Kelis – Flesh Tone

En lo que llevamos de 2010, sólo un CD me ha enamorado. Por ahora, claro. «Flesh Tone» es un disco corto pero intenso: 8 canciones (+ 1 intro). Y eso es bueno porque, para mí, los álbums cuanto menos relleno tengan, mejor (mi favorito ever es «Introspective» de Pet Shop Boys, que sólo tiene 6 temas… pero ¡qué temas!). Antes de empezar, quiero aclarar que apenas conozco la música de Kelis y que su famoso «Milkshake» me dejó indiferente. Rarito que soy. Pero me ha apetecido hacer esta review para aportar mi granito de arena y recomendar este gran CD.



INTRO
Después de un primer minuto de titubeos, nos encontramos ante un tema bastante flojo que no representa la grandeza del álbum. Un fallo. El primer track de un disco es su carta de presentación.
5/10


22nd CENTURY
Un ritmo que viene y va, una voz intrigante que te da la bienvenida al siglo XXII, donde todo el mundo está bailando. La canción crece pero nunca termina de arrancar. En cualquier caso, me parece muy resultona y el auténtico primer track de Flesh Tone.
7/10


4th OF JULY
No sé si este 4 de Julio es obra de David Guetta, pero lo parece. Cuando explota el estribillo, pienso en «Sexy Bitch». Pero más sofisticada, claro. Que «Sexy Bitch» me encanta pero el otro día una choni la llevaba de tono de móvil y quise morir. Volviendo a Kelis: es curioso el contraste entre la calidez de la melodía en el estribillo y todo lo demás, frío e implacable (especialmente esa voz masculina, casi militar).
8/10


HOME
Los temas bailables pero inmensamente tristes me vuelven loco. Y así es «Home». Te hace bailar, pero incluye un sample noventero que es épico y nostálgico a partes iguales. No tengo la letra delante, pero quiero imaginar que la canción va de ese momento que llegas a casa solo, la música aún retumba en tu cabeza, y piensas en cuánto prometía la noche y qué poco ha dado de sí. Y quieres descansar abrazado a alguien, pero sólo te espera una cama fría. Y oyes de fondo unas campanas fúnebres, qué mal rollo.
9/10


ACAPELLA
Supe que sería el temazo de 2010 desde que se filtró a finales de 2009. Pensaba que me cansaría pronto de ella, pero no. Mejora con cada escucha. Una metáfora poderosa (la vida es acapella hasta que conoces a Él/Ella), marcada por un ritmo contundente ante el que es imposible no bailar, por poco que sea, aunque estés en público. Tremendamente bella.
10/10


SCREAM
Cualquier canción después de Acapella me parecería una mierda, así que ya hace bien en poner una normalita que intenta sin éxito ser «When Love Takes Over». Pero tampoco está tan mal, oye. Un poco «American Life», también: fragmentos acústicos mezclados con trozos estridentes. Todo el disco juega con los contrastes (entre la letra y la producción, entre instrumentos dulces con sintetizadores ruidosos, voz dulce y voz vocoderizada…), y aquí se hace aún más evidente.
8/10


EMANCIPATE
Carnaval del siglo XXII. En serio, empieza esta canción y me imagino un desfile de Carnaval, con carrozas voladoras y robots moviendo sus tetas metálicas y sus plumas al ritmo de la música. Me encanta.
9/10


BRAVE
Temazo de autoafirmación. Para darte un chute de autoestima. Necesitamos más canciones así. Las arrugas de la música suben y suben y quisieras restregárselas por la cara a todo aquel que te haya hecho daño. Es muy adictiva, y si no estuviera Acapella, sería La Canción del álbum. I was super cool but now I’m super strong.
10/10


SONG FOR THE BABY
La canción más luminosa del disco. No me convence como cierre, pero es divertida y bonita. Deja buen sabor de boca, que ya es mucho.
8/10

Paolo Giordano – La soledad de los números primos

Este Sant Jordi, Enric me regaló dos libros. Como siempre le cuesta elegir uno para mí (como librero que soy, él sabe que libro que quiero, libro que cojo), esta vez el que más quería («Henders») me lo compré yo mismo y a él le di un montón de libros que me apetecían, para que de entre todos ellos eligiera uno y así fuera relativamente sorpresa. Y me sorprendió con sus dos elecciones: «Un mundo feliz» (que siempre he querido leer, este tipo de ciencia ficción con futuros distópicos me encanta) y «La solitud dels nombres primers».

