Never win

Nunca ganaba al Scrabble. Siempre se me atravesaba una Q o me perdía tanto en buscar las mejores combinaciones que al final, para no perder el turno, tenía que conformarme con colocar deprisa y corriendo otras no tan buenas. Por poner algo, más que nada. Así que, aunque me gustaba, prefería otros juegos.

El otro día, durante una comida familiar, insistieron en jugar al Scrabble. Yo estaba tan feliz, había tenido una velada de cumpleaños tan buena la noche anterior, que acepté jugar. Sonreía. Será por eso que no me concentré en lograr las mejores jugadas. No necesitaba ganar, no tenía que demostrar nada colocando fichas, porque ya estoy en paz en muchas facetas de mi vida. Así que llegaba mi turno y ponía letras.

Pero curiosamente, se me ocurrían buenas palabras, ganaba muchos puntos, me llevaba el bonus por quedarme sin fichas. Estaba tan en racha que durante el turno de los demás jugadores, les ayudaba. Les animaba a reordenar sus letras para que obtuvieran más puntos, y me daban las gracias. Al final fue la partida en que más puntos nos llevamos todos. Y la primera que gané yo.

Me considero individualista. Pero me gusta pensar que defiendo un individualismo colectivo. No creo en los sacrificios abnegados, pienso que primero tienes que estar tú bien para ser capaz de ayudar a los demás. La partida de Scrabble me lo confirmó. Ser feliz y contagiárselo al resto. Así se aprende a ganar.

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