David Monteagudo – Fin

-Creo que hemos venido aquí para eso -dice Cova buscando los ojos de Hugo-, para acabar. Todo se ha acabado, también nosotros, nuestro matrimonio, nosotros mismos… Esto es el final, ¿no lo entiendes? ¡Es el final de todo!

No es habitual que un libro de la editorial Acantilado (que sólo publica Literatura) se convierta en superventas. Así que cuando el pasado Sant Jordi noté que “Fin” de David Monteagudo iba a ser uno de los más vendidos (y sí, al final lo fue), me sorprendí y me alegré. No lo había leído todavía, pero si lo publica Acantilado tienes la garantía de que un mínimo de calidad tendrá. Hoy me he enterado de que Alejandro Amenábar ha comprado los derechos de adaptación del libro. He esperado casi un año a leerlo. Como siempre, parece que los libros no se enfadan, esperan pacientemente a que los cojas en el momento idóneo.

El argumento no es gran cosa: un grupo de amigos se reúne en un refugio de montaña para hablar y ver las estrellas, y recordar así la última noche que pasaron juntos hace 25 años. Se produce un apagón y las estrellas brillan más que nunca. A la mañana siguiente, uno de ellos desaparece. La tensión desata viejas rencillas enterradas, pero nunca olvidadas. Y así, lo que empieza como una versión castiza del “Cazador de sueños” de Stephen King (libro que tras 100 páginas prometedoras se derrumba y es uno de los libros más ridículos del autor), pasa a ser una especie de “Diez negritos” de Agatha Christie en medio de la desolación de “La carretera” de Cormac McCarthy.

Desolación es la palabra clave de “Fin”. Porque el libro te atrapa, no puedes soltarlo (yo lo he leído en apenas 4 días), pero te deja más y más desolado página tras página. Intuyes lo que ocurrirá, pero sigues leyendo con la esperanza de estar equivocado. No hay efectos especiales, sólo un magistral trabajo de personajes: los llegas a conocer tanto que sufres con ellos; sientes su miedo, su desorientación, su necesidad de respuestas e incluso su odio.

Los diálogos son espectaculares: parece que haya una grabadora registrando todo lo que hablan los personajes y reproduciéndolo tal cual en el libro; oyes sus voces, las reconoces sin necesidad de que se especifique quién dice qué. El narrador, por su parte, es despiadado: se comporta como una cámara enfocando de un lado a otro, deslizándose en silencio, sin juzgar pero sin ofrecer ayuda tampoco. Y la ambientación resulta terrorífica incluso a pleno sol, con destellos de una naturaleza cada vez más desatada. No hay escapatoria.

“Fin” mezcla géneros: drama, realismo, ciencia ficción, terror. Más allá de etiquetas, considero que esta historia es una contundente alegoría sobre los efectos devastadores del desprecio, el sentimiento de culpa, el rechazo, los reproches, la incapacidad de pedir perdón. Lo cierras temblando, en plena catarsis. Para mí, este “Fin” ha supuesto un nuevo e instructivo comienzo.

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