Las libélulas en llamas nos guían a través de la oscuridad del bosque. Dibujan caminos donde no había nada, entre las sombras de mil troncos bajo el resplandor azulado de sus alas. Nos adentramos en la arboleda humeante sin escuchar nuestro miedo. Saltamos por encima de raíces sinuosas, rodeamos cráteres que parten la maleza, esquivamos ramas en el último momento, agazapados, sin saber si ellos están detrás o delante. Cerca en cualquier caso. Nos creíamos a salvo de aquello que contaban las leyendas, esas que compartíamos al calor de la hoguera con el escalofrío feliz de pertenecer a otra época. Pero siempre vuelve a ocurrir. Ellos solo esperaban a escondidas, con las mismas ganas de cazarnos. Ojalá este humo que brota de la tierra nos proteja. Siento tu respiración como si yo mismo la respirara, acelerándose. Tiene que haber algo más allá de los árboles carbonizados. Lo susurramos sin creérnoslo del todo. Cuando las libélulas se desvanecen inventamos atajos para no pisar las hojas secas. Al salir a un claro te pones en pie, corres un poco más, hasta lo alto de un terraplén y desde allí me miras con la cara tiznada de hollín. Usándote de espejo, me restriego mejillas y frente para limpiarlas. Junto a ti hay un coche, lo señalas. Nos sonreímos desde la distancia. Después escalo roca a roca tras tus pasos porque seguirte es lo único que puedo hacer ahora.
Autor: Alex Pler
How big, how blue, how beautiful
Cuando tenga que volver a hacerlo, me gustaría que vuelva a salirme natural, sin tener que pensarlo o forzarme a hacerlo. Me gustaría que sea como atarme los zapatos o elegir el destino de mi próximo viaje: un impulso convertido en certeza, un paso llevándome a otro, y yo siguiéndolos sin dudarlo. Me gustaría que se acumulen frases entre silencio y silencio, desearía ser capaz de disfrutarlo todo, disfrutar incluso de cada inquietud que me asalte por el recorrido. Cuando tenga que volver a hacerlo, quiero confiar en mí, creer que lo lograré, esta vez sí. Porque esta será la definitiva.
Fotografía: Théo Gosselin.
Banda sonora: Florence + The Machine.
Modern anxiety
Todo aquello que deseabas que ocurriera, cuando ya no lo desees y hasta te dé igual, entonces ocurrirá. No estarás pendiente de un mensaje como lo estabas antes, estarás haciendo otras cosas, distraído, el reloj volando, y algo te interrumpirá. Lo deseado puede molestar cuando llega a destiempo. Te lo quitarás de encima como quien cumple un trámite y en el momento de guardar el móvil en el bolsillo desearás viajar en el tiempo para decirte que no merece la pena perder el tiempo ni el sueño en eso. Pero entonces todavía esperabas que todo cambiara cuando se cumpliera tu deseo.
Fotografía: William Daigneault.
Banda sonora: Josef Salvat.
How do you sleep?
Puedo sentirte físicamente incluso ahora. Podría identificar el punto exacto donde me desgarraste. Lo hiciste jugando, sin darte cuenta, yo te dejé hacerlo, al principio quería que lo hicieras, seguía deseándolo cuando ya no estábamos solos, y lo hiciste jugando, sin entender que te echara de allí en el punto culminante. No volveré a verte, pronto ni siquiera recordaré tu cara o esa peca del muslo que me gustaba y disgustaba acariciar, lo olvidaré todo sobre nosotros pero seguiré sintiéndote dentro. Se acumularán otras cicatrices mientras duermes lejos, toda mi alma cubierta y aun así siempre sabré señalar la que me hiciste tú.
Pintura: Los solitarios de Edvard Munch.
Banda sonora: Sam Smith.
M’hi vaig llançar
Me lancé a por ello. Después de tiempo fantaseando con hacerlo algún día, me lancé a por ello. En la noche decisiva desaparecieron las dudas y solo quedó mi ímpetu guiando cada paso, como si yo siempre hubiera sido valiente. Como si ahora yo fuera otra persona que ya había hecho eso muchas otras veces, yo uno más de aquel lugar donde nadie se miraba a los ojos. Y al saberme allí, al llegar a lo más profundo después de saltar, por fin haciendo lo que tanto había deseado, entonces supe que no, aquello tampoco era lo que quería. O quizás lo que quiero nunca es lo mismo que me gusta. Volvieron todas las dudas al salir, desapareció cualquier atisbo de ímpetu, pero logré regresar a casa, donde frente al espejo comprobé que seguía siendo el mismo. Algo pequeño sí había cambiado, sin embargo: en mis manos tenía una página en blanco y con ella podía crear algo nuevo con lo que nadie hubiera fantaseado antes.
Fotografía: Théo Gosselin.
Banda sonora: Manel.



