Amanece en Edimburgo

Tenía mis dudas. Mis más y mis menos, debatiéndome entre lo cursi de un pedida de mano y lo abrupto de fugarse al extranjero. Un cambio de vida por las buenas o por las malas. Gritando o cantando. Sobre todo cantando, que es lo que hacen ellos. Cantar para todo. Para volver de la guerra, para declararse, para pedir perdón.

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Sí, tenía mis dudas. Y entonces llegó el último número, un apoteósico 500 Miles de The Proclaimers. Y lo entendí. Algo hizo clic, otra vez. A las puertas del final, la película me arrastró con ella. Sigue leyendo

Solo los amantes sobreviven

El matiz es diferente en inglés. Only lovers left alive. Pero ambas son cosas son ciertas. Solo los amantes sobreviven y los únicos amantes que quedan vivos son los protagonistas de esta película. O al menos, eso parece. No es que salgan en pantalla muchos habitantes de Detroit y Tánger, pero los únicos con pareja son ellos. Después de 400 años, siguen juntos.

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Siempre me han fascinado estas historias de amores inmortales. La ventaja y la maldición de ser vampiros. Amarse hasta la muerte… cuando la muerte no existe. Sigue leyendo

Nueva vida en Nueva York

Los cambios que no viste venir. Una ruptura, una nueva ciudad donde no hablan tu idioma, otro proyecto a punto de despegar. Cosas nuevas y reencuentros, siempre de la mano. Es curioso cómo la vida va dando vueltas, un rompecabezas donde un día, no sabes cómo, encajarán las piezas.

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Trasladarse por impulso a Nueva York es lo que hace el protagonista de esta película. Por una vez, el cambio de título español tiene sentido. Sigue leyendo

Al filo del mañana

«Centrar el objetivo y disparar. Centrar el objetivo y disparar…», repetía Shinji en Evangelion. Era su entrenamiento. Repetir. Repetir tantas veces que gestos sencillos como centrar o disparar perdían todo significado y emoción. ¿Quién le iba a decir que el aburrimiento fuera la única manera de alcanzar la soltura necesaria?

¿Quién se lo iba a decir también a William Cage, protagonista de Al filo del mañana? Pero tampoco es que le quede otra salida: cada vez que muere en la batalla, reinicia su día, su entrenamiento, su desesperada búsqueda de mejorar y esta vez sí, triunfar. Rebobina como en Atrapado en el tiempo, pero esta vez no está en juego el amor sino la vida.

Cuando a la ciencia-ficción se le añade emoción, algo grande sucede en la pantalla.  Sigue leyendo

10.000 km

«¿Dónde irás si nunca vuelves?», se preguntaban Pastora en la canción 1.000 kilómetros. Los Ángeles está aún más lejos y esos 10.000 km que la separan de Barcelona dan título a una película acerca de la distancia. No solo la distancia física sino sobre todo la emocional, mucho más peligrosa. Esta es insalvable.

Cuando hay pequeñas tradiciones de pareja, no cuesta crear puntos en común. Trincheras donde acomodarse entre las sábanas, puentes de madera. Nexos inestables que la primera borrasca se llevará por delante. El paisaje cambia y entonces, frente a la ventana o la pantalla del ordenador, es cuando te das cuenta de que no hay vuelta atrás. Todos los defectos encantadores se han convertido en molestias; los pequeños esfuerzos, en sacrificios. Sigue leyendo