Azul Oscuro Casi Negro

Quieres vivir fuera de la pecera. Pero la pecera mola.
(Sean)

Siempre había tenido ganas de verla y el otro día el comentario de un lector de este blog me animó a hacerlo por fin. Disfruto mucho con este feedback, que el blog no sólo sirva para contaros mis cosas sino también para que me recomendéis una película, por ejemplo. En el caso de «Azul Oscuro Casi Negro», no es lo que me esperaba, pero tampoco me arrepiento de haberla visto. Para nada. 99% recomendable.

«Azul Oscuro Casi Negro» nos muestra a una serie de personajes atrapados, inmóviles o inmovilizados, que ven cómo todo aquello que desean está siempre más allá de un muro o de un cristal. Muy cerca pero inalcanzable. (Recomiendo el análisis del blog La Linterna Mágica sobre el simbolismo de los muros en «Azul Oscuro Casi Negro».)
La película habla de esas mentiras que nos decimos para justificar nuestra infelicidad, de cómo nos sentimos muy cómodos dependiendo de los demás para encontrar soluciones, de cómo tenemos miedo de aceptar nuestra culpa, nuestras limitaciones. El muro lo creamos nosotros y, por tanto, también podemos derribarlo nosotros, pero de eso no nos damos cuenta (o lo hacemos tarde). «Es más sencillo ser la víctima que aceptar la propia responsabilidad», dice el libro «La ley del espejo». Y es verdad. A todos nos ha pasado eso de desear algo que sentimos inalcanzable, quejarnos por ello, buscar todas las excusas posibles para no darnos cuenta de que a veces la solución es tan sencilla como atreverse alargar la mano y tocar lo que ansiamos.

Los personajes viven unos dramones de órdago, pero no hay ninguna escena que llegue a emocionar. La película es demadiado contenida, incluso en escenas que deberían haber provocado algún estremecimiento o alguna lágrima. Esta contención parece algo intencionado y si bien entiendo que no se quiera caer en el melodrama barato, también considero que escenas tan duras como la confesión de Paula al explicar cómo acabó encerrada en la prisión deberían haberme hecho llorar, pero no lo hicieron.

Destaco la historia de amor de Jorge (Quim Gutiérrez) y Natalia (Eva Pallarés), preciosa en su irrealidad. En cierto modo, se quieren más cuánto más lejos están, cuánto más grueso es el muro que los separa. El desesperado egoísmo de Paula (Marta Etura) a ratos me sacó de quicio, aunque da lugar a los mejores diálogos («¿Me querrás fuera de aquí?» «…»). El contrapunto cómico lo pone Sean, amigo del protagonista, interpretado por Raúl Arévalo. Los secretos que descubre de su padre, lo llevan a participar en unas sesiones de masaje muy divertidas donde poco a poco, se aceptará a sí mismo, y aceptará también a su padre.

«Azul Oscuro Casi Negro» es una buena película, con un reparto excelente (no me extrañan esos Goyas a Quim Gutiérrez y Antonio de la Torre, y las chicas también podrían habérselos llevado), pero a la que le falta un punto de emoción para acabar de ser redonda. Por cierto: muy significativa y preciosa la versión de «Imaginarte» de Lantana.

Te escudas en tu padre, en tu hermano, en mí. Pero eres tú mismo quien no te dejas vivir.
(Natalia)

Begin a new beginning

Una habitación vacía antes de llenarla de muebles y cajas. Una habitación vacía antes de cerrar la puerta por última vez.

Una habitación con pintura descolorida y manchas antiguas. Una habitación aireándose después de pintarla a tu gusto.

Decir «Hasta luego». Decir «Adiós, buena suerte».

Una caja por cerrar, una caja por abrir.

Dejar las llaves en el vestíbulo, al despedirte. Dejar las llaves en la mesilla cada noche, al llegar.

The Kids Are All Right

Odio ver la ganadora del Oscar a Mejor Película cuando la gala es aún tan reciente. Así que, si no la he visto (y suele ocurrir, porque mis favoritas o se van de vacío o ganan premios menos «importantes»), opto por alguna de las otras nominadas que tuviera pendiente. El miércoles por la noche le tocó a «The Kids Are All Right».
Se trata de una película modesta a la que, seguramente, sin ese dúo de actrices protagonistas (Julianne Moore y Annette Bening) no se le habría hecho el mismo caso. Me alegro de que estuviera nominada al Oscar, pero creo que ni de lejos se lo habría merecido ganar. Y con eso no digo que sea mala, sólo que no es «ese tipo de película».

