Hemos dejado de percibir lo que ganaríamos. Tenemos tanto a la vista, tantísimos abanicos de posibilidades, que ya solo nos quedan ojos para lo que podríamos perdernos. Y así vamos dando tumbos, diciendo que no encontramos lo que ni siquiera buscábamos, porque nos daría miedo encontrarlo. O no lo decimos: lo escondemos directamente. En cambio, nos hinchamos a hablar de libertad y apertura, de modernidad como si la hubiéramos inventado nosotros, hablamos para parecer fuertes y no vulnerables como bajo el chorro de la ducha. Nos reímos mucho a modo de defensa, envidiamos a escondidas a tantas parejitas, y más ahora que vendrá el frío. Las odiamos por haber tenido más suerte en el azar. Y nos conformamos con lo breve, qué remedio, como si muchas brevedades pudieran formar algún día una eternidad.
love etc
No love without freedom (No freedom without love)
«Soledad en libertad», dijeron las señoras de aquel banco. Cientos de pasos después, ya en la playa, tu toalla flanqueada solo por arena, el peso de aquellas palabras continúa creciendo. Quizás ahí está el problema, en definitiva. Que te has cansado de tanta libertad. Estás harto de sentirte el solterón del grupo. De tener siempre tiempo para todo el mundo. ¿Cuándo fue la última vez que dijiste «Hoy no puedo quedar, lo siento, he quedado con Él»? Ya ni te acuerdas.
No pides mucho. Aprendiste a construir tu propio espacio y disfrutarlo, ahora quieres compartirlo. Hacer planes, soñar en un futuro. Sin prisa pero con ganas. Que nunca exista el silencio sino las miradas. No tener que pedir para que las cosas lleguen. Cosas fáciles, como encontrar sitio en ese bar pequeño de la calle de siempre al que nunca habías entrado. Dejarte aconsejar. Escuchar y que te escuchen mientras fluye el vino. Creer en ese mañana que nunca habéis tocado. Ahora sí, libertad en compañía.
Amanece en Edimburgo
Tenía mis dudas. Mis más y mis menos, debatiéndome entre lo cursi de un pedida de mano y lo abrupto de fugarse al extranjero. Un cambio de vida por las buenas o por las malas. Gritando o cantando. Sobre todo cantando, que es lo que hacen ellos. Cantar para todo. Para volver de la guerra, para declararse, para pedir perdón.
Sí, tenía mis dudas. Y entonces llegó el último número, un apoteósico 500 Miles de The Proclaimers. Y lo entendí. Algo hizo clic, otra vez. A las puertas del final, la película me arrastró con ella. Sigue leyendo
Solo los amantes sobreviven
El matiz es diferente en inglés. Only lovers left alive. Pero ambas son cosas son ciertas. Solo los amantes sobreviven y los únicos amantes que quedan vivos son los protagonistas de esta película. O al menos, eso parece. No es que salgan en pantalla muchos habitantes de Detroit y Tánger, pero los únicos con pareja son ellos. Después de 400 años, siguen juntos.
Siempre me han fascinado estas historias de amores inmortales. La ventaja y la maldición de ser vampiros. Amarse hasta la muerte… cuando la muerte no existe. Sigue leyendo
Hillel Halkin : ¡Melisande! ¿Qué son los sueños?
«Felicidad a cambio de tristeza.Podría ser que la vida nos estuviera diciendo: esta es vuestra oportunidad.»
Empiezas el libro detestándolos. Detestando, sobre todo, su esnobismo, como si tuvieran que demostrarte en cada frase que saben más que tú, que han leído más que tú, que ellos sí disfrutan de la vida. Poco a poco (demasiado rápido, en realidad), las cosas se les tuercen y entonces te encariñas de ellos. De los tres vértices de este triángulo amoroso.
Más allá de las referencias culturetas, Melisande… es una historia de amor y amistad. Y por encima de eso, una historia de decisiones y consecuencias. Sigue leyendo




