Look at a book, pick up the phone, fix some food

¿Leemos igual que amamos? Por muy chocante que pueda parecer, sí. Bromeando con unos amigos el otro día, uno de ellos empezó a metaforizar: igual que hay gente que prefiere acudir regularmente a la biblioteca y en cambio otros compran sus propios libros, hay gente más o menos posesiva con las personas. El tema quedó como un comentario gracioso, no pasó de ahí. Pero llevo desde entonces dándole vueltas y me he dado cuenta de que mi amigo había dado en el clavo. La forma en que tratamos nuestros libros, se refleja implacablemente en cómo tratamos a las personas que nos gustan.

Quien hojea los libros y salta de uno a otro sin acabar ninguno, jamás profundizará tanto en las personas como quien lee cada libro a fondo, degustando cada frase y anotando las mejores, informándose del autor, del contexto, del trasfondo de la historia. Hay quien se ciñe a un único género: al terror porque busca emociones fuertes, a la novela romántica para soñar con aquello que podrían tener y no se atreven a tocar. Hay quienes aseguran leer “de todo”: es decir, en realidad no leen nada o lo hacen sin criterio porque todavía no han encontrado ese libro especial que les descubra lo que realmente persiguen, ese hueco que siempre han buscado llenar sin saberlo.

Unos compran los libros atraídos por la publicidad, las portadas chillonas y los eslógans grandilocuentes (“1.000.000 de ejemplares vendidos en Francia”). Otros hacen caso de las recomendaciones y las críticas, o bien leen atentamente la sinopsis, consultan el índice y varios capítulos. También hay algunos que se dejan guiar por la intuición, la poderosa atracción de una primera línea brillante. Y cómo olvidarse de la gente que no compra libros jamás pero sí permite que otras personas se los regalen en ocasiones señaladas: Navidad, el cumpleaños, Sant Jordi; los verás al día siguiente exhibiendo el libro en el metro. No deja de ser curioso cómo mientras hay gente capaz de leer en cualquier lado, otros tienen su rincón favorito: la cama, el sofá, aquella cafetería.

En la lectura, como en todo, hay elitistas: desprecian todo lo que no sea lo mejor, y hasta entonces dejarán escapar decenas de oportunidades de leer libros entretenidos en los que encontrar, inesperadamente, frases que les harían sonreír. Unos tratan a sus libros con tal exceso de mimo que cuando terminan de leerlos, las cubiertas parecen demasiado limpias, los lomos demasiado nuevos; otros en cambio, no dudan en manosear y dar de sí sus libros mientras los leen: los abren de par en par, doblan las esquinas de las páginas que quieren recordar, no se preocupan por los rasguños que aparezcan en las cubiertas, marcan terreno. Hay quien no lee por ignorancia, por falta de tiempo o por miedo y también hay quien lee compulsivamente, sin medida, para saciar una sed tan intensa que ni el mejor de los libros podría calmar. Algunos son capaces de alternar la lectura de varios libros a la vez mientras otros prefieren concentrarse en leer sólo uno para no perderse con tanto personaje.

Cada cual tiene su método para enfrentarse a la lectura. Todos están bien, porque afortunadamente hay más libros que personas (sólo en España, se editan unos 65.000 libros al año). Por eso, da igual cómo lo hagas. A fuerza de leer, acabarás dando con libros buenos. De esos con los que aprendes, de esos que además de una portada bonita y un título atractivo atesoran también muchas frases que subrayar.

Anuncios

6 comentarios en “Look at a book, pick up the phone, fix some food

  1. Nunca antes se me había ocurrido pensar en ello pero quizás estés en lo cierto y de acuerdo a cómo tratemos los libros, así tratamos a las personas que nos gustan.
    Yo leo en francés, inglés y español (y porque de momento no sé más idiomas, eh??). Intento centrarme en un sólo libro aunque en la universidad es casi imposible y acabo leyendo de dos en dos…
    Me gusta apuntar frases con un significado especial para mí, y si el libro me ha encantado, siempre busco información sobre el autor.
    Prefiero comprarlos, y hacerlos míos. Y rara vez dejo uno a medias.

