Ride my horse, break some bones

«Estoy cansada». Fueron las primeras palabras que Madonna dirigió ayer al público en su segundo concierto de Barcelona. Y en castellano, para que la entendiéramos todos. Luego ya volvió a ser ella: «Estoy cansada, estoy caliente». Pero había algo nuevo en esa sinceridad repentina, como cuando minutos después reconocía que no sería nada sin sus fans. Lo típico que se dice… si no eres Madonna.

Antes te conquistaba su imagen imperturbable, casi mística, pero ayer se desnudó. En todos los sentidos. Te invitaba a desmitificarla. Sí, sigue siendo esa virgen guerrera que invocan al principio del show pero también es la mujer de 53 años a quienes los corsés le aprietan ya.

Algo de esa Madonna humana se entreveía en I Fucked Up, bonus track del último disco donde reconoce su parte de culpa en el fracaso de su matrimonio. Así que se sentó y dijo que ése era su momento favorito de todo el concierto: sentarse. ¿Cómo no iba a estar cansada después de una hora moviéndose de un lado a otro para ofrecer uno de los mejores espectáculos de su carrera?

Saltos de la iglesia al infierno, matanzas en plan Tarantino, tamborileros voladores, equilibristas, cacerías caníbales, desfiles de moda ambigua, orgías pinchadiscos, viajes en tren, kame-hames… de todo y más hubo. Admitir los esfuerzos que todo eso le exigía, pararse a descansar y a beber agua, no le quitaba mérito. Al contrario.

Desmitificar es sano. Deberíamos hacerlo más, a diario, con todos y con todo. Porque no hay nada sagrado si Madonna también se cansa. No hay nadie por encima tuyo, nadie a quien adorar sobrenaturalmente. Desmitificar para querer más y mejor a la otra persona. Para reivindicarte. Entender que abrazas cuerpos, no ideas.

Hysteria

Imaginas las risas nerviosas de los productores cuando llegó el proyecto a su mesa. Una comedia romántica sobre la invención del primer vibrador en pleno Londres victoriano… ¿Genialidad o catástrofe? Pues algo mejor que eso: una película honesta, hecha con gusto y mimo, tan fresca como previsible, única, más para todos los públicos de lo que esperabas, con puñetazos disfrazados de manos toconas.

Como ya ocurría con la subtrama sufragista de Mary Poppins, en Hysteria hay mucha más chicha de lo que parece a simple vista. Es más que una reivindicación feminista. Es abogar por la plena libertad sexual de todos nosotros, romper tabús, llamar a las cosas por su nombre. La denuncia de una sociedad que da la espalda a todo aquello que no entiende.

Sorprenden los actores: Hugh Dancy enamora en su lucha entre represión e instintos, Rupert Everett está irreconocible, muy a gusto encarnando a ese inventor canalla; por su parte, Maggie Gyllenhaal jamás había estado tan guapa, este personaje fuerte y femenino y guerrero y sexual y sensible parecía reservado para ella.

La revolución sexual. La verdadera: coger las riendas de tu propio cuerpo, conocer a fondo lo que lo excita, disfrutarlo plenamente. El buen sexo está para disfrutarlo. Es la base de una relación de pareja sana y una vida equilibrada. Cuando entiendes eso, cuando das con la fórmula o el instrumento o la persona, eres más feliz. Ir bien follado, que se dice, para que la sonrisa sea máxima. O para cantar ópera, incluso.

Never win

Nunca ganaba al Scrabble. Siempre se me atravesaba una Q o me perdía tanto en buscar las mejores combinaciones que al final, para no perder el turno, tenía que conformarme con colocar deprisa y corriendo otras no tan buenas. Por poner algo, más que nada. Así que, aunque me gustaba, prefería otros juegos.

El otro día, durante una comida familiar, insistieron en jugar al Scrabble. Yo estaba tan feliz, había tenido una velada de cumpleaños tan buena la noche anterior, que acepté jugar. Sonreía. Será por eso que no me concentré en lograr las mejores jugadas. No necesitaba ganar, no tenía que demostrar nada colocando fichas, porque ya estoy en paz en muchas facetas de mi vida. Así que llegaba mi turno y ponía letras.

Pero curiosamente, se me ocurrían buenas palabras, ganaba muchos puntos, me llevaba el bonus por quedarme sin fichas. Estaba tan en racha que durante el turno de los demás jugadores, les ayudaba. Les animaba a reordenar sus letras para que obtuvieran más puntos, y me daban las gracias. Al final fue la partida en que más puntos nos llevamos todos. Y la primera que gané yo.

