La ambición actúa de forma curiosa: se apodera de ti cuando menos te lo esperas y te obliga a avanzar, aunque tú creas que quieres quedarte donde estás.”

Me podía la curiosidad. Como fan de la serie Girls, no podía no leer este libro. A pesar del título, a pesar de la portada, a pesar de todo lo conseguí y empecé a leerlo esa misma tarde. Con vergüenza ajena… y propia, la verdad. Estuve tentado de forrarlo con papel kraft, como las señoras que leen 50 sombras de Grey en el metro. Luego acepté que está bien permitirse un guilty pleasure de vez en cuando.

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Y el libro, en el fondo, es tal como lo esperaba. Lena comparte anécdotas de su vida: sus fracasos amorosos, su primer trabajo, su obsesión con la comida… y lo hace sobreexponiéndose, riéndose de sí misma y de todos, con un punto pedante y adorable al mismo tiempo. De hecho, si en la portada pusiera Hanna en vez de Lena, te creerías que es el libro que su personaje escribe en la serie.

No sé si llamarlo valentía. Al fin y al cabo, ella cuenta lo que quiere y como quiere; que te lo creas o no, ya es diferente. Pero suena sincera y página tras página te encoges o te ríes pensando: “esto no se lo contaría ni a mi mejor amigo”. Claro que ella ya sale desnuda en cada capítulo de Girls, física y emocionalmente, quizás esto sea lo de menos.

Al cerrar el libro, no considero que la conozcas mejor, a Lena. De hecho, ni siquiera queda claro qué es “ese tipo de chica”, porque el secreto de ella y de Hanna es que mucha gente puede identificarse en esas pequeñas miserias. Te entran ganas, eso sí, de que Lena escriba una novela. Con su capacidad de observación y de sacar punta a cada escena cotidiana, puede salirle algo enorme. Ojalá pronto la escriba.

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“No le dije a Jonah que era virgen, solo que no lo había hecho muchas veces. Estaba segura de que mi himen se había roto en el instituto al saltar una valla en Brooklyn persiguiendo a un gatito que no quería ser rescatado. Aun así, dolió más de lo que esperaba y de una forma distinta también, leve, no tanto como una puñalada y más como un dolor de cabeza. Él estaba nervioso y en un gesto a la igualdad de género, ninguno de los dos se corrió.”

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