Can you read my mind?

“¡¿Un diccionario?!”, se sorprendía la gente, mirándome como a un loco, cuando les contaba mi próximo proyecto. Los demás nunca ven las cosas tan claras como lo están en nuestra cabeza. De repente me daba cuenta de que en realidad era raro estar escribiendo aquello después de una novela y dos libros de cuentos. Algo inseguro, me ponía a hablarles de todas esas palabras japonesas que llevaban tiempo rondándome, y todas las que había descubierto después, al ponerme a investigar  para el diccionario.

Me parecía fascinante que en otra cultura tan alejada, tuvieran palabras exactas para definir cosas que había visto o me habían sucedido pero que yo no sabía describir bien porque en castellano no tenemos un concepto para ellas. Gracias a esas palabras, yo había dejado de sentirme un extraño por saber que alguien a quien acababa de conocer acabaría siendo importante en mi vida o por maravillarme tanto con esos juegos que hace la luz del sol cuando se filtra entre las hojas de los árboles.

Quiero creer que ese “pequeño diccionario japonés para las cosas sin nombre” que ha acabado siendo Hanakotoba no es tan diferente de mis libros anteriores. Que ya algo de esas palabras y su sensibilidad estaba presente en la búsqueda personal de La noche nos alumbrará, en los tumbos del romántico Leo en El mar llegaba hasta aquí o en esas pequeñas historias que quedaron a medias de El amor desordenado. En apenas dos semanas, Hanakotoba verá la luz gracias a la editorial Satori. Siempre me ha gustado que los lectores se reconocieran en frases y capítulos de mis libros, pues parten de experiencias personales; ahora, acercándoos las palabras que inventaron otros, espero y deseo lo mismo: que os veáis reflejados en ellas y comprendáis mejor aquello que una vez sentisteis.

Fotografía: Masaaki Komori.
Banda sonora: The Killers.

Release the stars

Hanakotoba será mi cuarto libro pero el primero publicado por una editorial. Y este paso, que quizás pueda parecer pequeño, para mí supone un mundo. Desde que en mayo del año pasado les presenté la idea del libro al equipo de la editorial Satori, ellos se mostraron entusiasmados. Eso ha facilitado mucho la escritura del manuscrito: como todos los procesos creativos, escribir tiene sus altibajos, bajones en los que cualquier página te parece la peor que ha salido de tus manos, y en momentos así contar con dos personas que creían en el proyecto, me ha servido para salir adelante. No había espacio para las dudas, para plantearme si todo aquello merecía la pena. Los buenos editores no te permiten tirar la toalla: te secan el sudor de la frente y te animan a seguir tecleando.

Gracias a Alfonso y Marián, el documento de ordenador ha ido creciendo a lo largo de estos meses hasta convertirse en un libro. Será pequeño pero bonito, con 113 palabras y 80 fotos acompañándolas. Todo ha fluido tan fácil que apenas podía creerlo. Ya no estaba solo ante el mundo, como a menudo te sientes cuando autoeditas, de repente contaba con correctores para pulir los textos, con maquetadores profesionales en vez de apañármelas yo mismo como buenamente podía. Dejé de tener el control en decisiones como la portada, pero incluso ahí quedé satisfecho. Llegué a resultados que de otra manera jamás habrían estado a mi alcance.

Además, a nivel práctico, tener detrás una editorial con buena distribución, permite que el libro llegue a todas partes. Con mis anteriores títulos, a veces sufría cuando me preguntaban si el libro estaba disponible en Salamanca o en Córdoba. Les tenía que derivar a Amazon, porque físicamente mis tres primeros libros solo se encontraban en aquellas librerías donde me presentaba yo en persona, con mi mochila a cuestas, y sus libreros aceptaban abrirme sus puertas. Tuve mucha suerte, y les estoy enormemente agradecido a las librerías Antinous y Cómplices de Barcelona y Berkana de Madrid por haber contado con aquellos tres libros de un desconocido. A partir del 22 de abril, Hanakotoba estará disponible en todas las librerías; de hecho, a podéis reservarlo en la que más os guste o donde mejor os atiendan, y no os imagináis la tranquilidad y la alegría que me da poder decir esto. Contando los días para que este pequeño diccionario llegue a vuestras manos.

Fotografía: Takahiro Taguchi.
Banda sonora: Rufus Wainwright.

Extraño en el paraíso

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Ayer se cumplieron 6 meses del lanzamiento de El mar llegaba hasta aquí. En ese tiempo, se han vendido 300 ejemplares de mi novela: 100 libros físicos y 200 ebooks. Hay más números, claro: 6 puntuaciones en Amazon y 19 en Goodreads, la mayoría favorables, 8 reseñas en varias webs, 2 entrevistas, 1 presentación, 3 librerías que lo venden… y por todo ello estoy agradecido. Sigue leyendo

La Odisea: cómo un manuscrito se convierte en novela

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Tres años y medio… largos, muy largos. Ese es el tiempo que separa los cuadernos de la izquierda, del libro de la derecha. En junio de 2011 empecé a darle vueltas a la idea de El mar llegaba hasta aquí, aunque al principio se tituló (simbólicamente) “Adán y los últimos vampiros”. Lo primero que escribí fue la última frase y se ha mantenido casi idéntica desde entonces. Tenía claro dónde quería llegar, pero no tenía ni idea de cómo hacerlo. Lo que también sabía es que esta vez sí iba a lograrlo. Había dejado muchas historias a medias; la aventura de Leo y Adán tenía que llegar a puerto. Sigue leyendo

En busca de la portada perdida

Soy de esos lectores que se enamoran de un libro por su portada. Luego llegarán el sabor de la primera frase, los ecos que despierte la historia en mi interior… pero primero está el flechazo de la imagen impresa en cubierta. Hace que me acerque hasta un libro desconocido y lo rescate de la mesa de novedades. Así que imaginad la presión que siento al pensar en portadas para mis historias. Desearía que provocaran en los demás ese magnetismo.

El mar llegaba hasta aquí (Portada provisional)

A lo largo de estos 3 años desde que empecé a escribir El mar llegaba hasta aquí, muchas imágenes candidatas han desfilado por mi mente. Algunas con más fuerza que otras. Sigue leyendo