Cerca, muy cerca del parque donde dos niñas jugaban a romper pompas de jabón, el autobús golpeó a aquel chico. El tiempo se detuvo. El tiempo y todos nosotros. El chico en el suelo, el conductor inclinado hacia el parabrisas, los demás a lado y lado del paso de cebra, las manos en la cabeza. Durante aquellos dos segundos, solo se movió el teléfono móvil del chico, que saltó por los aires y se partió en tres piezas al chocar contra el suelo.
Su propietario corrió mejor fortuna. Pudo ponerse en pie y, aunque desorientado, llegar a la acera. Todo recuperó el movimiento: Sigue leyendo




