Me gustaría que la próxima vez sea diferente. Que tu nombre no sea algo que da vueltas y no logro arrancar, sino un manantial que brota de vez en cuando, siempre agradable. Me gustaría alegrarme de verte pero no necesitarlo. O no mucho, al menos. Acariciarte el brazo y que sonrías a cada avance de mis dedos. Me gustaría que nuestras manos desenterraran lo más nuevo, hablar sin conocernos para empezar a conocernos. Mirarnos a los ojos como si fuera fácil. Como si volviera a ser fácil. Que las columnas fueran opcionales. Me gustaría que juntos aprendiéramos a esperar sin ansia.
love etc
But when I met you
Hoy he vuelto a escuchar tu nombre. Me pregunto si siempre ocurrirá así a partir de ahora. Si seguiré adelante sin grandes esfuerzos, más o menos tranquilo, hasta que salte una canción y me acuerde de ti, de todo lo que significaste durante un tiempo. Si en realidad la tristeza no desaparecerá nunca, solo dejaré de percibirla, como unos calcetines después de la lluvia que a ratos ya no parecen empapados. Y te prometo que intento atesorarlo todo: los momentos buenos y las lecciones que aprendimos. Pero aun así no puedo evitarlo, pienso que ojalá el desenlace hubiera sido otro.
Keep it close to me
Me gustaría aburrirme contigo. Observarte desde el sofá mientras haces las cosas más vulgares: sacar la ropa de la lavadora para tenderla, o cocinar, no una cena para dos sino un plato rápido, de esos que se preparan al llegar tarde a casa. Cuando empiezo a conocer a alguien, me cuesta creer que tenga tiempo para algo tan simple. Y sí, también me gustaría despertarme contigo y que no estés guapo con los ojos legañosos, pero besarte igual. Pasar después las horas del domingo sin hacer nada especial y ser felices así. Me gustaría no aburrirme nunca de aburrirme contigo.
Fotografía: Cain Q.
The place goes quiet
Había olvidado lo distanciador que puede ser el silencio. De repente, todas aquellas conversaciones que imaginé viendo tus fotos se habían desvanecido. En la mesa diminuta tú estabas cada vez más lejos. Traían platos y platos y ya apenas te veía o escuchaba. Para recuperarte, como quien lanza un último salvavidas, recurrí a los temas que me había prometido aparcar. Y te uniste. Dejamos de pretender que éramos dos personas nuevas y sin pasado. Juntos nos zambullimos en la melancolía, hablamos de otras personas en ciudades que no eran esta. Pero cuando miraste tu reloj, quedó en evidencia nuestro fracaso.
Fotografía: Théo Gosselin.
Siempre te encuentro aquí
Solo la primera vez fue casualidad: la misma exposición y una guía con ganas de sacarse de encima el trabajo. Apenas nos miramos, extasiados como estábamos por las obras. Creo que comentamos algo sobre una de ellas. La segunda vez me asusté porque no esperaba volver a verte. No tan pronto ni en una ciudad tan inabarcable como Tokio. Intentábamos fotografiar el mismo rascacielos. Horas después te vi por tercera vez en el metro, y pasaste tan deprisa, tu salida no era la mía, que solo me quedó confiar en que nos concedieran una cuarta oportunidad para encontrarnos.




