Then we start to believe in something

Me gusta escribir con música. Me gusta que la energía de las canciones se transmita a las frases, a las palabras. No sé si lo consigo, pero sé que lo intento: me imagino la escena como en esa película que me gustaría dirigir, cada gesto transmitendo lo que para mí evoca la letra y cada movimiento de cámara acompañando las variaciones de la melodía. Es como un baile que procuro trasladar de mi cabeza a la página en blanco. Deseando siempre que el lector pueda sentir la música aunque no la conozca. Que así las escenas se muevan igual que mis dedos bailaban escribiéndolas.

Las canciones del mp3 de Leo jugaban un papel importante en El mar llegaba hasta aquí. Fue uno de los aspectos más controvertidos de la novela: hubo quien entró en el juego, hubo quien desconectó. Me consta y lo entiendo. Para la siguiente novela que estoy escribiendo, llegué a plantearme prescindir de algo por lo que aposté tan fuerte en mi primer libro. Finalmente las canciones se han colado por la radio del coche en el que huyen los dos protagonistas.

Tengo una playlist para escribir por las noches. Hay canciones que no «sonarán» en el libro pero que sí me inspiran el ritmo exacto de las teclas. Es el caso del disco Territory de The Blaze. Lo descubrí casi a la vez que retomaba este proyecto con ganas tras un letargo. Sus canciones contundentes, incluso violentas, pero teñidas de emociones imparables son justo lo que buscaba mientras acabo de pulir el manuscrito. Esos latidos electrónicos son también los míos.

La música es escapismo, es energía, es introspección, es felicidad, es dejarse llevar, poder con todo, lo saben mis protagonistas, se lo confirma la música que les guía en el desierto, y ahora me toca a mí plasmarlo en el papel para que, si no todos los lectores, al menos algunos de ellos sí la sientan conmigo. Por ahora, seguimos en ruta.

Extraño en el paraíso

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Ayer se cumplieron 6 meses del lanzamiento de El mar llegaba hasta aquí. En ese tiempo, se han vendido 300 ejemplares de mi novela: 100 libros físicos y 200 ebooks. Hay más números, claro: 6 puntuaciones en Amazon y 19 en Goodreads, la mayoría favorables, 8 reseñas en varias webs, 2 entrevistas, 1 presentación, 3 librerías que lo venden… y por todo ello estoy agradecido. Sigue leyendo

Baila, baila, baila: poniendo banda sonora a mi novela

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Me gustan las películas que cuidan la selección de canciones porque sus escenas crecen con la música adecuada y sientes cada caricia. Y también me gusta cuando eso ocurre en los libros, incluso si mencionan canciones que no conozco. Será que no sé vivir sin música. Ni yo ni mis amigos, de hecho: podremos irnos a la cama sin leer o sin tiempo para el último capítulo de nuestra serie favorita, pero siempre escucharemos música. Cada día. Siendo así, enseguida tomé la decisión de que a mis personajes les tenía que pasar lo mismo. El mar llegaba hasta aquí tendría banda sonora.

Pero claro, ¿cómo escribir la música? Sigue leyendo

Historia de tres ciudades: construyendo los escenarios de mi novela

Nuestras ciudades son más que una sucesión de postales. Siempre me han molestado esas historias donde el escenario solo es una excusa que está de adorno, como por ejemplo Vicky Cristina Barcelona y su sucesión de escenarios sin ton ni son, como si a Woody Allen le hubieran pasado un listado de las cosas que tenían que salir por contrato. Y en cambio, adoro cuando la ciudad pasa a ser otro personaje: en Midnight in Paris la magia se puede tocar. Muchas de mis novelas favoritas son un homenaje a una ciudad: El día que murió Marilyn, por ejemplo, donde Terenci inmortaliza la Barcelona y el Sitges de su infancia, tan parecidos a los míos que me sentí parte del libro.

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Algo así quería hacer yo en El mar llegaba hasta aquí. Retrataría Madrid, Barcelona y Granada. Ya se sabe, las ambiciones del escritor primerizo. Resulta que las postales son más fáciles de escribir. Sigue leyendo

La Odisea: cómo un manuscrito se convierte en novela

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Tres años y medio… largos, muy largos. Ese es el tiempo que separa los cuadernos de la izquierda, del libro de la derecha. En junio de 2011 empecé a darle vueltas a la idea de El mar llegaba hasta aquí, aunque al principio se tituló (simbólicamente) «Adán y los últimos vampiros». Lo primero que escribí fue la última frase y se ha mantenido casi idéntica desde entonces. Tenía claro dónde quería llegar, pero no tenía ni idea de cómo hacerlo. Lo que también sabía es que esta vez sí iba a lograrlo. Había dejado muchas historias a medias; la aventura de Leo y Adán tenía que llegar a puerto. Sigue leyendo