Mi historia con este último libro es curiosa. Salió el año pasado, en Marzo, cuando yo ya empezaba a preparar los pedidos de ese Sant Jordi. No conocía el libro (es imposible seguir la pista ante la contínua avalancha de novedades), me lo presentó un comercial y me pareció interesante, así que lo pedí. En Italia había arrasado en crítica y público y la historia prometía. Un chico y una chica solitarios, condenados a encontrarse y desencontrarse a lo largo de su vida.

Al principio, nadie le hacía mucho caso. Ahí estaba, en el escaparate, solo y acumulando el polvo de los coches. Cogí un ejemplar para mí, y empecé a leerlo en casa. Tuve tiempo de leer apenas tres o cuatro capítulos (que me entusiasmaron), porque de repente la gente se interesó por él, nos quedamos sin ejemplares en la tienda y la primera tirada estaba agotada, así que bajé el libro otra vez a la tienda para tener alguno que vender. Al final en Sant Jordi recibimos muchos más y vendió bien, aunque quedó a la sombra de Millenium y otros libros más mediáticos. Una lástima.

Recuerdo que una de las chicas que lo compró fue por recomendación mía. Ella quería un libro para regalar a su exmarido, con el que deseaba reconciliarse a pesar de los problemas que habían tenido (infidelidades por parte de ella y demás). Y mi intuición me llevó a recomendarle éste. Ahora mismo no sé si hice bien. En el fondo, sospecho que sí. No creo que se reconciliasen, pero el libro era el adecuado.

Desde entonces, otras lecturas se han cruzado en mi camino y en todo un año no he podido retomar el libro. Así que cuando Enric me lo regaló hace una semana, sentí que el círculo se había cerrado. Lo volví a empezar lentamente, poco a poco me fui enganchando, y entre ayer y hoy me he leído las últimas 150 páginas.

A lo largo de mi vida, habido muchos libros que me han gustado, bastantes que me han entusiasmado, y sólo unos cuantos de los que no me desprendería jamás. Pero en realidad, muy pocos me han agarrado el corazón, estremeciéndome con esa dulce congoja página tras página, cada frase un nuevo pinchazo que podrías haber escrito tú pero no lo has hecho, cada palabra una botella que alguien te manda desde su propio abismo. Libros con los que conectas porque te conocen y hablan de ti, de tus miedos e inseguridades, de tus sueños, de tu futuro y de tu pasado. Libros que sabes que revisitarás a lo largo de los años y siempre te provocarán la emoción de un nuevo primer amor que no acabó bien.

Hoy, «La soledad de los números primos» pasa a engrosar esta pequeña lista, en las que hay libros como «El día que murió Marilyn» de Terenci Moix, «Nunca me abandones» de Kazuo Ishiguro y «Crónica del pájaro que da cuerda al mundo» de Haruki Murakami. Se lo recomiendo a cualquiera que haya conocido la soledad. Que se haya enfrentado a ella con miedo, sabiendo al mismo tiempo que es imposible (e inútil) escapar de ella, que a menudo esa soledad es un refugio que nos construimos como mecanismo de autodefensa, un refugio de espinas que acariciamos con cariño. A cualquiera que no quiera o no sepa hacer con su vida lo que hay que hacer, lo que se espera que uno haga. A cualquiera que sepa que se puede estar solo en compañía, y que eso no es necesariamente algo malo. A cualquiera que sepa que la persona de tu vida no es necesariamente la persona con la que tienes que compartirla.

Con un estilo casi clínico, que sugiere más que describe, a través de sus gestos y de lo que no dicen, vamos conociendo a estos dos inadaptados (o mejor dicho: adaptados a su propio mundo), les vemos crecer y aprender a vivir (o intentarlo, al menos). Hay escenas durísimas (la de la cena y el baño, por ejemplo); no es un libro que recomiende a todo el mundo, porque no a todos les gusta sentir el corazón en un puño, no todos entenderán la humana torpeza de estas dos personas que chocan una y otra vez con los muros de su propia angustia. Pero para quién sepa apreciarlo, esta sensación de comprender a Mattia y Alice será espléndida.

