Before Sunset / Antes del atardecer

I remember that night better than I do entire years.

Ya dije que habría una entrada dedicada a la secuela de Before Sunrise, y aquí está. Como siempre, no escatimaré en spoilers, así que si todavía no la habéis visto (o peor, si ni siquiera habéis visto Before Sunrise)… vedla/s, merece la pena. Reconozco que “Antes del atardecer” es una película en la que cuesta entrar. Estrenada 9 años después, con los mismos protagonistas y el mismo director, y aprovechando el tiempo que ha pasado en la vida real y lo que han vivido los propios actores para construir y enriquecer la película, “Antes del atardecer” rompe el prejuicio de “segundas partes nunca fueron buenas”, aunque le cuesta hacerlo.

Y le cuesta porque para empezar rompe en mil añicos la magia del final de la primera parte (ese “¿se reencontrarán?” que te deja entre esperanzado y triste), pero sobre todo porque huye de romanticismos. Uno desearía que el reencuentro de Jesse y Céline fuera apasionado, que después de 9 años sin verse se fundieran en un abrazo primero y después en un morreo de hora y media, y pusiera THE END y salieras del cine satisfecho. Pero no. Jesse y Céline ya no son los mismos, y en las primeras escenas, la tirantez entre ambos es más que evidente, incluso incómoda. La llama sigue ahí, agazapada en un rincón, pero no acaba de reavivarse. Los reencuentros son así en la vida real: el tiempo ha pasado, las personas han cambiado, y precisamente porque apetecería decir tantas cosas, uno no se atreve a decir ninguna y sólo habla de banalidades, con la esperanza de que esas banalidades lleven a alguna parte.

Esto se une al hecho de que la película transcurre en tiempo real: Jesse tiene una hora y veinte minutos para ir al aeropuerto, y eso es exactamente lo que dura la película. Escena a escena, sufres por ver cómo el tiempo se les escapa. La primera parte ya jugaba con la idea del tiempo que se escabulle sin remedio, pero esta vez es mucho más urgente: no pueden desaprovechar esta segunda oportunidad. Y encima, descubres enseguida que la vida los ha transformado: ya no son los adorables jóvenes románticos e idealistas de “Antes del amanecer”. Ahora son más maduros, pero también un poco más estúpidos (sobre todo ella, debo decir). Hablan de temas más profundos (que no más importantes), pero también lo hacen de una forma más desencantada. Intentaron cambiar el mundo y el mundo les cambió, intentaron enamorarse y no les salió muy bien tampoco (ella tiene un novio del que prefiere no hablar mucho, él está atrapado en un matrimonio del que sólo adora a su hijo).

Lo bonito es comprobar cómo poco a poco esa frialdad inicial se va desvaneciendo. Cómo esa indiferencia fingida se diluye hasta que los dos, por fin, tienen que admitir lo que significó para ellos aquella noche que pasaron juntos, todo lo que recuerdan y cómo lo recuerdan. La escena del coche es tremenda en ese sentido, con ese guiño a la escena del tranvía de la primera: Jesse está hablando y Céline intenta tocarle, pero no se atreve, como tampoco Jesse se atrevió en su día a romper el hechizo de Céline hablando.

Ethan Hawke publicó un par de libros durante los 9 años que transcurrieron entre ambas películas (uno de ellos, “Estado de excitación”, se publicó en España con un fotograma de “Antes del amanecer” como portada), y eso lo trasladan al personaje: ahora es escritor, está presentando en París su última novela, y de hecho está basada en lo que vivió con Céline y la escribió con la esperanza de reencontrarse con ella.

Entre tanto, Julie Delpy grabó un disco y tres canciones del mismo están incluidas en la banda sonora: “Je T’aime Tant“, “An Ocean Apart” y la genial “A Waltz For A Night”, también inspirada por la historia de “Antes del amanecer”, y que sirve como punto clave de la escena final. Céline le ha abierto las puertas de su casa a Jesse y le canta esta canción acompañada de su guitarra y así, por fin, se sincera: ella también le ha echado de menos.

De la escena final, sin embargo, me quedo con los últimos momentos, que en mi opinión son un guiño a la escena de la cabina en la tienda de música que ya destaqué en la entrada de “Antes del amanecer”. Jesse pone en la minicadena una canción de Nina Simone, “Just In Time“. Ya no están en un sitio desconocido de una ciudad desconocida intentando rellenar las horas escuchando un disco que no saben ni cómo es. Están en París, en casa de Céline, escuchando una canción que les gusta a ambos y hablan tranquilamente de Nina Simone y su peculiar forma de actuar en los conciertos: no tienen que preocuparse ya del tiempo, porque está claro que Jesse se va a quedar, así que ella baila y él la mira embobado y la película se cierra con las dos frases más románticas y cargadas de significado de toda la película:

-Baby, you are gonna miss that plane.
-I know.

Dicen que podría haber una tercera película, reflejando el paso de los años de la pareja. Me da miedo reencontrarme con ellos, pero también me muero por ver el resultado.

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