Las chicas en tiempos de paz quieren bailar. Ya hasta el título es perfecto. Porque sí, iba siendo hora de un poco de tranquilidad, tiempo para lamerse las heridas, silencio para bailar a tus anchas. Sigue leyendo
Sombras de neón
Una cuestión de tiempo
Te recomiendan algo y no encuentras el momento. Es el momento el que te busca a ti, espera paciente hasta esa tarde de invierno con amigos: estáis en el sofá, acabáis de hacer palomitas y de repente aparece esa película en pantalla como podría haber aparecido cualquier otra, y tú exclamas «Uy, esta me la recomendaron». Y al pulsar play sientes curiosidad, esa curiosidad del principio, con dosis de desconfianza o de reparo, gotitas de vergüenza por si las cosas no salen bien. Siempre con el chubasquero a cuestas.
Sí, te recomiendan algo y crees que estarás preparado. ¡Si tú ya estás de vuelta de todo! Otra comedia romántica: ahora ocurrirá esto y luego el esperado giro final. Tienes los kleenex a mano, dispuesto a llorar Sigue leyendo
La teoría del todo
Te crees que lo sabes todo. Viste el tráiler, conocías cuatro datos de la historia real. Y además, estas películas tan de Hollywood, tan para los Oscar, siempre siguen la misma fórmula. Aun así, fuiste al cine porque te apetecía llorar. ¡Y vaya si lloraste!
La teoría del todo es triste, es bonita, es dura. De formas que no esperabas. Retrata la magia del amor desde el momento preciso de su nacimiento Sigue leyendo
William Kotzwinkle : El nadador en el mar secreto

Admiro a los escritores que necesitan tan pocas palabras para expresar tanto. Admiro a los escritores que exorcizan sus demonios en cada frase. Y 80 páginas es todo lo que necesita este autor para dejarte con el corazón encogido. El nacimiento y la muerte contados con toda su crudeza y poesía. Es curioso que un libro tan triste resulte también tan, tan bonito. Y casi esperanzador. Podría alargar la reseña, pero así solo lo destriparía. Lo mejor es leerlo de una sentada y dejarse arrebatar por su caudal de emociones. Oleadas de vida, la eterna lucha.
«Llegó la contracción y él volvió a levantarla, con el rostro pegado al suyo. La frente arrugada y los ojos apretados conformaban un rostro con el que jamás había soñado. Perdida toda su belleza, la mujer parecía una criatura asexuada que luchaba con todas sus fuerzas, alumbrando con gran esfuerzo el principio del mundo. Sus risas, sus pequeñas alegrías, sus planes, todo lo que alguna vez habían conocido, parecía devorado por aquel esfuerzo, un trabajo que de pronto deseó no haber emprendido nunca, al verla tan reconcentrada, tan distinta a la mujer que él conocía.»
Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia)
Todo funcionaba a un ritmo distinto después de Birdman. La gente se movía de forma extraña a mi alrededor, los edificios se deslizaban con cada paso. Como si yo siguiera atrapado en uno de sus planos-secuencia. Y es que aun con todos sus trucos, la película es una auténtica virguería.

Gracias a esa cámara siempre en movimiento, las escenas íntimas se adentran también en la apabullante Nueva York. Basta con abrir una puerta. Del teatro a los neones y las pantallas, del ruido exterior al caos de un camerino desordenado, y tú atrapado ahí dentro como una pelota de pinball Sigue leyendo