Me considero individualista. Pero me gusta pensar que defiendo un individualismo colectivo. No creo en los sacrificios abnegados, pienso que primero tienes que estar tú bien para ser capaz de ayudar a los demás. La partida de Scrabble me lo confirmó. Ser feliz y contagiárselo al resto. Así se aprende a ganar.

Let’s do the things we normally do

Te acomodas. Piensas que por haber brillado una vez ya brillas siempre, y no. Hay que trabajar para mantener eso que hizo que deslumbraras la primera vez. ¿Qué fue? Quizá no lo recuerdas, o nunca lo supiste. En realidad no era nada concreto. Eras tú en movimiento. No dejes de hacer cosas.

Ayer, por ejemplo, tenía que ir a una cena familiar. Tenía tiempo por delante, así que en vez de coger el metro, que era lo más fácil y más rápido, me desvié y fui dando un paseo por el centro de Barcelona, por esas calles que no quedan tan lejos de mis rutas habituales pero que no piso a menos que sea estrictamente necesario. En las ciudades ya pasa: tienes tus recorridos, y de ahí que no te saque nadie.

Paseando, recordé ese edificio modernista que hace esquina y que a mí me gusta tanto aunque ni siquiera tenga nombre. Vi tiendas nuevas, puertas abiertas que daban a patios tan bonitos que costaba ubicarlos en mi ciudad. Descubrí personas que me inspiraron historias, nuevos capítulos. Un parque que siempre estuvo allí. Y la Sagrada Familia, otra vez.

No hice fotos porque tampoco era tan importante. Se trataba de lo que me aportaban esas imágenes. Cené y repetí el paseo a la inversa, por otras aceras y atajos. Intuí tu casa a lo lejos, en lo alto. Me creí perdido pero en realidad estaba al lado de mi casa, en una zona donde las calles cambian de nombre.

Llegué a casa y escribí mucho y seguí leyendo ese buen libro que me regaló el chico de la cámara y escuché un disco nuevo y pensé que merece la pena estar en movimiento, aunque sea con cosas pequeñas, porque la propia inercia te lleva hacia adelante, hacia el siguiente objetivo y sin darte cuenta luces una sonrisa muy ancha, y la espera se hace más corta porque piensas menos y disfrutas más.

Hoy daré otro paseo.

Hot Chip – In Our Heads

«Look at where we are
Remember where we started»

In Our Heads es un disco de celebración. Porque no es frívolo celebrar las cosas conseguidas. Pequeños objetivos antes que grandes metas. Con unas letras que conquistan por su desnudez, el cantante, Alexis Taylor, desgrana la felicidad de su actual día a día: un corazón que vuelve a latir y otro cuerpo en la cama.

Después de cinco discos, los de Hot Chip redondean su fórmula de emoción bailable. Ya en Motion Sickness te arrastran a su batidora de influencias. No sabes si estás en una disco de los setenta, en los ochenta más electrónicos o en un revival noventero, pero bailas con ganas. Tienes una misión: contarle al mundo que sonríes.

Hay amor, hay baile y también hay sexo del bueno, claro, como en ese final épico de Don’t Deny Your Heart: gemidos orgásmicos encima de una base bien cargada de bongos y sintetizadores y guitarras. Incluso hay espacio para un par de baladas. Look At Where We Are es un homenaje a los caminos recorridos: qué fácil parece todo una vez coronas la cima y qué bien sienta respirar ese aire elevado.

Paso a paso, llegas a ese punto en el que hasta títulos a priori nada luminosos como These Chains te dan pie a escribir canciones eufóricas, de las de poner las manos en alto en plena fiesta playera. Casi chill-out termina la preciosa Let Me Be Him, pero antes hay siete minutos de crecimiento y éxtasis: una intro acapella, con pajaritos, a la que poco a poco se van sumando cajas de ritmos y coros. Puro himno.

El tema clave del disco sin duda es How Do You Do?. Te atrapa por su sinceridad y, antes que te des cuenta, brincas por tu habitación al dictado de Hot Chip. Y es que ese bajo es irresistible. El bajo y cada explosión post-estribillo. ¿Cómo lo hace? No lo sabes, pero te ha conquistado. Estás vivo y bailas. Será que a la quinta va la vencida.

«A heart is not for breaking
It’s for beating out all the life it needs to beat again 
How do you do it? 
You make me wanna live again»