Intouchables

Basada en un historia real, diferencia de clases (hombre rico contrata a un joven de los suburbios), un tetrapléjico y su cuidador… ¡Espera! No huyas, vuelve. Intocable coge un material que se prestaría a todos los tópicos habidos y por haber, toda la pastelada posible con tal de arrancar las lágrimas de rigor al jurado de la Academia que tendría que nominarla a todos los Oscar. Pero no es una película de Hollywood sino francesa. Por eso se atreve a mezclar el drama con un humor muy fresco, a veces incluso muy negro. Trata las cosas de frente, sin sensiblería barata y te ríes gracias a la licencia que te da el saber que, al fin y al cabo, es una historia real.

De primeras, no parece que haya un educador menos idóneo que Driss (Omar Sy): descuidado, juerguista, ligón, alguien que se salta todas las normas y protocolos, basto. Pero todo eso es lo que le gusta a Philippe (insuperable François Cluzet). Le gusta por ejemplo que Driss le tienda el móvil, olvidando que no puede cogerlo. Le gusta que no le trate como «alguien en su estado». Porque es tetrapléjico pero está vivo. Y eso lo olvida su entorno demasiado a menudo.

Intocable te remarca cómo siempre acabas conociendo a alguien que te anima a ser más tú que nunca. A hacer las cosas que nunca harías pero siempre querrías haber hecho. Fumar, bailar, correr, volar, comer, ver el mar, mandar fotos, sonreír, hacerte valer, pasear de noche, conducir a toda velocidad, escuchar Earth Wind & Fire, pintar tu primer cuadro, esperar, confiar, reír. Los amarillos de Albert Espinosa.

No te la pierdas. Te enamorarás de sus protagonistas, te encariñarás de su galería de secundarios (¡el ama de llaves!), desearás que las dos horas que dura hubieran sido cuatro y sobre todo saldrás del cine con una sonrisa de oreja a oreja: ganas de comerte el mundo, un «todo es posible» mayúsculo. Pocos placeres iguales encontrarás por el precio de una entrada de cine.

Journey

Journey lleva meses levantando expectación, y eso que los datos llegaban con cuentagotas. Era una expectación merecida. Thatgamecompany se ha labrado cierto prestigio gracias a sus no-juegos («experiencias zen», los definen ellos) para PS3: el adictivo flOw en el que encarnabas a un microorganismo luchando por sobrevivir en un medio hostil y el hipnótico Flower, en el que manejabas la brisa recogiendo pétalos para devolver el color a unos escenarios apocalípticos. Con estos antecedentes, la duda lógica: ¿qué es Journey? ¿Un juego? Sí. ¿Un experimento? También. La experiencia más zen de todas. Literalmente, además. Y por eso, este título no gustará a todo el mundo, pero todo el mundo debería probarlo. Sentirlo como mínimo una vez.

Despiertas solo en el desierto. A lo lejos, una montaña iluminada. Nadie te lo indica, pero echas a andar hacia ella. La vida es eso: una cadena de intuiciones. Avanzar porque, de algún modo, sabes que solo así aprenderás, descubrirás, vivirás. El camino es bellísimo (¡qué colores, qué arena, qué iluminación!). Y tiene sus dificultades, claro: dunas entre las que orientarse, ruinas que explorar, enemigos que evitar, montañas que escalar. Pero será, precisamente, gracias a cada uno de esos obstáculos, que aprenderás algo de ti mismo. La victoria más útil: has mejorado. Te sientes vivo. O mejor dicho: te sientes recompensado por estar vivo.