Y sólo puedo darle las gracias a Paolo Giordano por haber escrito esta pequeña maravilla. Espero con ansias su siguiente obra.

Retro-review: Mechanical Animals de Marilyn Manson

Guiado por la buena acogida que tuvo mi retro-review del disco Gloria! de Gloria Estefan, esta vez me gustaría reivindicar otro disco noventero (aunque yo no lo descubrí hasta 2001), y que al igual que el álbum de la cubano-miamense, es uno de mis discos favoritos ever y que más me han marcado en la vida. Hablo de Mechanical Animals, de la diva Marilyn Manson.

Tras coquetear con el satanismo en «Antichrist Superstar», Manson se reinventó a sí mismo con una imagen de extraterrestre andrógino y un sonido petardo, electrónico, con tintes de glam-rock. Es su álbum más comercial y más accesible, y quizá por eso el que más me gusta. Es una lástima que Marilyn Manson muriera después de lanzar aquel recopilatorio, y ahora un emo de tres al cuarto lo esté suplantando, pero la vida es así.

01. Great Big White World
Arrancamos con un medio tiempo muy de empezar disco. Cálido y envolvente, es un tema sobre la pérdida de identidad. Vivimos en un mundo blanco y anodino.
02. The Dope Show
Mi canción favorita del álbum. Es muy David Bowie, muy glam. Incluso diría que la voz me pone cachondo. Empieza lenta y va ganando contundencia, con guitarras distorsionadas, baterías ahogadas, apuntes electrónicos aquí y allá, pedorretas… El ritmo cambia constantemente, viene y se va, sube, se interrumpe. Un viaje por la locura de las drogas.
03. Mechanical Animals
Esta canción siempre me ha parecido de las más flojas del álbum. No está mal, pero vamos, ni fu ni fa.
04. Rock Is Dead
Canción que roza el pop más indecoroso, con un estribillo pegadizo y machacón. Rock is deader than dead, shock is all in your head, rock lalalalala, rock lalalalala. Si no recuerdo mal, formó parte de la banda sonora de Matrix. Me encanta.
05. Disassociative
Canción emo: que solo estoy, cuanto sufro, qué malo es el mundo, etc. Pero me encanta. Yo es que tengo un pasado emo, antes de que los emos nacieran.
06. The Speed Of Pain
Balada psicodélica con backing vocals de Niki Harris, una de las coristas de Madonna. Empieza casi country, luego ya llegan los vocoders y efectos especiales. Preciosa.
07. Posthuman
Este temazo es arrollador y me vuelve absolutamente loco. Bailable a más no poder (si por bailable entendemos dar saltos, puñetazos y patadas y acabar con todo y gritar como un poseso God is just a statistic!). Tiene incluso un bajón a lo Stuart Price.
08. I Want To Disappear
Otro tema con letra emo, pero con un estribillo irresistible.
09. I Don’t Like The Drugs (But The Drugs Like Me)
Me encanta esta canción, uno de los estribillos más perfectos de la historia, potenciado por unos coros necesarios. La letra me parece inteligentísima. A menudo, odiamos el producto que nos crea adicción: sabemos que tiene mal sabor, o que es nocivo, o que no aporta nada… pero ahí estamos, enganchados.
10. New Model No. 15
Me recuerda a Garbage. A las buenas canciones de Garbage, quiero decir. Que haberlas, haylas.
11. User Friendly
A veces me olvido de esta canción, quizá porque esta tan al final del disco. Pero es un temazo. Empieza con un petardísimo «do-do-do-do» y contiene una frase de las que hacen historia: I’m not in love, but I’m gonna fuck you til somebody better comes along.
12. Fundamentally Loathsome
Tema intimista. Imaginaos a Sheryl Crow borracha en un bar de carretera, abandonada por su hombre y por la vida.
13. The Last Day On Earth
Otra canción emo. Tengo un límite, y ésta ya lo rebasa. No me gusta.
14. Coma White
Típica canción de cerrar disco. Es una de las favoritas de los fans, a mí nunca me ha entusiasmado. Pero bueno, está bien, y concluye de forma satisfactoria el viaje por el mundo de las drogas. Quizá sin las canciones 12 y 13, que alargan demasiado el disco, apreciaría más Coma White.

