Se besan como si ya no supieran hacer otra cosa. Como si el resto de sus vidas planearan pasarlo ahí, en su toalla compartida, los besos como único alimento. Sí, se besan como sin con besarse tuvieran suficiente. Como los aventureros que tras mil kilómetros en el desierto desentierran su tesoro y ya nunca quieren separarse de él. No son especialmente guapos pero brillan. Felices, despreocupados. Más allá de sus cuerpos revueltos, nada existe. No notan la arena que se pega a sus codos, envidiosa, ni las marcas de la toalla en la espalda. Les dan igual las nubes que retumban, la marea que sube o sus pantalones hinchados. De vez en cuando cambian de postura, no para estar más cómodos sino para probar nuevas maneras de amarse. Aún no están seguros de haber encontrado la mejor de todas. Y es cierto que hacen mucho más que besarse. También se acarician, se miran, se dicen cosas sin sentido, borrachos de emoción como los adolescentes. Al verlos, la gente se ríe con envidia. Habían olvidado aquellos días que para ellos dos son el único presente. Cuando bastaba una tarde en compañía para que todo estuviera en su sitio. Los demás se preguntan si alguna vez volverán a entregarse así, como en una novela barata. Y se marchan de la playa confundidos. No es fácil volver a la normalidad cuando has tenido tan cerca lo que quieres.
Sombras de neón
Boyhood
La vida se te escapa. Dicen que Boyhood dura dos horas y media, pero no es verdad, dura doce años enteros. Y durante todo ese tiempo envejeces tú frente a la pantalla, igual que sus actores. Más que darte cuenta de cómo pasaron los días sin remedio, lo sientes a un nivel físico, concentrado, punzante. Lo más extraño es que sea una sensación tan agradable. Como contemplar aquel río que nunca pudiste atrapar.
Richard Linklater continúa sorprendiéndome. Su trilogía Antes del amanecer me ha fascinado durante media vida: cada 9 años permite ver la evolución de una pareja, del enamoramiento inicial a los inevitables claroscuros. Ahora con Boyhood da un paso más allá. Si el cine captura la vida, no puede haber mejor película que esta. Sigue leyendo
Almudena Grandes : Atlas de geografía humana
Cuatro mujeres que se dan cuenta de que están en punto muerto. Ellas son las protagonistas de esta novela. Cerca ya de los 40, obligadas a aceptar que todos sus sueños siguen siendo eso: sueños, proyectos evaporados. Nada más. La huida hacia adelante las ha atrapado y ahora no son felices aunque, en teoría, tengan todo lo que alguien desearía. Pero eso nunca es verdad, siempre te falta una pieza, y es la más pequeña, y por eso mismo la más importante porque sin ella, el resto no funciona.
Cuatro mujeres que descubren que, por mentira que parezca, a veces la vida cambia. A veces encuentras sin buscar, incluso a veces te vienen a buscar, y tú abres la puerta solo para asegurarte de que el tiempo y las telarañas no la hayan atrancado Sigue leyendo
I’m single, bilingual
Ayer me permití ser un turista en mi propia ciudad. Demasiado a menudo olvido que ellos vienen y van pero yo siempre estoy. Que aunque haya calles hasta los topes, también las hay menos transitadas. Desvíos que me llevan adonde siempre había querido, sin saberlo. Caprichos: míos y del destino. Una paella frente al mar, sin ir más lejos.
Encontrarla no fue sencillo porque en todas partes pedían un mínimo de dos personas. Pero ir solo tiene ventajas a modo de consuelo: no hay que negociar ni rendir cuentas Sigue leyendo
Look no further
Eliges una fecha y el horizonte se aproxima. De golpe importa menos que solo te rodee el océano o que hayan anunciado tormenta. Incluso tu barco parece un poco menos frágil. Te llamaron loco; quizás lo seas. Al menos te lanzaste, piensas como único consuelo. Sí, decidiste un rumbo y ahora piensas mantenerlo. Estar en medio de la nada también tiene sus cosas buenas: no hay marcha atrás posible, por ejemplo. A la deriva te olvidas de las expectativas. Ya solo queda dejarse llevar por el viento y el oleaje y el vuelo de las gaviotas. En el fondo, estás tranquilo. Seguro no, pero si tranquilo. Porque lo intuyes. Que tardes mucho o poco, un día desembarcarás en un nuevo continente. Esa tierra desconocida y llena de palmeras a la que pronto llamarás hogar.




