I’m still breathing, I’m alive

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Siempre la misma pregunta: ¿Viajas solo? Como compadeciéndose. A los camareros, en cambio, les da igual. Para ellos eres el último mono, el cliente que menos gasta. Esa mesa encajada junto a la barra será para ti. Quizás piensan que lo prefieres así, a salvo de miradas de lástima. Y desde tu rincón, cuando solo te traen un plato, a veces envidias a ese ejército de parejas románticas que piden juntos y se hacen fotos juntos. Parecen conocerse de toda la vida aunque estén en su primera cita. Sigue leyendo

Tell me I’m no good and I’ll be great

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Siempre que dejo de hacer algo, lo mitifico. Puede ser que ahora no quiera hacerlo, o que no me apetezca, sin más, pero olvido esa pereza. Pienso que el problema es que ya no puedo hacerlo. Incluso me convenzo de que nunca pude. La cobardía y sus extraños caminos. Por suerte, también llega un día en que el cuerpo salta hacia adelante, como si antes solo estuviera cogiendo carrerilla, y ya no cuesta repetir, coger el ritmo. ¿Cómo pude aparcarlo? No lo sé. Pero vuelvo a tenerlo en mis manos, diminuto como siempre fue, moldeable a mi antojo, y deseo tenerlo siempre así, aunque soy consciente de que habrá más momentos de debilidad. Quizás haya que intercalar carreras y respiros. Ojalá mientras corro y mientras respiro recordase lo otro.

Fotografía: Théo Gosselin.