Y aquí termino esta review de un disco que os sorprenderá. Glam-rock de tintes electrónicos y con algunos estribillos muy, muy pop. Y tiene una de las mejores portadas de la historia.

Heavy Rain: la mejor película de 2010 y el juego más emocionante de la historia


La semana pasada salió a la venta uno de los títulos más esperados de PlayStation 3. La expectación era altísima, incluso desmesurada (en inglés expresan mejor este sentimiento: hype). Desde su presentación, nos habían mostrado un juego casi fotorrealista, con espectaculares expresiones faciales y mucho secretismo entorno al argumento, del que sólo sabíamos que hay un asesino en serie y que la historia cambiaría según tus decisiones, se adaptaría a ellas.

Demasiado bonito para ser verdad. Cuando se crean tantísimas expectativas (con un libro, con una película, con un juego…), rara vez se cumplen. El hype es tan alto, que difícilmente, por bueno que sea el producto, podrá estar a la altura. Y sin embargo, estos últimos días he comprobado cómo a veces, las expectativas pueden quedar pulverizadas ante una obra maestra. Porque eso es Heavy Rain: una obra maestra.
Podría acabar aquí este humilde análisis, pero daré más detalles. No estamos ante una mera película interactiva, o no sólo estamos ante esto, como aseguran ciertas críticas. Estamos ante un juego con todas las letras. Interactúas con el entorno, tomas decisiones, permanentemente se ponen a prueba tus reflejos, tu habilidad y tu precisión. Hay aspectos mejorables, como el movimiento del personaje, pero es un fallo que se perdona debido a los cambios de plano continuos que hay en cada escena.
Hace unos días jugaba a Silent Hill: Shattered Memories, un título al que nadie le ha puesto en duda que sea un juego, y eso que el personaje se limita a avanzar por pasillos en línea recta abriendo una puerta tras otra y algún que otro armario, esquivando enemigos y resolviendo unos 10 «puzzles» simplones. Fin.
En Heavy Rain, en cambio, las posibilidades son casi infinitas, y cualquier pequeño gesto puede acabar dando un giro significativo a una situación posterior. Hay momentos de vida o muerte, hay fases de conducción y de disparos, hay persecuciones y enfrentamientos, hay puzzles, hay minijuegos. De todo y más. Pero integrados de una forma tan natural y elegante, que a menudo te olvidas de que estás jugando. Porque lo estás viviendo. Es el juego más inmersivo al que he jugado jamás (y llevo más de 25 años en el mundillo).
Un pequeño ejemplo: en cierta escena, estás interrogando a un sospechoso. El escenario es lúgubre, la situación es tensa. Necesitas al sospechoso vivo para sacarle una posible información, eres consciente de ello. Entre pregunta y pregunta, la cosa se caldea, el sospechoso se lleva la mano al bolsillo… y tu reacción seguramente sea disparar. No querrás, pero lo harás, tu dedo apretará el gatillo R1 casi por reflejo, por culpa del susto. Y entonce el sospechoso morirá de un simple disparo. Ya no habrá marcha atrás (al menos, no hasta la siguiente partida). Así ocurren las cosas, y así de real es Heavy Rain. Nada de contadores de vida y enemigos que lo aguantan todo. Aquí, las decisiones son decisivas y tienes que tomarlas en milésimas de segundo, porque así lo harías si estuvieras en esa situación.
Gráficamente, el juego tiene sus contradicciones. Los personajes protagonistas a ratos parecen casi reales, pero algunas animaciones son demasiado rígidas, y los escenarios no siempre están a la altura, aunque lo maquillen con buenos efectos, como la lluvia o la iluminación. No es el juego fotorrealista que parecía en los tráilers, pero ojo, visualmente sigue siendo un título que impacta. A destacar también los planos, totalmente cinematográficos, siempre cambiando para ofrecerte la perspectiva más útil en cada momento (útil no sólo desde el punto de vista jugable, también a nivel emocional).
Pero si por algo destaca Heavy Rain es por su argumento. Cuatro protagonistas cuyas vidas se entrecruzan en una ciudad siempre lluviosa, cubierta por un cielo de cemento, una ciudad atemorizada por un asesino, el Asesino del Origami, que ataca a los más débiles: los niños. Un padre atormentado, un detective privado, un policía recién llegado y una periodista con insomnio se enfrentarán al misterio por diversos motivos y desde diferentes ángulos. A lo largo de su aventura, cada uno irá tirando de los hilos a su manera, usando sus propios medios, y encontrando nuevas piezas del puzzle que desenmascarará al asesino. Los personajes también evolucionarán, enfrentándose a sus propios demonios.
Pero lo más es importante es que las acciones de los personajes repercutirán en la investigación de los demás, y en su forma de relacionarse entre ellos. Esconder una caja debajo de la cama, matar o no matar, resolver a tiempo un reto, la forma de resolverlo, decir una cosa u otra, tomar una decisión difícil… todo, irá modificando la trama. Sólo al llegar al final, te darás cuenta de todas las decisiones que has hecho y que te han llevado a ese desenlace, a tu desenlace. En varios foros, he leído los finales de decenas de personas… y ninguno ha coincidido con el mío. Hay puntos en común, claro, porque la trama básica (principalmente: la identidad del asesino, sus motivos, y las formas de desenmascararlo) se mantiene… pero más allá de eso, hay infinidad de resoluciones posibles. El trabajo de guión debe haber sido inmenso teniendo en cuenta que la historia dura unas 9 horas (así que, más que película, hablamos de miniserie), y que hay tantísimas variables.
Heavy Rain es un producto adulto, heredero de clásicos modernos como Seven, Saw o El silencio de los corderos. Pero sobre todo, es un producto valiente, que rompe tabús de los vídeojuegos, mostrando desnudos, mostrando sexo, mostrando situaciones crueles, mostrando personajes humanos e imperfectos, recreándose en detalles «menores» como las emociones de un padre cuidando a su hijo una tarde cualquiera: repasas sus deberes, le haces la cena, le llevas su osito de peluche antes de dormir.
Como ya aventuraba al principio, lo mejor de Heavy Rain no es su jugabilidad, no es su argumento, no son sus gráficos, no es su música ni su increíble doblaje (sobre todo, el original inglés). Es todo el conjunto. La forma cómo han conseguido que nada chirríe, que cada elemento del juego esté ahí para que te sumerjas en la historia, en los sentimientos de los personajes, en sus dilemas. Un increíble ejercicio narrativo y estilístico que debería estudiarse en las academias de cine y guión, y un ejemplo a seguir para los vídeojuegos. Es una experiencia obligatoria, aunque desde luego no le gustará a todo el mundo. No estás jugando ni viendo una película. Estás viviendo con Ethan, Scott, Norman y Madison. Tomando decisiones difíciles bajo una lluvia densa, oscura, implacable.

