Cómo seleccioné las palabras de Hanakotoba

Desde que se me ocurrió la idea de reunir en un libro esas palabras japonesas que no tenían traducción en nuestro idioma, se me planteó un reto: ¿cuáles incluiría y cuáles dejaría fuera? ¿Encontraría suficientes palabras para formar un libro? Tenía claro que quería una selección rigurosa, pero en cambio no tenía nada claro cómo enfocar dicha selección.

La primera idea fue reunir solo términos positivos, bajo el título provisional de “Palabras bonitas que solo existen en japonés”. Pero a medida que iba documentándome para el libro, encontraba conceptos que tenían que estar en él y que no encajaban en esa categoría. Por ejemplo, karôshi (muerte por exceso de trabajo). Así que lo de palabras bonitas quedó descartado enseguida.

Paralelamente, me fijé que muchos artículos sobre este tema incluían palabras que no podía encontrar en diccionarios de japonés, o palabras que no significaban realmente lo que indicaban, o palabras que sí tenían una traducción sencilla pero para el autor del texto sonaban mejor, o más exóticas, en japonés. Así que decidí no caer en esos errores, en la medida de lo posible. Fue una tarea titánica, sobre todo teniendo en cuenta que no soy lingüista, pero me pareció un criterio importante a la hora de elaborar Hanakotoba. Como en toda regla, hay excepciones, y la mía es hanabi, porque me pareció que nuestra palabra “fuegos artificiales” no hace justicia a esas “flores de fuego” que los japoneses ven estallando en el cielo en las noches de verano.

La palabra que me ayudó a enfocar el libro fue koi-no-yokan, premonición de amor: la sensación de que acabaremos enamorándonos de alguien a quien acabamos de conocer, casi la certeza de que será alguien decisivo en nuestra vida. Esa palabra definía bien una emoción que yo había vivido algunas veces pero que cuando intentaba explicarla en palabras, no lograba hacerlo con toda la fuerza de ese vértigo que yo había sentido. Koi-no-yokan me ayudaba a comprender esos momentos inexplicables. Y entonces comprendí que ese tenía que ser mi criterio de selección para Hanakotoba: reunir palabras sin traducción directa, sí, pero que definieran sentimientos, sucesos y objetos que seguramente todos hemos vivido alguna vez.

Una vez fijado este criterio, las palabras fueron llegando con una fluidez que me asombró. Otras, en cambio, se quedaron por el camino: tuve que prescindir de itadakimasu, un agradecimiento que se pronuncia antes de comer, porque es una tradición puramente japonesa. Yo quería palabras con las que pudiéramos empatizar enseguida; que al leerlas, cualquier lector pudiera pensar: “ah, así que eso es lo que sentí o vi aquella vez”. Mi deseo era que gracias a este libro, por fin pudiéramos poner nombre a todas esas cosas que no nos habíamos planteado que pudieran tenerlo. De ahí el subtítulo del libro: “Pequeño diccionario para las cosas sin nombre”.

Hanakotoba, el lenguaje de las flores se publica en Satori Ediciones el próximo 22 de abril. ¡Resérvalo ya en tu librería favorita!

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