Por el camino, se perdieron muchos compañeros que desistieron de ir a tu ritmo. Y entonces llegará alguien con quien te compenetres a la perfección. Alguien que por su cuenta, en otras partidas, ha mejorado también, ha acumulado experiencia, ha aprendido a confiar en sus intuiciones. Para comunicaros no necesitaréis palabras, ni gestos. De hecho, ni siquiera sabréis vuestros nombres. Eso ya no importará. Habréis desarrollado un sentido más perfecto: la compenetración. Te adelantarás a lo que el otro necesita y él te enseñará cómo llegar hasta todas las cosas nuevas que tenías a tu alcance y no lo sabías. Y avanzaréis juntos. La montaña sigue en lo alto. Lucharéis contra el viento. Os daréis fuerzas cuando todo parezca perdido.

Olvídate de puntuaciones, objetivos, duración, expectativas, prejuicios, amortización, precio. Disfruta del camino. Simplemente eso. De la compañía, también. De cada paso que des en la arena. Hinca bien los pies, confía en ti, ábrete, explora: es tu momento. Bienvenido a Journey.

Kenneth Bernard – Entre los archivos del distrito

«La verdad siempre estaba presente;
solo hacía falta percibirla.»

Segundo libro de Errata Naturae en llegar a mi colección. Éste acaba de salir. En los créditos lees que en Estados Unidos se publicó en 1992: veinte años se ha tomado esta joya en desembarcar en castellano. Lo bueno se hace esperar, ya lo dicen, pero es que este libro es demasiado bueno como para que hayas tenido que esperar tanto. Un futuro distópico, mezcla de 1984 y del mejor Franz Kafka, que como siempre ocurre con la buena literatura, te habla de ti, de tu momento presente. Tampoco tienes otra cosa, ¿verdad?

Los capítulos de Entre los archivos del distrito son, en teoría, entradas de diario pero más bien me parecen cuentos casi independientes. Eso sí, cada capítulo funciona (tiene más fuerza) gracias precisamente a todos los que les preceden. Te adentras en un mundo extraño, extrañamente familiar, el de las obsesiones cotidianas de John: qué cola irá más rápido en el banco, los vecinos huraños, el cambio de la actitud de las cajeras que ya no ponen los productos dentro de las bolsas de plástico, entrar en un club funerario cuando la muerte se acerca… Apenas se justifican las cosas. Todo es así porque así está decidido que sea.

Pero el protagonista no se resigna. Se atreve a ser rebelde con sus pequeños gestos. La rebeldía de abrir los ojos, observar, poner en duda, permanecer vivo, ser siempre subjetivo, mover los brazos como una gaviota… La transformación de John a lo largo del libro es tan espectacular, es tan sutil y está tan bien escrita, que no cambiarías ni una coma, todas las palabras son exactamente las que tienen que ser. Aplaudo la traducción de Carmen Torres García. Pocas veces he tenido esta sensación de que un libro me llega traducido tal y como se escribió.

Y en realidad, me parece muy acertado que se publique Entre los archivos del distrito justo ahora. Es necesario recordar la importancia de nuestras acciones individuales. Una de ellas, quizá la más importante, la decisión de ser feliz. Contra eso nadie te podrá vencer, porque tu sonrisa es tuya. En cualquier parte, en cualquier momento. Ahora.

Tal y como he visto la historia en la piedra, veo la belleza en los escombros. Creamos nuestras propias fronteras, nuestros propios límites. Toda belleza, exagerada, es fea. Nuestros ojos son como microscopios y telescopios. Se posan donde quieren, o bien donde los dirigen, y alimentan el celebro con su medida. Me encantan los márgenes. (Página 207)

Good Old War – Come Back As Rain

Fue empezar a escuchar este disco y llegar antes de hora la primavera. Me viene bien este calorcillo, para qué decir otra cosa. Pasear sin chaqueta como si las calles fueran parques y encontrarme cada dos pasos a alguien apoyado en un poste o un alféizar, con los ojos cerrados, la cara hacia el cielo, recibiendo el sol con una sonrisa de oreja a oreja. Barcelona en primavera es un poquito más Barcelona.

