La música vibra con mis nuevos cascos. Son de esos que me prometí que nunca compraría porque me daban miedo: los que se te meten hasta al fondo del oído y te aíslan del exterior. Pero dicen que no hay que tener miedo de probar cosas nuevas, así que al final me hice con ellos. Sigue leyendo
beautiful life
Don’t want to get to the end of my days saying I wasn’t amazed
Cuanto más extiendes la mano, menos consigues lo que quieres. Y saberlo no sirve de nada. Porque lo quieres. Como un niño al que se le cae un caramelo por la ventana, te abalanzas, proyectas el brazo, la mano, el cuerpo entero más allá del alféizar, te da igual la caída, ni siquiera se te ocurre que pueda haber otras maneras de recuperarlo. Sigue leyendo
I choose you
No piensan comprar nada y se les nota. No es que te lo adviertan, son más discretos: se llevan las manos a los bolsillos para no tocar nada, se mueven despacio, como levitando, porque hacen tiempo. Tienen alguien a quien esperar. Algunos sí que lo tocan todo, abren los libros de par en par, casi destrozándolos, con la soberbia de quien podría comprarlo todo si se le antojara, pero no piensa hacerlo. No aquí. Y tras el mostrador, tú te lamentas por tu mala suerte, deseando que algún día, a última hora, quien entre sí esté interesado. «Quiero esto», dirá con una sonrisa al acercarse, y tú se lo darás.
These streets
Sin móvil para hacerles fotos, veo todas esas fachadas por primera vez. Aunque estén en la calle de siempre, a mí me parecen nuevas. Sé que, en realidad, los nuevos son mis ojos; esos edificios llevan ahí años, desde mucho antes de que yo naciera. Pero hoy veo, admiro, reconozco. Recuerdo por qué me gusta mi ciudad. Y me da pena no poder sacar una foto de este momento, subirla corriendo a Instagram y perder más tiempo eligiendo filtro que haciendo clic. Me da pena pero también reconozco que, de haber traído el móvil, no habría levantado la vista, tan concentrado en naderías. Me habría perdido las vidrieras de colores, las filigranas en los balcones, las flores abriéndose paso entre el yeso. De vez en cuando hay que desconectar para volver a conectar.
So give me coffee and TV
Todas las series hablan de mí. Ya no tengo el faro de How I Met Your Mother, pero en Girls, Lena defiende con ahínco lo que acabo de escribir. Incluso a ese personaje que no me gusta, Marnie, la comprendo al apenarse por no ser la elegida. Tropiezo a la vez que Miranda y suenan risas enlatadas. Cougar Town me devuelve las tardes y las noches perfectas con los amigos, nuestras locuras bebiendo, riendo, hilando ocurrencias. Todavía falta algo, es cierto, pero solo tengo que buscarlo por toda la ciudad como hacen en Looking. Será imposible rendirse mientras las 2 Broke Girls continúen adelante.
Lo bueno de las series es que, por muchos cliffhangers que tengan, sabes que todo se resolverá la semana siguiente. Sí: en la pantalla, tarde o temprano, las cosas ocurren. Y sino, siempre puedes ponerte otro capítulo sin salir de la manta.




