I don’t know what this is but it doesn’t feel wrong

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Cuando me volví a vestir lo hice con otra ropa, rezando para que creyeras en las segundas impresiones. No te había recibido en pijama pero casi: una camiseta vieja, los primeros pantalones limpios del armario. Iba a ser un polvo más, me daba igual cómo me vieras porque no volveríamos a vernos. Entonces entraste y algo cambió. Después de follar necesité que me vieras mejor vestido, conjuntado como para una cita. No sé si te diste cuenta del cambio. Te despediste con la misma simpatía del principio. Tú sí ibas guapo. Me propuse arreglarme siempre, aunque todavía no te conociera.

Fotografía: Sometimes quicky, sometimes slowly.

But I mean something to you

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Que no te den lo que quieres no significa que no te estén dando algo valioso. Si hay una lección de mi 2016, es esta. No siempre es fácil aplicar algo que sabes, y menos si acabas de descubrirlo, pero en los últimos meses me lo he recordado a menudo. Que no te den lo que quieres no significa que no te estén dando algo valioso.

Es lo que intenté expresar con los cuentos de El amor desordenado. Es lo que intentaré no olvidar en el año que está a punto de empezar. Por eso, aceptaré lo que tengan que ofrecerme amigos, amantes, desconocidos a medias… Pero también cineastas, músicos, escritores. Sí, ojalá en 2017 podamos ser exigentes y más abiertos al mismo tiempo.

Hasta entonces, estos son las películas, los discos y los libros que me han inspirado los últimos 366 días.

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El año empezó fuerte con Blackstar de David Bowie. Un disco con pocas canciones (en una época donde parece que se venden al peso), pero todas interesantes y con algo que aportar. Después todo se torció… pero el álbum no hizo sino ganar enteros. Cada vez que alguno de sus temas saltaba en el aleatorio, me sentía triste y poderoso.

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Nothing’s real de Shura vendría a resumir todo lo que me ha ocurrido en 2016. Lo curioso es que empecé a escucharlo justo antes de que todo ocurriera, pero ya ahí intuí que algo importante se venía encima. Por suerte, en todo momento conté con esta banda sonora de lujo. Como si Madonna volviera a tener la frescura de sus inicios.

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La prueba de que lo mejor es no esperar nada. Me lo puse por curiosidad: los anteriores trabajos de Manel me parecían entretenidos sin más. En Jo competeixo me encontré una colección de temazos llenos de frases para coger fuerzas. Suenan a muchas cosas pero a la vez siguen siendo ellos. Tiene mérito.

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Recuerdo ver el póster en un pasillo mal iluminado del cine. Ya ese título me hizo vibrar, El porvenir. La película lo confirmó. Pero como tantas otras antes, me parece demasiado especial como para recomendarla. Como la protagonista, sé que tienes que estar en ese momento.

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Haberla visto dos veces en el cine con pocos días de diferencia ya dice mucho. La llegada es una historia sobre la comunicación, sí, pero también sobre aceptar las cosas tal cual vienen. Emociona, hace pensar, da pie a debates jugosos entre bocado y bocado. En la pantalla todo se ve tan sencillo…

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Una película diminuta, íntima, que yo consideré enorme. Me recordó a 10.000km, aunque La reconquista no sea tan devastadora. Joyas por las que merece la pena arriesgarse incluso si de primeras nada invitaría a la aventura.

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Fue de los primeros libros del año, lo leí a la par que tenía Blackstar de Bowie en bucle. En Demian encontré un confidente, un maestro, en realidad muchas cosas para las que no tendría nombre. Leer a Hesse siempre es como sentirse en casa en una casa nueva.

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Libros bonitos para días tontos. Adoro a Matthias Malzieu, por eso desde que salió este Diario de un vampiro en pijama lo busqué. Sin éxito. Después comprendí que es que tenía que leerlo en el día exacto. Seis horas de playa me duró. No sé si me creyeron que esas gotas en los ojos eran culpa del mar.

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Me fascina que hace 1.000 años, en la otra punta del mundo, una chica que vivía en la corte imperial escribiese sobre las mismas cosas que podríamos sentir ahora.  No sé si es un consuelo o una angustia. El caso es que El libro de la almohada tiene poesía en cada frase y una modernidad que jamás esperarías. Algunos pasajes me hicieron sentir que yo también estuve allí, viendo cómo más allá del biombo se fugaba un hombre hacia la siguiente conquista mientras el kimono del siguiente hombre ya asomaba por la ventana. ¿Quién sabe?

«La espera satisface más. Solo se es feliz antes de ser feliz.»
(El porvenir)

Fotografía: Théo Gosselin.

Someone that loves you

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Funcionábamos mejor con él separándonos. Llegamos a soñar que ocurriría lo contrario. Qué ingenuos nos veo ahora en vuestro dormitorio, ya solo tuyo, mientras exageramos gemidos a este lado de las sábanas que has apartado para no mancharlas. Esta torpeza no la podemos achacar a un tercer par de brazos, a otras piernas que obstaculizaban el preciado acceso. Ya no. Liberados, descubrimos tarde que sin él nos falta algo: ese gancho que le daba sentido al chiste. Tanto espacio en la cama para no saber qué hacer con él. Será que cuando puedes hacer lo que quieres ya no quieres.

Fotografía: Sometimes quickly, sometimes slowly.

Lonely holiday

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Ahora tengo que reconquistar los sitios que te enseñé. Pedazos de mi mundo, lo único que podía compartir contigo. Haré como con las canciones que me ponía de camino a nuestras citas: volveré a ellos para que vuelvan a ser solo míos. Quizás así el sofá blanco de ese bar deje de tener nuestra marca y ya no me esperes apoyado en el poste más alejado del metro, ni tampoco subas la cuesta deseando que un taxi nos separe a tiempo. Algún día no veré tu camisa entre el gentío de la plaza. Descubriré rincones para enseñarte cuando seas otro.

Fotografía: Sometimes quickly, sometimes slowly.

We can just be rockin’

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No llegamos a vernos pero creo que tú también estabas allí. Lo sé, demasiada gente como para encontrar a alguien. Demasiadas luces y muy poca luz; gritos, no palabras. Hubiera estado bien, sin embargo. Descifrar la marabunta, encontrar entre tantas canciones algún camino hasta el colchón. Escribir ahí un polvo memorable o susurrar una conversación de esas que ya pocas veces compartimos. En vez de eso, seguimos bailando con nuestros amigos sin disfrutarlo tanto como deberíamos, mirando el móvil de camino a otra copa para matar el tiempo, viendo cómo los demás miraban y eran más rápidos que nosotros.