Desde hace unos meses, escucho bastante de eso que se conoce como folk-pop: Cocoon, Kings Of Convenience, Noah And The Whale… No es que crea en las etiquetas. Es que se trata de música que me viene fenomenal para escribir. Y que además me anima. Melodías desenfadas, de mucho sol, guitarra en mano, cantadas generalmente por chicas y chicos monos, voces entrelazadas, armonías, letras positivas y las caderas que se te mueven, y de repente silbas porque estás feliz y te apetece contagiárselo al mundo.

Eso mismo es lo que transmite este disco, el tercero ya, de Good Old War. Lo lanzaron la semana pasada, presagiando ya no solo la primavera, también el verano. Reflejan esa sensación de sentirse bien, de «buen tiempo pase lo que pase» en la portada y en las fotos promocionales: una campiña bajo un sol que invita a ir de picnic cuanto antes. Pronto sonarán en Cougar Town, lo sé. A destacar la edición especial del disco, con once postales, una para cada canción, con foto y letra. Da gusto comprar ediciones así.

Es un disco tan homogéneo que si te gusta una canción te gustarán las demás. Ideal para escuchar en la terraza leyendo, en la playa rebozándote en la arena, en el parque jugando, en la calle saltando, en la campiña comiendo, en el coche contemplando el paisaje que se acerca. No destacaría ninguna canción porque todas me iluminan por igual, pero para que te hagas una idea, pondré Better Weather. Puedes escucharlas todas gratuitamente en su web oficial. Optimismo contracorriente, no te hundirá nada ni nadie, mañana hará sol aunque llueva.

«Maybe tomorrow the storm will blow over
The river won’t overflow
Nobody knows what tomorrow will bring
That’s why we rely on hope

Oh, we’ll pray for some better weather
Oh, we’ll pray for some better weather»

Waiting for forever

Diría que esta película no se ha estrenado en España (todavía). Me habría fijado en su póster: llama la atención. Ese corazón saliendo de un sombrero que no es la chistera de un mago pero podría serlo. El gesto del chico: «Así de fácil». La expresión de ella, indescifrable. Y ese título. 

Waiting for forever no es la típica comedia romántica. Si es que ese género sigue existiendo, porque todo lo que veo ya se sale de la norma (¡y que dure!). Hay comedia y hay romance, claro, pero aquí el clásico «chico conoce» a chica se sustituye por un «chico persigue a su amiga de la infancia» cuyo alcance completo tardas en comprender media película. El guión se toma su tiempo para desnudarse al completo y llegar a la escena que en otra película habrías visto a los cinco minutos. Pero es que solo así llegas a entender la complejidad de lo que ocurre. Por qué a Will necesita tanto hablar con Emma pero se asfixia cuando lo intenta.

Eso sí: ya en sus títulos de crédito habrás notado que estabas ante algo especial, con un uso potente del flashback, una canción que parece hecha para ese momento (lo está: se titula Worlds Apart y la compusieron para la película junto a otra aún mejor que descubriréis al final) y esa euforia de Will (un carismático Tom Sturridge).

La magia de Will desequilibrará al resto de personajes. No es que sea exactamente mago: es que cree en la magia, el amor, los sueños, la visualización, la atracción y todas esas cosas que su hermano banquero no puede comprender. El resto de personajes (un colorido elenco de secundarios que darán pie a más de una escena memorable) tendrán que decidir su bando: ¿creen en esa magia invisible pero palpable de la que habla Will o piensan que las cosas son simplemente como parecen? «¿Y tú qué piensas, espectador? ¿Está loco Will?», se diría que te pregunta la película escena a escena.

Amar no es lo mismo que amar bien. Eso lo aprendes luego. Que amar ya de por sí es un regalo, y que ese regalo lo tuerces cuando exiges algo a cambio. Tú ama, dedícate a lo tuyo, estate por ti, confía que las cosas siempre fluyen, sigue activando la magia a tu manera… y lo que tenga que llegar, ya llegará. No esperes. O mejor, espera sin esperar nada. La puerta entreabierta y el entusiasmo liberado.

«Truth is nothing. What you believe to be true is everything.»