Still craving something I can feel

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Nos sonreímos en la oscuridad del cine. Carcajadas gemelas en una escena que tampoco era tan graciosa. Quizás solo nosotros la comprendíamos. Pronto él recordó que no estaba viendo la película conmigo sino con su novio y devolvió toda su atención a la pantalla. Le imité. Noté cómo cambiaba de postura, casi alejándose de mí. No se lo tuve en cuenta. Por un instante, incluso yo me había olvidado del asiento que nos separaba.

Algo parecido me pasa en los restaurantes. Tomo asiento como un náufrago que por fin llega a la orilla, he dado muchas vueltas en busca de un sitio donde acojan a un comensal solo, y en cuanto pido, me enfrasco en mi lectura mientras preparan la comida. Olvido la silla vacía que tengo delante. Pero está bien. Sé que algún día el camarero no tendrá que retirar tu copa y tus cubiertos. Los dos pediremos la cena con la misma facilidad que elegiremos luego la película. Y con suerte, ninguno de los dos tendrá que sonreírle a un extraño en la oscuridad del cine.

Fotografía: Théo Gosselin.

I didn’t want to be the one to forget

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Creía que si me quedaba aquí lo convertiría en mi casa. Que poco a poco nuestras sonrisas dejarían de ser máscaras y adoraría adelantarme a todos tus movimientos. Pero es evidente que me equivoqué. Nada de eso ocurrió. Yo seguí leyendo en mi mesa y tú haciendo tu trabajo, con suerte dedicándome alguna sonrisa de camino a la cocina. El vaivén de la puerta la borraba. Confieso que cada pequeño fallo me lo tomé como una afrenta. Como si desearas echarme, cuando en realidad me tratabas como a todos.  Ese fue el problema: con rabia, comprendí que aquí tampoco sería especial.

Fotografía: Théo Gosselin.