Por lo demás, y sin entrar en demasiados spoilers, estamos ante un historia emotiva y sin demasiadas pretensiones. Una historia de críos que quieren jugar a ser adultos y adultos que se creen de vuelta de todo pero todavía tienen mucho que aprender, muchas hostias que darse. Los adultos educan a los críos, pero olvidan que también pueden aprender de ellos.

La química entre los 5 miembros de esta familia tan peculiar es muy, muy buena. Es gracias a eso que la película se salva de ser un vulgar film de domingo por la tarde. A ratos, no puede evitar caer cierta moralina made in USA (ni Los Simpson se salvan de eso), pero afortunadamente se pasa casi de puntillas por esos momentos.  Por cierto, no entiendo que se la catalogue de comedia. Es cierto que hay momentos más distendidos, pero desde luego el tono no es de comedia, sino de película realista, con sus risas y sus dramas (y de estos hay unos cuantos).

Me fascinó el personaje de Tanya, la ayudante y amante ocasional de Mark Ruffalo. Superguapa, superindependiente, superdivertida, superracional… hasta que las cosas se tuercen, claro. Y hablando de Mark Ruffalo… entre tú y yo: no me importaría tenerlo de donante, if you know what I mean. ¡Qué contorsionismo!

Supongo que la película me emocionó especialmente porque justo el otro día, valoraba la posibilidad de retomar el contacto con mi padre, al que hace 12 años que no veo, así que pude entender muy bien a esos hermanos que quieren conocer a su padre biológico y al conocerlo sienten una mezla de fascinación y decepción.
I wish you could’ve been… better.

I love to be alive but I was not afraid to die

Es terrible ese instante en que, de golpe y porrazo, te das cuenta de que algún día morirás. Me pasa muy de vez en cuando, pero me pasa. Sí, todos sabemos que vamos a morir en un momento u otro, es inevitable, pero ¿no os pasa que de repente os dais cuenta de que vais a morir? Es una desazón extraña, como si pensases en la muerte sólo como algo abstracto y de pronto esa muerte se materializa en tu mente, ese miedo absoluto se hace un sitio en tu cerebro y te atenaza el corazón. Dura unos minutos, luego se pasa.

¿Por qué no se puede hablar de la muerte? ¿Por qué da tanto miedo? Todo el mundo habla de qué trabajo le gustaría tener o dónde le gustaría ir de viaje y luego ni se va de viaje ni consigue el trabajo… Pero ¿morir? Morir es algo que todo el mundo hará, y no se porqué la gente reacciona de forma extraña ante la muerte… 

(Dani en «Tu vida en 65 minutos»)

Pues eso: ¿por qué nos asusta tanto la muerte? ¿Por qué cuanto mejor estamos, más nos asusta, más vulnerables somos? ¿Por todas las cosas que no llegaremos a hacer? ¿Porque sientes que por fin lo tienes todo y no quieres perderlo? ¿Los viajes que se quedarán sólo en planes y sueños sin cumplir? ¿Ese libro que nunca escribiremos? ¿Por no haber disfrutado lo suficiente, no haber sido lo bastante felices? ¿Porque todavía nos queda mucho por compartir con esa persona? ¿Por las cosas que nunca dijimos? ¿Los rencores que ya nunca cicatrizarán? ¿Por el temor de no haber dejado huella, que nos olviden demasiado rápido? ¿Las series que dejaremos a medias? ¿Los discos y los conciertos y las películas que nunca disfrutaremos? ¿Por no llegar a saber cómo será el futuro, la vida en el año 2100?

Y aún así, y siguiendo con los tópicos, saber que algún día todo terminará, es lo que nos empuja a disfrutar cada instante, cada día como si fueran los últimos. Cualquier momento es bonito si sabes apreciarlo. No hay que desperdiciar ninguna oportunidad de ser feliz.

-¿Por qué estamos vivos? -pregunté de sopetón.
-No lo sé -me respondió él, con simplicidad.
«No lo sé». Las palabras de Hanada resonaron en mi cabeza. No lo sé. No lo sabe nadie. La lluvía volvía a caer con más intensidad. 

(Algo que brilla como el mar, Hiromi Kawakami)

Tu vida en 65 minutos

¿Quieres mirar la lavadora conmigo?

