De todos los nombres que existen, el tuyo tuvo que ser mi nombre favorito. Yo dije uno falso en un intento de estar a la altura. Enseguida me gustaron tus piercings, los tatuajes que fuiste revelando al desnudarte, la colonia que noté con cada mordisco. Incluso me gustó que fueras impulsivo al principio pero paciente cuando lo necesité. Y tu sonrisa: siempre estallaba inesperada. No sé cómo acabamos hablando de París. El vértigo creció al ver la inscripción japonesa de tu gorra. ¿Coincidiríamos también en música, en nuestras lecturas? Para cuando quise confesarte mi nombre verdadero, ya me habías bloqueado.
love etc
Come back before you leave
Los dos compartíamos las ganas de hablar de nuestras locuras. No dije que Totoro no me gustaba tanto como a ti para no decepcionarte, para que siguieras hablando con el mismo entusiasmo de Miyazaki y Ghibli. Tenía mil tareas pendientes pero nada me urgía más que escucharte. Por un momento, tus proyectos los sentí míos: me contagiabas esa pasión que ni siquiera tú acababas de creerte. Encogías los hombros tras cada frase. Yo intenté mantener la compostura. Entonces, justo antes de irte, soltaste aquello de «Siempre hay cosas que me están esperando». Fue cuando supe que me gustaría que volvieras.
When we were young
Mientras dejábamos que se enfriara el colacao, nos sentamos a hablar de mil temas. Lo hicimos con esa nostalgia que solo se tiene a los dieciocho. Recuerdo cómo se movían tus labios describiendo ese paraíso perdido, la mitad de tu cara pintada de azul por las farolas y la lluvia. Habíamos apagado la luz: mejor así. Y a cada palabra yo me sumergía más y más en aquel sofá, orgulloso de haber sabido llegar hasta tu casa. De tanto hablar, mi taza acabó helada. Recuerdo tu último abrazo transformándose en beso de despedida. Solo yo lo sentí como una puerta que se desencallaba.
Fotografía: Théo Gosselin.
Un triángulo ideal
Ayer utilicé otra vez vuestro paraguas, el que me dejasteis después de aquella noche de locura. Desde entonces no había vuelto a llover en la ciudad. Ni yo tampoco había pensado mucho en vosotros dos, la verdad. Solo de pasada. Enseguida se diluyó aquella fantasía mía de construir algo extraño entre los tres. Supongo que fuisteis parte de mi aprendizaje: en algún momento tenía que dejar de ser tan ingenuo. Y ahora que empiezo a aceptar que nunca os lo devolveré, sé que al menos este paraguas me protegerá de la lluvia siempre que lo necesite. El mejor regalo inesperado.
Fotografía: Ryan McGinley
All you had to do was stay
Lo quemo todo para no dejar atrás nada más que cenizas. Siempre hago lo mismo, no puedo evitarlo. Aunque sepa que luego me arrepentiré, enciendo la hoguera. Es como si así me reafirmase en la decisión ya tomada. Y para cuando sienta algo parecido a ganas de volver, ya no existirá nada, ningún vestigio; los supervivientes hace tiempo que recalaron en nuevos puertos y a mí no me quedará otra que jurar que nunca hay que retroceder. Siempre, siempre hacia adelante. Nos obligamos a aprender las lecciones que no nos gustan.
Well it could’ve been easy, all you had to do was stay.




