Meet me on the road to recovery

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Solo se me dan bien los comienzos, cuando con las ganas basta para tomar impulso. Después, todo se ralentiza y ya no sé si es que soy yo, que me paso de impaciente, o es que el ritmo del mundo es distinto al mío. Finjo espontaneidad como quien baila sin ganas. Fuerzo para conseguir lo contrario. Y sobre todo espero. Espero en el camino a ese coche que no pasará ni rápido ni despacio, sino a la velocidad justa para verme y yo subir con él porque, cosas de la vida, nos dirigiremos al mismo destino.

Fotografía: Jean Baptiste Huong.

Tener lo que he querido siempre

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Sabías que no podría ser tan fácil. Tras la euforia inicial tenía que llegar el susto. Una calma inesperada, unas ganas de echarte atrás que tuviste que transformar en carrerilla definitiva. En salto. Y con él, otra vez la pregunta de todos los principios, ese «¿Y ahora qué?» al que pareces predestinado. Sí, y ahora qué. Ahora las ganas y el vértigo y algún espacio (pequeño) para la sorpresa. Ahora tú y nada más. Ahora cerrar los ojos con buen sabor de boca. Confiar que todo lo que guardaste en cajas encontrará su sitio. Tu sitio.

Fotografía: Théo Gosselin.

Manual de decoración para personas abandonadas

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Un día dejas de tener lo que dabas por sentado. Vajilla, cortina para la ducha, toallas, un cesto para la ropa sucia, estanterías para tantos libros… Todos esos objetos insignificantes que sin embargo daban cobijo: solo los echas en falta cuando te quedas sin ellos. Toca volver a comprarlos, con la ilusión de elegir unos bonitos pero también el miedo a no encontrarles el lugar idóneo. Es rara esta sensación que producen los cambios repentinos, cuando todo sale tan fácil y rápido que deberías dar las gracias, sí, pero tú solo escuchas el runrún de la desconfianza. ¿Y ahora qué? Ahora, muy pronto, dejar las llaves en la bandeja nueva y sentarte en tu sofá a la hora exacta en que el sol confirma que ya estás en casa.

M’hi vaig llançar

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Cuando te sientes atrapado, cualquier callejón parece una salida. ¿Qué ibas a hacer sino correr? Correr aun sabiendo que te estamparías. Y ay, no por presentido ese dolor duele menos. Ahora es el final. Otra vez. Matarías a los amigos que intentan consolarte, todos esos «se solucionará, ya lo verás». Sabes que tienen razón pero no quieres verlo. No todavía. Porque en el fondo te dan vértigo los cambios y este lo intuyes drástico. Quizás por eso se demora tanto: para que cuando la puerta se abra y todo cambie, tú hayas tenido tiempo de prepararte.

Fotografía: Ryan McGinley.

The city is in love with you

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Dándote la mano redescubro mi ciudad. Al final de nada sirven esos itinerarios que planeé en cuanto supe de tu visita. Me toca improvisar. Tras un largo instante de duda, recuerdo aquel rincón y te llevo. Será justo en la siguiente esquina donde tú admires algo que nadie había visto antes. Contigo las calles son las mismas de siempre, pero la luz es distinta. A ratos, los demás nos permiten estar a solas y hablar como si cada fachada asimétrica y cada puerta verde fueran nuestras. Barcelona: para ti será así como la recuerdes, para mí ya nunca podrá ser igual.

I know the city
The city is in love with you

Fotografía: Théo Gosselin.