No más Myolastan

La sientes crecer en tu interior. Sabes que no traerá nada bueno, pero la dejas crecer. No es la primera vez. A menudo te has visto en trances similares. Cierras los puños hasta que duele. Resoplas. Hagas lo que hagas, seguirá creciendo. Lo sabes. Igual que crecen y crecen tus latidos. Deseas que al menos pase rápido. Se te nubla la vista. El estómago da un vuelco.

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¿Qué ocurrirá después? Cuando ya no haya marcha atrás. Cuando todo se derrame y lleguen los gritos. Sigue leyendo

If you could read my mind

No comparten sus problemas, los japoneses. Los consideran una especie de enfermedad contagiosa. Al menos, eso me contaron hace unos días. Yo no creo que sea bueno guardarse ciertas cosas para uno mismo, pues se corre el riesgo de estallar, pero sí comprendo el punto de partida.

Y es que a menudo, de tanto compartir dudas, estas crecen, se multiplican. Esperabas el consejo perfecto y solo cavaste una zanja más honda en la que perderte. Causando además preocupación en los demás, preocupación innecesaria si finalmente la tormenta pasa de largo. ¿Sería mejor colocarnos la máscara del “todo va bien” hasta que, de una manera u otra, podamos prescindir de ella? Sigue leyendo