No más Myolastan

La sientes crecer en tu interior. Sabes que no traerá nada bueno, pero la dejas crecer. No es la primera vez. A menudo te has visto en trances similares. Cierras los puños hasta que duele. Resoplas. Hagas lo que hagas, seguirá creciendo. Lo sabes. Igual que crecen y crecen tus latidos. Deseas que al menos pase rápido. Se te nubla la vista. El estómago da un vuelco.

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¿Qué ocurrirá después? Cuando ya no haya marcha atrás. Cuando todo se derrame y lleguen los gritos. Es justo ese momento, el de la descarga, lo que siempre olvidas. Quizá por eso te dejas llevar. Confiando que esta vez sí aparecerá una solución. O que no habrá consecuencias. Que no te arrepentirás. Lo piensas todo sin pensarlo mucho, deprisa y a cámara lenta, un segundo para contenerlo todo. Ya no le miras a los ojos. Lo ves venir pero aparcas las variables. Dejarás de ser tú, eso también lo sabes. Sigues adelante. Tiene que ser así. El vértigo, la boca que se abre. Un último titubeo.

Entonces estallas. Otro calentón inevitable. Tu vieja conocida, la ira.

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2 comentarios en “No más Myolastan

  1. Pienso que no tiene por qué ser así, hay otras maneras. Siempre las hay aunque muchas veces no se ven a primera vista.
    Frente a la ira hay que actuar con calma. Las emociones no se pueden evitar, eso está claro, pero se puede desviar su trajectoria.

    Un saludo.

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