Gastas la vida buscando algo que quizás no quiere ser encontrado. Como si por el solo hecho de tener un mapa, también poseyeras esa X roja y todo lo que representa. No te preguntas quién abandonó allí el tesoro y por qué. No piensas en los demás buscadores Sigue leyendo
Sombras de neón
Don’t want to get to the end of my days saying I wasn’t amazed
Cuanto más extiendes la mano, menos consigues lo que quieres. Y saberlo no sirve de nada. Porque lo quieres. Como un niño al que se le cae un caramelo por la ventana, te abalanzas, proyectas el brazo, la mano, el cuerpo entero más allá del alféizar, te da igual la caída, ni siquiera se te ocurre que pueda haber otras maneras de recuperarlo. Sigue leyendo
Para acabar con Eddy Bellegueule
Ojalá fuera tan fácil como cambiarse el nombre. Hacer igual que Édouard Louis y dejar de ser aquel chico enclenque y afeminado al que insultaban, escupían. Ojalá. Un antes y un después separados por una frontera infranqueable. Pero no, como dice el protagonista de este libro, «nunca te acostumbras a los insultos».
Cuando lo compré, no sabía que iba a ser tan duro. Me guié por la recomendación de Josep, dueño de la Librería Antinous. Ahora que yo también soy librero, recomendaciones así recibo pocas, estoy al otro lado de la cadena. Tengo que aprovechar los impulsos. Y algo noté en la portada que me atrajo. Sigue leyendo
Love me like you do
Y soñó con alguien nuevo. No virgen pero sí nuevo. Difícil en este mundo donde todos nos conocemos. Claro que los sueños son así de ambiciosos. Soñó con alguien que llevaba un libro asomando por el bolsillo de la chaqueta, una invitación brotando de los labios, iniciativa y delicadeza, las intenciones claras bajo todas las capas de misterio, sus cadenas serían invisibles y le haría entrega de las llaves, cantaría con él, diría las cosas sin excederse ni quedarse corto, los domingos bajaría a por croissants de mantequilla recién hechos que luego comerían en la galería, levantando la vista de los móviles para darse los dos las gracias por seguir ahí, en la silla de mimbre, otro desayuno más, se dejaría hacer fotos con la coquetería de quien se sabe guapo pero necesita que se lo recuerden, hablaría de cine sin ser pedante, se peinaría con las manos el flequillo nada más salir de la peluquería, le pasaría el brazo por los hombros cuando se cansaran de ir de la mano, sonreiría con humanos y flores por igual, hablaría de París, de Roma, de ciudades nuevas, nunca esperaría a que fuera demasiado tarde. Soñó con él y lo vio tan claro, tan definido como si ya se conocieran de siempre. Pero no había llegado el momento. Todavía.
Jupiter Ascending
Ya es oficial: lo nuevo de los Wachowski ha fracasado en taquilla. Y me parece una auténtica pena. Porque esta revisión de la Cenicienta en clave sci-fi es, como mínimo, entretenida. Las dos horas que dura me pasaron en un suspiro. Los Wachowski siguen haciendo gala de su imaginación desbordante y poderío visual. Sus paisajes galácticos merece la pena verlos en pantalla grande. No hay película más deslumbrante en cartelera.
Creo que su principal pecado pasa por no ser un remake, ni un reboot, ni la adaptación de un cómic o una trilogía de libros. En el cine palomitero nos hemos acostumbrado a conocer de antemano lo que ocurrirá. Ya no queremos espacio para la sorpresa. Sigue leyendo




