El azar no perdona

Cerca, muy cerca del parque donde dos niñas jugaban a romper pompas de jabón, el autobús golpeó a aquel chico. El tiempo se detuvo. El tiempo y todos nosotros. El chico en el suelo, el conductor inclinado hacia el parabrisas, los demás a lado y lado del paso de cebra, las manos en la cabeza. Durante aquellos dos segundos, solo se movió el teléfono móvil del chico, que saltó por los aires y se partió en tres piezas al chocar contra el suelo.

Cruce de Shibuya - Tokio

Su propietario corrió mejor fortuna. Pudo ponerse en pie y, aunque desorientado, llegar a la acera. Todo recuperó el movimiento: Sigue leyendo

Concert pitch

Sé que esto va a sonar extraño, pero no me gustan los conciertos. La culpa no la tienen las marabuntas ni los bosques de móviles, cámaras y hasta tablets en alto, tapándolo todo para grabar cuatro imágenes temblorosas. Esas cosas no ayudan a que cambie de opinión, pero no, mis motivos son otros.

Concierto

Lo primero es que no llevo nada bien eso de tener pasármelo bien en un entorno donde estás obligado a pasártelo bien. Siento como si me encogiera. «Qué pasada, ¿eh?», y tú: sí, aunque no distingas la letra de las canciones. Sigue leyendo

5 years time

A veces tengo miedo. ¿Qué va ser de mí si nada cambia o, peor aún, si llegan cambios y no puedo controlarlos? Intento adelantarme al movimiento y estar preparado. Hasta que recuerdo que las mejores cosas me sucedieron cuando ni siquiera concebía que pudieran ocurrirme.

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Hace 4 años, esperaba en el aeropuerto de Montreal a que llegara mi avión hacia Chicago. Una de esas escalas eternas de los billetes baratos. Intentaba leer mientras los demás pasajeros atrapados estaban pendientes de la final del Mundial: la que ganó España contra un equipo que no recuerdo. Ingenuo de mí, llegué a pensar que el partido me pillaría en pleno vuelo; estaría en uno de los únicos puntos del planeta donde no existiría el fútbol. Sigue leyendo

The golden age is over

¿Lo recuerdas? Cuando jugabas y todo cobraba vida en tus manos; incluso los muñecos hablaban. Cuando correr era una aventura, no el estrés de cada día. Y separabas los brazos para correr más rápido y sentir el viento en toda la piel, propulsándote, aunque entonces aún no comprendieras cómo funcionaban el viento ni tu cuerpo. Las únicas leyes de tu mundo eran las tuyas.

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¿Lo recuerdas? Cuando podías quedar con los amigos cada día. Inventaros historias en el jardín, convertir un arroyo en río y soñar en el día que navegaríais por él hacia otro lugar mejor que este. Sigue leyendo

Cuánta vida

El domingo todo iba a cámara lenta, como yo. Mis ojos somnolientos y el metro despacio y la gente indecisa. El mar en calma. Ayer, en cambio, me embalé y todo me siguió. Las ventas, las llamadas de vida o muerte, incluso la lluvia embravecida calándolo todo a mi paso. Me mojé y no me importó. ¿Será que por fin las cosas iban a mi ritmo?

Éxito y felicidad

Si dijera que sí, ¿los árboles asentirían a mi paso? Si decidiera levantar los brazos hasta lo más alto y exclamar que ya era hora. Sigue leyendo