The place goes quiet

Theo-Gosselin

Había olvidado lo distanciador que puede ser el silencio. De repente, todas aquellas conversaciones que imaginé viendo tus fotos se habían desvanecido. En la mesa diminuta tú estabas cada vez más lejos. Traían platos y platos y ya apenas te veía o escuchaba. Para recuperarte, como quien lanza un último salvavidas, recurrí a los temas que me había prometido aparcar. Y te uniste. Dejamos de pretender que éramos dos personas nuevas y sin pasado. Juntos nos zambullimos en la melancolía, hablamos de otras personas en ciudades que no eran esta. Pero cuando miraste tu reloj, quedó en evidencia nuestro fracaso.

Fotografía: Théo Gosselin.

Siempre te encuentro aquí

siempre-te-encuentro-aquí

Solo la primera vez fue casualidad: la misma exposición y una guía con ganas de sacarse de encima el trabajo. Apenas nos miramos, extasiados como estábamos por las obras. Creo que comentamos algo sobre una de ellas. La segunda vez me asusté porque no esperaba volver a verte. No tan pronto ni en una ciudad tan inabarcable como Tokio. Intentábamos fotografiar el mismo rascacielos. Horas después te vi por tercera vez en el metro, y pasaste tan deprisa, tu salida no era la mía, que solo me quedó confiar en que nos concedieran una cuarta oportunidad para encontrarnos.

M’hi vaig llançar

ry01

Cuando te sientes atrapado, cualquier callejón parece una salida. ¿Qué ibas a hacer sino correr? Correr aun sabiendo que te estamparías. Y ay, no por presentido ese dolor duele menos. Ahora es el final. Otra vez. Matarías a los amigos que intentan consolarte, todos esos «se solucionará, ya lo verás». Sabes que tienen razón pero no quieres verlo. No todavía. Porque en el fondo te dan vértigo los cambios y este lo intuyes drástico. Quizás por eso se demora tanto: para que cuando la puerta se abra y todo cambie, tú hayas tenido tiempo de prepararte.

Fotografía: Ryan McGinley.

The one that got away

tumblr_nn8el3z5qH1r6p4uho1_1280

De todos los nombres que existen, el tuyo tuvo que ser mi nombre favorito. Yo dije uno falso en un intento de estar a la altura. Enseguida me gustaron tus piercings, los tatuajes que fuiste revelando al desnudarte, la colonia que noté con cada mordisco. Incluso me gustó que fueras impulsivo al principio pero paciente cuando lo necesité. Y tu sonrisa: siempre estallaba inesperada. No sé cómo acabamos hablando de París. El vértigo creció al ver la inscripción japonesa de tu gorra. ¿Coincidiríamos también en música, en nuestras lecturas? Para cuando quise confesarte mi nombre verdadero, ya me habías bloqueado.

Come back before you leave

Cf6oPsiWQAA4Uy2

Los dos compartíamos las ganas de hablar de nuestras locuras. No dije que Totoro no me gustaba tanto como a ti para no decepcionarte, para que siguieras hablando con el mismo entusiasmo de Miyazaki y Ghibli. Tenía mil tareas pendientes pero nada me urgía más que escucharte. Por un momento, tus proyectos los sentí míos: me contagiabas esa pasión que ni siquiera tú acababas de creerte. Encogías los hombros tras cada frase. Yo intenté mantener la compostura. Entonces, justo antes de irte, soltaste aquello de «Siempre hay cosas que me están esperando». Fue cuando supe que me gustaría que volvieras.