Step by step, brick by brick

Como en la canción, me apetecía montar algo. Pieza a pieza. Sentir el placer único que produce el acto de montar. Aunque tengas que seguir las instrucciones paso a paso, sientes que estás creando algo. Que eres capaz. Es la misma emoción que acariciabas de niño cada mañana de Navidad, cuando gracias a tus manos cobraban vida los castillos de Lego. Ya no estaban en un anuncio, ahora se desplegaban en el suelo del comedor. Olvidabas incluso que no te hubieran regalado el castillo más grande sino el mediano: daba igual, lo estabas creando y era tuyo.

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Así que para mi cumpleaños, pedí un Nanoblock. Una especie de Lego japonés con las piezas pequeñas. Un Lego de adultos, si eso es posible. Al fin y al cabo, perseguía sentirme como un niño.  Sigue leyendo

No más Myolastan

La sientes crecer en tu interior. Sabes que no traerá nada bueno, pero la dejas crecer. No es la primera vez. A menudo te has visto en trances similares. Cierras los puños hasta que duele. Resoplas. Hagas lo que hagas, seguirá creciendo. Lo sabes. Igual que crecen y crecen tus latidos. Deseas que al menos pase rápido. Se te nubla la vista. El estómago da un vuelco.

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¿Qué ocurrirá después? Cuando ya no haya marcha atrás. Cuando todo se derrame y lleguen los gritos. Sigue leyendo

A new day has come

En los estantes del supermercado nuevo, no tienen algunos productos a los que estaba acostumbrado. Poco o mucho, siempre asusta probar algo distinto. A mí sí, al menos. Pero aunque tenga que cambiar de gel de baño o de marcas de comida, prefiero que me traten bien las dependientas simpáticas. Iba siendo hora de pensar en mí.

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Hay cambios pequeños, hay cambios trascendentales, hay cambios que parecen (solo parecen) insignificantes. Todos dan vértigo y algo de pereza. Todos son necesarios para avanzar. Porque paso a paso, te acercas a esa persona que quieres ser, ese lugar donde quieres estar. No hay prisa pero sí muchas ganas, y las ganas siempre te propulsan más allá. ¿Ya te lo vas creyendo?  Sigue leyendo

If you could read my mind

No comparten sus problemas, los japoneses. Los consideran una especie de enfermedad contagiosa. Al menos, eso me contaron hace unos días. Yo no creo que sea bueno guardarse ciertas cosas para uno mismo, pues se corre el riesgo de estallar, pero sí comprendo el punto de partida.

Y es que a menudo, de tanto compartir dudas, estas crecen, se multiplican. Esperabas el consejo perfecto y solo cavaste una zanja más honda en la que perderte. Causando además preocupación en los demás, preocupación innecesaria si finalmente la tormenta pasa de largo. ¿Sería mejor colocarnos la máscara del «todo va bien» hasta que, de una manera u otra, podamos prescindir de ella? Sigue leyendo

Passing birds

¿Puedes pararte en el movimiento? Sería la única forma de conseguir una cosa y su opuesta. Porque me voy dando cuenta de que lo anhelamos todo. Una vida estable y agitada, disfrutar de nuestra soledad con el apoyo incondicional de una pareja, alguien que diga un sí taimado y también alguien que lo grite más fuerte. Lo queremos todo sin comprometernos a nada. Una libertad a medias en la que sentirnos cómodos.

Supongo que no podemos evitarlo. Nos dijeron que soñando todo ocurriría y lo creímos a pies juntillas. Y soñamos, y llegaron cosas, y siguieron apeteciéndonos otras. Contradicciones de la vida moderna cuando todo debería ser más sencillo.

Desde fuera, todo se ve tan claro. Ella debería apartarse de su ex, él tendría que apostar por la opción segura, el otro podría terminar de una en una sus historias en vez de pretender abarcarlas todas. Pero puede que solo estén, estemos jugando. Aprendiendo malabarismos. Y quizás esté bien así, porque si no hemos venido a jugar, ¿qué hacemos aquí?