Soy de esos lectores que se enamoran de un libro por su portada. Luego llegarán el sabor de la primera frase, los ecos que despierte la historia en mi interior… pero primero está el flechazo de la imagen impresa en cubierta. Hace que me acerque hasta un libro desconocido y lo rescate de la mesa de novedades. Así que imaginad la presión que siento al pensar en portadas para mis historias. Desearía que provocaran en los demás ese magnetismo.
A lo largo de estos 3 años desde que empecé a escribir El mar llegaba hasta aquí, muchas imágenes candidatas han desfilado por mi mente. Algunas con más fuerza que otras. Sigue leyendo