    Leer es uno de los mejores placeres de esta vida. Siempre le estaré agradecida a mi madre y mi abuelo por meterme el gusanillo de la lectura 🙂

  2. Impresionante entrada. Una de las que más me han gustado, y mira que hay unas cuantas…
    Nunca había pensado en ello, pero creo que tienes mucha razón. En mi caso, soy lector compulsivo (el mes pasado leí 7 libros) pero no los leo “en diagonal”, sino que los leo a conciencia. Siempre me informo antes de leer el libro de cuándo se escribió, quién era el autor, de dónde era, cuánto vivió… pero eso una vez he elegido el libro. Antes de elegirlo me suelo fijar en temática (por los que te he ido comentando en algunos post habrás visto que voy bastante directo a unos libros en concreto) y también en la primera frase del libro. Es algo que hago siempre, automático. Si un libro me atrae, lo abro y miro su primera frase. Si me conquista, a la saca va.

    Con las personas suelo hacer algo parecido. Me fijo mucho en las primeras impresiones (¿primera frase?) y si la primera impresión es buena, profundizo más. Si en esa persona veo muchos gustos parecidos y buena sincronización, ya no la suelto. Como los libros. En mi caso, nunca dejo libros y siempre procuro que no se rompan, ni doblen (ni siquiera los lomos al abrirlos!). Con las personas, soy muy posesivo también, nunca “dejo” amigos, por decirlo de alguna manera. Y trato de cuidarlas lo mejor posible.

    Es curioso pero este post tiene mucha razón, cuanto más lo pienso…

  3. métodos de enfrentarse a la lectura hay muchos. También cambiamos con los años, yo antes no dejaba ningúnlibro sin terminar, hoy día como no me guste lo voy dejando porque con la falta de tiempo que tengo no puedo perderlo en algo que no me guste.

    Claro que a lo mejor el problema es la manera de escoger qué leer. Yo leo la sinopsis, huelo el libro (sí, sí, tal cual) y me leo una página al azar. Si me gusta, me lo llevo, y si no… bueno, si no, a lo mejor también me lo llevo, jajaja, si el marketing hizo lo suyo (Recuerdo cuando me pedí por Reyes “el hombre que susurraba al oído de los caballos” sin saber nada de él sólo porque el título me embelesaba)

  4. Me daba cierto reparo colgar esta entrada porque así de primeras suena a perogrullada del quince… pero es que cuanto más lo he ido pensando, más similitudes he encontrado entre mi forma de tratar a los libros (bueno: mi forma y la de muchos amigos, familiares y conocidos) y a las personas. Muy curioso sin duda. No por nada dicen que los libros hacen compañía.

    He disfrutado mucho con vuestras extensas respuestas, cómo se agradece que compartáis vuestra experiencia y vuestro punto de vista.

    Juliet, yo también soy muy de “hacer míos” los libros, me cuesta desprenderme de ellos. Hace más de 10 años que no piso una biblioteca. Pero no tengo problemas en dejar un libro a medias si me aburre o deja de gustarme. Soy bastante radical en ese sentido.

    David… me ha impactado especialmente tu respuesta porque casi has descrito punto por punto mi forma de enfrentarme a los libros. Eso de sentirse atraído por un libro (la portada, el título, alguna referencia previa que guardamos en el subconsciente), de buscar la primera línea, de informarse, leer compulsivamente pero con suma atención… Con las personas también me guío por flechazos. Del mismo modo que considero que un buen libro tiene que tener una buena primera frase, me parece imposible enamorarte de alguien si ya de primeras no te ha hecho sentir “algo”. No creo en eso de que el roce hace el cariño, ni creo que se deba tener paciencia con un libro aburrido.

    Z, coincido: demasido poco tiempo y demasiado libro por leer. Hace un tiempo leí que la mejor forma de saber si un libro te va a gustar es abrirlo y leer la página 99. Yo sólo lo uso si la primera frase no me ha terminado de convencer. Por cierto, conocía la película de “El hombre que susurraba a los caballos”, no sabía que estaba basada en un libro. ¿Lo recomiendas? El título es fascinante, desde luego.

  5. Pues sí… Somos proyecciones de lo que somos. Nos proyectamos en las acciones y en la palabra, en lo que hacemos y en cómo lo hacemos y seguramente si cuidamos con tiento un libro, como quien atesora un objeto valioso, seremos capaces de amar con la misma sutileza y calidez. Por mi parte soy lector por obligación (trabajo) y en verano elijo todo aquello que el tiempo me permite abordar (todas aquellas novelas o piezas que durante el año han resonado en mi masa gris con el mensaje subliminal: “Tienes que leerme”). Pues nada, un placer leerte. Jejeje… ¿Nos veremos en Barna el 19 de noviembre? Un besote.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s