Invizimals – Hazte con todos!

Ayer me compré Invizimals (PSP), uno de los juegos portátiles más originales que han visto mis ojos. Y encima, desarrollado por Novarama, una empresa de Barcelona. Coge el concepto Pokémon (cazar y coleccionar bichos para después utilizarlos en combates contra otros bichos) y lo expande mediante una peculiar característica: los bichos de «Invizimals» se materializan en tu habitación (o el lugar donde estés jugando) gracias a la cámara conectada a la PSP.

Cada Invizimal se caza de una forma distinta: aplastándolo con la mano, consiguiendo que choque contra la cámara, lanzándole bolas de fuego, escondiéndote detrás de un arbusto y gritándole para que se asuste, bloqueándole el paso con la mano, inclinando la consola para que ruede, acariciándole… Puedes mover la cámara, que los bichos rotarán en la pantalla como si realmente estuvieran presentes en tu cuarto. Han conseguido una realidad aumentada casi perfecta.

Una vez has cazado a un Invizimal, puedes utilizarlo para enfrentarte a otros, cumplir misiones, participar en torneos, e incluso luchar contra otros jugadores humanos a través de internet.

Llevo unas cuantas horas con el jueguecito de marras y no dejo de alucinar con lo que han conseguido los chicos de Novarama. Poner los bichos en la palma de tu mano mientras están luchando y girar la cámara a su alrededor, o gritarles para que se asusten, o tocarles para que se enfaden y ataquen… no tiene precio.