Siguiendo la recomendación de un amigo de cuyo criterio me fío, me dispuse a ver esta película de María Ripoll, adaptación de una obra de teatro de Albert Espinosa. De ella, me gustó hace cosa de 12 o 13 años la película «Lluvia en los zapatos» y de él, tengo pendiente leerme el libro «Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tú y yo» (ya el título es fascinante, como el de «Tu vida en 65 minutos»).

Me gusta esa sensación de incertidumbe y entusiasmo casi infantil al empezar a ver una película sin saber nada sobre ella: ni el argumento, ni la temática o el género, ni siquiera cómo es el póster. Sólo sabía que le gustaba a mi amigo y que en algún momento debía haber una escena de gente comiendo una paella junto al mar.

Esa mañana había estado hablando con una amiga de casualidades y señales, de esos indicios que se van enlazando mágicamente, como pequeños faros que te indican o te recuerdan que vas por buen camino. Es un tema que me fascina y al que ya le dediqué una entrada en el blog hace varias semanas. Pues bien: de eso mismo va «Tu vida en 65 minutos». De ir al funeral equivocado y conocer allí al amor de tu vida. De encuentros fortuitos, coincidencias, puntos en común en las vidas de gente que cree no conocerse, pequeñas mentiras que llevan a grandes verdades, equívocos y desgracias de las que acaban saliendo cosas buenas. Lo dice el protagonista, Dani: «Es lo que tienen las casualidades, que a veces significan más cosas». No habría sabido expresarlo mejor.

Pero como no podía ser de otra manera tratándose de una obra de Albert Espinosa, «Tu vida en 65 minutos» también trata de la muerte. Mejor dicho: de quitarnos de encima ese miedo a la muerte. De disfrutar cada instante y aprovechar cada oportunidad como si fueran los últimos, porque pueden ser los últimos. Así, la película es un canto a la vida, sin olvidar que la muerte es un paso más en esa vida, el único paso inevitable. Es bonito comprobar que, mientras unas vidas terminan, otras cobran sentido en esos funerales de la película.

 También es un canto a la amistad. Y una invitación a fijarse en esos detalles insignificantes que, de algún modo, le dan sentido a todo: el ciclo de la lavadora, un centro comercial, el póster de una película, un partido de futbol, una camiseta, el tren de lavado, las cosquillas de un amigo, las preguntas que no quieres contestar, anécdotas fascinantes y anécdotas que podrían haber sido verdad.

Esos 65 minutos del título me intrigaban incluso al acabar los títulos de crédito. ¿Se referían a lo que dura el ciclo de una lavadora? ¿Ocurría algo en el minuto 65 que se me pasó por alto? ¿Era sólo una licencia estilística, aprovechando la bella historia de las redacciones de 65 palabras? Pues no: resulta que la obra de teatro original duraba exactamente eso, 65 minutos, y aunque la película sea un poco más larga, mantuvieron el título porque sonaba mejor 65 que 85 minutos.

A una historia que te va enamorando escena a escena y unos diálogos brutales (de esos que te hacen apuntar una frase tras otra), se suman una puesta en escena muy de vídeoclip y publicidad, y sobre todo unos actores y unas actrices que parecen nacidos para esos papeles. Al apostar por caras poco conocidas (aunque muchos de ellos sí te sonarán si has visto series de TV3), la película gana en espontaneidad. Quizá habría actores más curtidos, con más tablas, pero ninguno como los que eligieron darían tanta vida y naturalidad a sus personajes. Entre Javier Pereira y Tamara Arias hay una química instantánea, sus sonrisas llenan la pantalla, pero es que todos están estupendos: Oriol Vila, Marc Rodríguez, Nuria Gago… Me enamoré del personaje de Irene Montalà, y eso que apenas la ves 3 minutos en la penumbra de un cine.

Y a destacar también, y sobre todo, la banda sonora. Una selección de canciones perfecta, todas muy de anuncio, sin ser eso malo: todo lo contrario. Se nota un esfuerzo por buscar la canción que reforzará cada escena y le dará el punto de emoción necesario (por letra, por melodía, por arreglos musicales). Hay cortes instrumentales, hay temas cantados, hay versiones de The Cure por parte de grupos poco conocidos… Yo ya estoy buscando el CD. El cover de «Por qué te vas» de Javier Álvarez me ha robado el alma.

Lánzate, por una vez. A ver qué pasa.