Musashi Miyamoto – Libro de los cinco anillos

El yo de hoy vence al de ayer.

Después de varios textos sobre artes marciales, quedaba pendiente este clásico. De Musashi Miyamoto ya conocía el Dokkôdo, un compendio de 21 frases fascinantes. Reconozco que su  Libro de los cinco anillos no me ha calado tanto, aunque hoy al volver a hojearlo para escribir esta crítica, la sensación era extraña, de “reencuentro”.

Y es que al contrario que el Hagakure de Yamamoto Tsunetomo, el texto de Musashi sólo será plenamente útil a quienes pretendan empuñar una espada. El libro reúne lecciones sobre adoptar un buen kamae (posición de apertura en un combate), conocer los tipos de golpes, cómo darlos y enlazarlos, prever los envites del enemigo, mover los pies, elegir la mejor arma, etc.

El estilo de Musashi es escueto y didáctico, menos críptico que el de otros autores y quizá por eso en una primera lectura cuesta encontrar el mismo trasfondo filosófico de otros textos sobre la guerra y las artes marciales. De todos modos, este libro en Japón es un manual de referencia para los hombres de negocios, al igual que El arte de la guerra. El propio Musashi nos advierte al principio del capítulo Libro del agua: “Hay que evitar considerar el contenido de este libro de forma literal. Al contrario, todo lo que se dice en él hay que tratar de adaptarlo a nuestro propio cuerpo”.

Los samurais entendían el combate como actitud vital absoluta, y quizá gracias a eso en sus textos siempre se descubren frases inspiradoras; Libro de los cinco anillos no es ninguna excepción. Os dejo mis favoritas:

El espíritu que vence a un solo enemigo es el mismo que vence a mil o a diez mil.

Cuando uno no avanza por el camino verdadero, las pequeñas desviaciones del comienzo se convierten más tarde en grandes desviaciones.

La mano que se aferra mucho es una mano muerta. La mano que no se aferra es una mano que vive.

Incluso un camino de mil “ri” se ha de caminar paso a paso.

Lo importante en la táctica es ser consciente del sable del adversario, pero no mirar en absoluto ese sable adverso.

Ten la firme voluntad de atravesar la corriente en los momentos de crisis.

La acción de un experto parece lenta, pero nunca se aparta del ritmo. 

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