Por el camino de Swann

“¿Has pensado en autopublicarte?” No solo dice eso el anuncio que me aparece a mano derecha de forma recurrente. También es la pregunta que, tarde o temprano, salta cuando le explico a alguien cómo funciona y cómo está ahora mismo el panorama editorial. La crisis hace que se arriesgue menos en autores que no son valores seguros, que haya menos personal para leer los manuscritos que llegan (cada vez más, porque hay más gente con tiempo de escribir). Ante semejante colapso, lo de autopublicarse parece la salida lógica, ¿no? Me pregunta mi amigo.

Para mí, sería como tirar la toalla. Asumir que ninguna editorial apostará por mi libro. Que seré otro de esos aspirantes que se quedan en el banquillo y que nunca pasarán por los procesos de corrección y diseño profesionales, que no tendrán la promoción y visibilidad que justifican la existencia de editoriales. Ese proceso que hace que un libro en una librería tenga cara y ojos, un acabado muy cuidado, con solapa o (si hay suerte) tapa dura y una portada bonita, bien diseñada.

Claro que entonces descubres que Marcel Proust tuvo que pagarse de su bolsillo la primera edición de Por el camino de Swann, obra rechazada por los editores de su época. Luego llegarían los premios, los demás volúmenes, el prestigio, la aparición en los puestos más altos de todos los ránkings de mejores libros de la historia. Mark Twain autopublicó Huckleberry Finn, Edgar Allan Poe hizo lo propio con su primer libro de poemas (y poco antes de morir, su intención era volver a hacerlo), Virginia Woolf también autopublicó la mayoría de sus obras. Etc. Es decir: muchos autores que hoy los críticos admiran y sirven de ejemplo en todas las escuelas de escritura, tuvieron que pasar primero por el trance de autopublicarse porque ningún editor confiaba en sus libros.

Me gusta especialmente el caso de Beatrix Potter. Un editor le dijo que esos cuentos ilustrados con las aventuras de un conejo eran “demasiado caros de publicar”. Así que ella misma financió una primera tirada y el editor que la rechazó, al ver materializado el libro y poder tocarlo, hojearlo, quedó prendado de la historia y los dibujos. Solo entonces le vio todo el potencial. Los niños lo adorarán, pensó él. Y así fue.

Por eso, empiezo a pensar que autopublicar El mar no llegaba hasta aquí no significaría rendirme sino probar otro camino. Confío en mi novela. No solo le tengo cariño a sus personajes, además estoy orgulloso de que sea el primer libro que termino. Creo que es justo lo que tenía que escribir ahora y con lo que tengo que darme a conocer o intentarlo al menos. Todavía guardo la esperanza de que alguna de las editoriales y agencias que ahora están leyendo el manuscrito, lo vean digno de publicarse en sus filas.

Pero también soy consciente de que mi libro tiene peculiaridades. Si yo fuera editor, me preguntaría a qué público le vendo un libro con sexo explícito entre hombres, y elementos fantásticos, y numerosas referencias pop, y un argumento que gira alrededor de las señales y mi convicción de que todo ocurre por algo y al final las piezas siempre encajan. Escribí el libro que a mí me gustaría leer, ¿por qué debería existir otra persona con interés por sumergirse en sus páginas? No lo sé. Y sin embargo, me gustaría averiguarlo. Si alguien conectará con esta historia que escribí para mí. Si puede aportarle algo.

Veremos qué camino tomo. De momento, cuando ahora los amigos me preguntan si no he pensado en autopublicarme, respondo: “No lo descarto”.

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2 comentarios en “Por el camino de Swann

  1. Yo te animo a autopublicarte. Mira, no he leído tu libro y ya me imagino lo que voy a pensar mientras lo lea: exactamente lo mismo que en tu blog. Te preguntas que a quién le puede interesar un libro así, bueno… ¿A quién puede interesarle un blog en el que se habla de libros, de música pop casi siempre con influencias ochenteras y de reflexiones personales? Pues a mí y a muchísima gente -y eso que no me muevo en los mismos estilos literarios ni musicales que tú en el 90% de los casos-. Para darte un ejemplo concreto, me parece que tu novela es como Gang Bang de Madonna: gusta a casi todo el mundo -todo aquel con una mente abierta, creo yo-, pero nadie se atrevería a sacarla como single. Con tu novela debe de pasar lo mismo: no creo que haya más de dos editores a los que no les haya gustado/vaya a gustar, pero pocos se van a atrever a lanzarlo. Sigue intentándolo, pero, si no lo consigues, autopublícate, porque estoy seguro de que tu novela lo merece, por muy arriesgada y peculiar que pueda ser.

    Te he comentado un par de veces que yo escribo canciones; pues bien, no busco lanzarlas pero tampoco lo descarto como proyecto futuro, y, si algún día me decidiese a lanzar mi música, pagaría un par de productores como fuese y, con casi total seguridad, no iría a ninguna discográfica, sino que lo lanzaría en internet. Eso es lo más parecido a autopublicarse en música que hay hoy en día.

  2. Ostras Smooth… me ha llegado al alma esa comparación con Gang Bang. La canción supera a mi novela, está a años luz, pero aún así me gustaría creer que será así, que algunos la apreciarán aunque nadie se atrevería a sacarla de single. ¡Ojalá!

    De momento estoy esperando respuestas de varias editoriales y agencias, a partir de Septiembre replantearé la estrategia.

    Sobre las canciones: conozco el caso de un músico (Algar) que hace poco se pagó la producción del disco de su bolsillo y ya con él bajo el brazo, contactó con la discográfica y se lo publicaron. En música parece que es más fácil que ocurra algo así. ¡Espero que algún día te lances!

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