Kenneth Bernard – Entre los archivos del distrito

“La verdad siempre estaba presente;
solo hacía falta percibirla.”

Segundo libro de Errata Naturae en llegar a mi colección. Éste acaba de salir. En los créditos lees que en Estados Unidos se publicó en 1992: veinte años se ha tomado esta joya en desembarcar en castellano. Lo bueno se hace esperar, ya lo dicen, pero es que este libro es demasiado bueno como para que hayas tenido que esperar tanto. Un futuro distópico, mezcla de 1984 y del mejor Franz Kafka, que como siempre ocurre con la buena literatura, te habla de ti, de tu momento presente. Tampoco tienes otra cosa, ¿verdad?

Los capítulos de Entre los archivos del distrito son, en teoría, entradas de diario pero más bien me parecen cuentos casi independientes. Eso sí, cada capítulo funciona (tiene más fuerza) gracias precisamente a todos los que les preceden. Te adentras en un mundo extraño, extrañamente familiar, el de las obsesiones cotidianas de John: qué cola irá más rápido en el banco, los vecinos huraños, el cambio de la actitud de las cajeras que ya no ponen los productos dentro de las bolsas de plástico, entrar en un club funerario cuando la muerte se acerca… Apenas se justifican las cosas. Todo es así porque así está decidido que sea.

Pero el protagonista no se resigna. Se atreve a ser rebelde con sus pequeños gestos. La rebeldía de abrir los ojos, observar, poner en duda, permanecer vivo, ser siempre subjetivo, mover los brazos como una gaviota… La transformación de John a lo largo del libro es tan espectacular, es tan sutil y está tan bien escrita, que no cambiarías ni una coma, todas las palabras son exactamente las que tienen que ser. Aplaudo la traducción de Carmen Torres García. Pocas veces he tenido esta sensación de que un libro me llega traducido tal y como se escribió.

Y en realidad, me parece muy acertado que se publique Entre los archivos del distrito justo ahora. Es necesario recordar la importancia de nuestras acciones individuales. Una de ellas, quizá la más importante, la decisión de ser feliz. Contra eso nadie te podrá vencer, porque tu sonrisa es tuya. En cualquier parte, en cualquier momento. Ahora.

Tal y como he visto la historia en la piedra, veo la belleza en los escombros. Creamos nuestras propias fronteras, nuestros propios límites. Toda belleza, exagerada, es fea. Nuestros ojos son como microscopios y telescopios. Se posan donde quieren, o bien donde los dirigen, y alimentan el celebro con su medida. Me encantan los márgenes. (Página 207)

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