Entré en el cine esperando un pastelón. Iba mentalizado. Ya me parecía bien. A veces apetece saber de antemano lo que te vas a encontrar. Pero mira por dónde, en vez de eso disfruté de una película poética, a ratos durísima, a ratos encantadora (sobre todo cuando sale Laura Dern), siempre bella gracias a los paisajes de Estados Unidos Sigue leyendo
Los gemelos congelados
Nunca te acostumbras a que tus héroes crezcan contigo. Deberían vivir siempre en su burbuja, ajenos al aburrido día a día, para deleitarte cuando así lo necesites. Son tu válvula de evasión. Y son inmortales: siempre podrás volver a ellos en la próxima película, el próximo cómic. ¡Qué tranquilidad! Mientras ellos estén a salvo, una parte de ti también lo estará.
Pero hay héroes, como Flanagan, que también crecen. Sigue leyendo
I choose you
No piensan comprar nada y se les nota. No es que te lo adviertan, son más discretos: se llevan las manos a los bolsillos para no tocar nada, se mueven despacio, como levitando, porque hacen tiempo. Tienen alguien a quien esperar. Algunos sí que lo tocan todo, abren los libros de par en par, casi destrozándolos, con la soberbia de quien podría comprarlo todo si se le antojara, pero no piensa hacerlo. No aquí. Y tras el mostrador, tú te lamentas por tu mala suerte, deseando que algún día, a última hora, quien entre sí esté interesado. «Quiero esto», dirá con una sonrisa al acercarse, y tú se lo darás.
De óxido y hueso
¿Podrás tú solo? ¿Cargarás con todo? ¿Seguirás adelante con tus heridas sin nadie que las cure? ¿Serás tan bravucón como siempre o, por una vez, serás valiente? Lo bastante valiente para hacer esa llamada y reconocer tus debilidades. Algunas palabras cuesta más pronunciarlas que otras. Sigue leyendo
These streets
Sin móvil para hacerles fotos, veo todas esas fachadas por primera vez. Aunque estén en la calle de siempre, a mí me parecen nuevas. Sé que, en realidad, los nuevos son mis ojos; esos edificios llevan ahí años, desde mucho antes de que yo naciera. Pero hoy veo, admiro, reconozco. Recuerdo por qué me gusta mi ciudad. Y me da pena no poder sacar una foto de este momento, subirla corriendo a Instagram y perder más tiempo eligiendo filtro que haciendo clic. Me da pena pero también reconozco que, de haber traído el móvil, no habría levantado la vista, tan concentrado en naderías. Me habría perdido las vidrieras de colores, las filigranas en los balcones, las flores abriéndose paso entre el yeso. De vez en cuando hay que desconectar para volver a conectar.




