The fools who dream

2017 ha sido un año de perder cuando todo parecía ganado. El Oscar que le quitaron a La La Land justo después de entregárselo, la derrota de Occidentali’s Karma que se daba por seguro… Y a pesar de todo, ha sido un buen año. Porque dentro de un tiempo no recordaremos esos momentos de derrota sino otros, quizás menos importantes pero más significativos. Un baile al anochecer, tu cuerpo brillando, las risas compartidas, cambiar de canción en el coche, una noche donde el mismo sexo de siempre es mejor, los paseos con destino pero sin rumbo, esa mañana de agosto que ya parecía otoño.

Ahí van las 3 películas, los 3 discos y los 3 libros que, junto a los buenos recuerdos, me llevo conmigo de este año.


La La Land no inventa nada porque todo ya está inventado. Pero mezcla todos sus ingredientes de forma perfecta. Un gozo para los sentidos que estoy convencido de que se revalorizará con el tiempo. Cuesta destacar solo un momento pero cómo olvidar ese epílogo demoledoramente romántico.

Blade Runner 2049 es otro ejemplo de hacer las cosas bien, en este caso teniéndolo todo en contra. Nadie pedía una secuela de un film de culto. Y sin embargo, ha sabido estar a la altura del mito, con un apartado visual deslumbrante. Una obra de arte en movimiento y con alma. Me quedo con todas las escenas de Ana de Armas.

A menudo las películas crecen en la memoria. Me ocurrió con Locas de alegría. Ha habido muchas películas que me han gustado lo suficiente para estar en este tercer puesto, pero ninguna tan vitalista, libre, sorprendente o tenaz como esta.

El EP Territory de The Blaze me ha acompañado a menudo en los paseos nocturnos de regreso a casa. El ritmo de los beats marcaba mis pasos, sí, pero también mi inspiración. Quiero que mi próxima novela “suene” así. Tan contundente, sexy, oscura, cálida como este puñado de canciones.

Quizás mi disco más esperado del año. Stay Free de The Sound of Arrows no ha sido un bombazo, no hay temazos como Magic… Pero siempre he regresado a él cuando me apetecían canciones que te abrazan. Y para eso, ellos tienen la fórmula mágica.

Tornar a ser u de La iaia es otro disco que aguardé con ganas. Con ellos aprendí que un grupo se puede desprender de detalles que los hacía especiales y aun así seguir sonando a ellos. Canciones que expresan justo lo que sientes, incluso antes de que lo sientas.

Si antes hablaba de derrotas, el libro que mejor recoge la derrota de nuestra generación es La canción pop de Raúl Portero. Ojo: no es un libro derrotista. Tampoco es un libro triste aunque la tristeza pasee por sus páginas. Es una novela que todos hemos vivido, contada con las palabras justas, frases como puñetazos para confirmar que nada salió como lo planeabas pero seguirás adelante.

Y otro libro que saca luz de la oscuridad: Fugas de James Rhodes. La música como refugio, como salvavidas, como motor. La prosa de Rhodes es brutalmente honesta como sus interpretaciones al piano. Se desnuda para que nos sintamos menos solos y logremos vestirnos y salir a la calle un día más.

Este año por fin pude leer los treves volúmenes de Buenas noches, Pun Pun, la obra maestra de Inio Asano. Un manga sobre la salvaje aventura que supone hacerse mayor. Hacía muchos años que no me emocionaban tanto unos monigotes…

A 2018 le pido más cine, más música, más literatura. Y sobre todo le pido tiempo y concentración para terminar mi próxima novela. Gracias a todos los que habéis formado parte de este 2017. Seguimos bailando mañana.

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