Never gonna be brokenhearted ever again

“Tus últimas historias son más tristes”, me confesaste paseando por el escenario de todas ellas. Después añadiste que al menos seguían ofreciendo una pequeña lección, algo aprendido en la tristeza. En lo primero puede que tuvieras razón, creo que ahora escribo más triste, pero en lo segundo ya no estoy tan seguro. Uno se acaba cansando de tantos finales a medias, eso es todo. No sé si en el proceso aprendí algo. Y en cualquier caso, no me vería capaz de transmitirlo. Ahora me refugio en este universo de historias antiguas donde conozco todos los desenlaces. Puedo contarlas a mi gusto, rescatar el detalle por el que mereció la pena vivirlas. Instantes congelados alejándonos de una nueva conclusión que nadie pedía.

Fotografía: Isauro Cairo.
Banda sonora: Robyn.

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And it’s hard to write about being happy

Me gustaría escribir más, escribir a diario sobre cosas felices pero justo eso es lo que más cuesta. Encontrar algo interesante que decir sobre la felicidad. Es más fácil hacerlo sobre el desamor: entonces basta con colocar algo de lluvia en el recuerdo de un viaje para lograr el efecto deseado. Y además, en realidad los recuerdos felices son los que más duelen a quien los recuerda. Supongo que por eso incluso mis textos felices están impregnados de melancolía. Me está pasando con la próxima novela: quería que fuera alegre y creo que saldrá oscura. Claro que a nadie le gustaría leer un libro donde no ocurra nada. Pero a mí me gustaría ser capaz de escribirlo. Inventar una isla en un mar en calma donde alguien prepara en silencio el mismo café cada mañana.

Fotografía: Pink Garden.
Banda sonora: Florence + The Machine.

“And it’s hard to write about being happy
‘Cause all that I get
I find that happiness is an extremely uneventful subject”

Waiting for you

No escribir también puede formar parte del proceso de escritura. Ahora mismo tengo el cuaderno con el borrador de mi próximo libro en el escritorio, junto al ordenador, a la espera. Es bueno dejar aparcado el manuscrito para coger distancia antes de revisarlo. ¿Cómo va a crecer lo escrito hasta convertirse en novela si yo no crezco por el camino? No debo tener prisa por terminar: mejor acumular experiencias, anotar ideas, enfriar la mente para enfrentarme a lo escrito como si fuera un nuevo lector. Que así la pasión no me ciegue cuando tenga decidir lo que funciona y lo que hay que mejorar o directamente eliminar. No negaré que incluso ahora miro el cuaderno con ciertas ganas, pero hasta que llegue el momento me entretengo con otras historias. Aprovecho para escribir mientras no escribo. Me entreno. Quiero ser capaz de dar lo mejor de mí mismo cuando construya y remate por fin mi segunda novela.

Fotografía: An incognito blogger.
Banda sonora: The Aces.

Then we start to believe in something

Me gusta escribir con música. Me gusta que la energía de las canciones se transmita a las frases, a las palabras. No sé si lo consigo, pero sé que lo intento: me imagino la escena como en esa película que me gustaría dirigir, cada gesto transmitendo lo que para mí evoca la letra y cada movimiento de cámara acompañando las variaciones de la melodía. Es como un baile que procuro trasladar de mi cabeza a la página en blanco. Deseando siempre que el lector pueda sentir la música aunque no la conozca. Que así las escenas se muevan igual que mis dedos bailaban escribiéndolas.

Las canciones del mp3 de Leo jugaban un papel importante en El mar llegaba hasta aquí. Fue uno de los aspectos más controvertidos de la novela: hubo quien entró en el juego, hubo quien desconectó. Me consta y lo entiendo. Para la siguiente novela que estoy escribiendo, llegué a plantearme prescindir de algo por lo que aposté tan fuerte en mi primer libro. Finalmente las canciones se han colado por la radio del coche en el que huyen los dos protagonistas.

Tengo una playlist para escribir por las noches. Hay canciones que no “sonarán” en el libro pero que sí me inspiran el ritmo exacto de las teclas. Es el caso del disco Territory de The Blaze. Lo descubrí casi a la vez que retomaba este proyecto con ganas tras un letargo. Sus canciones contundentes, incluso violentas, pero teñidas de emociones imparables son justo lo que buscaba mientras acabo de pulir el manuscrito. Esos latidos electrónicos son también los míos.

La música es escapismo, es energía, es introspección, es felicidad, es dejarse llevar, poder con todo, lo saben mis protagonistas, se lo confirma la música que les guía en el desierto, y ahora me toca a mí plasmarlo en el papel para que, si no todos los lectores, al menos algunos de ellos sí la sientan conmigo. Por ahora, seguimos en ruta.

Extraño en el paraíso

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Ayer se cumplieron 6 meses del lanzamiento de El mar llegaba hasta aquí. En ese tiempo, se han vendido 300 ejemplares de mi novela: 100 libros físicos y 200 ebooks. Hay más números, claro: 6 puntuaciones en Amazon y 19 en Goodreads, la mayoría favorables, 8 reseñas en varias webs, 2 entrevistas, 1 presentación, 3 librerías que lo venden… y por todo ello estoy agradecido. Sigue leyendo