El armario de acero

Debió de ser él quien me descubrió que era atractivo
y saberlo puso mi mundo del revés…

«Los rusos no me caen bien. No tengo nada que ver con ellos. Suerte que están lejos…». Relato a relato, los tópicos se van derrumbando gracias a este El armario de cero. Porque de repente te encuentras a un chico como Aleksander Belykh, que adora Japón, estudió japonés y lee a Murakami. ¿Serías tú, de haber nacido en Rusia?

17 autores y nuestros iconos son los mismos, o muy parecidos. Oscar Wilde, Michael Jackson, Hollywood: les gusta lo mismo que nos gusta y quieren tener lo mismo que aquí disfrutamos. Sigue leyendo

Aitor Villafranca : Cero

Dos hombres comparten cama pero despiertan en mundos distintos. El punto de partida de la novela me pareció potentísimo desde que el propio Aitor me lo contó hace ya 6 meses. Desde entonces tenía ganas de leer esta historia, y más teniendo en cuenta el buen sabor de boca que me dejó Zodíaco en su día. Las expectativas pueden ser peligrosas, pero en este caso se han visto superadas.

Y es que mientras lo leía en la cama, el libro cobró vida entre mis manos. Dejó de ser un conjunto de páginas escritas para transformarse en un espejo. De repente me vi reflejado en él, expuesto, escaneado hasta la última partícula. Y no solo me vi a mí: también pensé en tantos amigos con miedo a sentir, a volver a entregarse. Cuando te crees inmortal, haces y dices tantas tonterías, como si la recompensa siempre tuviera que estar esperándote cuando tú lo decidas.

Hay una cualidad que admiro en los escritores. Te hablan de esos sentimientos que rara vez compartes. No es solo que no te atrevas, es que no sabrías cómo hacerlo: por dónde empezar o qué palabras elegir. Ellos encuentran esas palabras y no dudan en compartirlas contigo. Leyéndolas, todo parece más sencillo.

Merece la pena conocer a Daniel y Álex. En un mundo donde ocurren tantas cosas extrañas, hasta el punto de no saber si eres la última pieza de un puzzle perdido que nunca encajará, agradeces reconocerte en esos personajes. Te sientes menos solo. Comprendes que los sentimientos pueden existir en cualquier parte, incluso en ciudades torcidas donde la gente levanta llamas verdes a cada paso.

No tenía recuerdos de que la realidad hubiera sido así antes de aquel día. Sin embargo, ese era el mundo en el que existía, así que, a la fuerza, el mundo tenía que haber sido así siempre. Solo había entonces una conclusión posible: era él el que había hecho algo mal, él quien, de alguna forma, había olvidado cómo existir. Las personas que le rodeaban lo habían comprendido antes incluso que él mismo, y ahora le vigilaban recelosos.

La novela Cero está disponible en Amazon y Casa del Libro.

Wajdi Mouawad : Ánima

Hay muchos libros buenos, pero solo algunos te remueven por completo. Por eso, decir que Ánima me gustó sería quedarme corto. Me pareció brillante. Un libro que todo el mundo debería leer aunque no sea un libro para todo el mundo. Una novela que me gustaría haber escrito yo y que leí con la envidia sana (o no) de saber que me falta mucho para lograrlo. Suerte que hay maestros como Wadji Mouawad.

Este escritor, en una página te desgarra sin miramientos y a la siguiente te emociona con ternura. Deja que sean los animales los que cuenten la historia terrible de un hombre a quien el asesinato de su mujer le impulsa a viajar por Canadá y Estados Unidos en busca del criminal. Gatos, arañas, pájaros, perros, lobos… todos serán testigos de su periplo. Algunos lo mirarán con curiosidad, otros conectarán con él, dando pie a escenas maravillosas (la hormiga, el chimpancé).

Mouawad nos recuerda la inhumanidad de los humanos. Cómo somos capaces de lo mejor y de lo peor. Cómo nos obsesionamos con absurdeces y en cambio rechazamos lo que la vida nos regala a cada segundo. Pequeños instantes que el protagonista va disfrutando en pleno viaje, aunque sea empujado por unas circunstancias tan horrendas.

Mientras lo leía, no me quitaba de la cabeza una frase de Musashi Miyamoto: «Date menos importancia, dásela más al mundo». Podría haberla dicho cualquiera de estos animales al protagonista Wahhch. Porque ellos saben que todo es insignificante. Sí, nos ocurren cosas malas, pero no somos menos que una mariposa aplastada de la manera más tonta. Somos animales dando tumbos, por más que nos guste olvidarlo.

Podría añadir muchas cosas, enumerar el asco de algunas escenas y la impotencia que me provocaron, la piel de gallina por la preciosidad de ciertos pasajes… Podría decir que es uno de los mejores libros que han pasado por mis manos. Demoledor, también. Pero faltaría una pieza clave: que lo leáis y flipéis como yo he flipado. ¿Y ahora qué? Pues esto. El esplendor en la bajeza. Humanidad, a pesar de todo.

No es nada mística

La magia no se puede explicar. Tiene que sorprenderte tras la esquina, como cuando eras un niño que jugaba y las cosas, simplemente, ocurrían. En tu cabeza y de verdad. Diseccionando tus rituales para hacer partícipes a los demás, al final lo único que consigues es quitarles encanto, misticismo. Como quienes señalaban las cuerdas que hacían volar a los actores de las películas.

Y además, solo crees en la magia cuando te conviene. El otro día, por ejemplo, expliqué que una amiga utiliza La noche nos alumbrará a modo de oráculo. Le hace una pregunta, abre una página al azar y lee lo que el libro tiene que decirle. Eso que a ella le funciona, a los demás puede parecerles una tontería. Así fue: risitas, comentarios para cambiar de tema.

Entre cervezas y montaditos, la conversación derivó hacia la situación sentimental de uno de los chicos. Nos contó que le gustaba quedar con cierta chica porque se daban estabilidad, pero que no se consideraban novios. Y eso que llevaban ocho meses viéndose. Los demás opinamos que era tiempo suficiente para establecer una relación. Él se enrocó: si ya estoy bien así, ¿para qué pensar que las cosas son o podrían ser de otra manera?

Ya nos íbamos cuando alguien, medio en broma, le pidió que le preguntara a mi libro si aquella chica era su novia. Él se rio y entonado por las cervezas, lo hizo. Al fin y al cabo, le iba a salir alguna frase tonta. Entonces leyó: «Eres tú. Cuesta creerlo.» Cerró el libro en silencio. De golpe, volvía a ser aquel niño que creía que los dragones blancos volaban. Y delante nuestro, el más brillante de todos surcaba los tejados de Barcelona.

Aitor Saraiba : Nada más importa

«Siempre pensé que mi brújula en la vida sería una persona,
pero no, han resultado ser los libros.»

Primero hay obstáculos y luego todo se alinea. Es todo parte del mismo camino, la vida, pero en algunos recodos es fácil creer que la oscuridad campa a sus anchas y que no hay vuelta atrás. Poco después, lo fácil será seguir caminando hacia adelante con una sonrisa. Ahora solo escucharías música a todo volumen para gritar hasta quedarte afónico.

Este libro se empezó a gestar antes de que todo encajase: «De mis padres, me habría gustado heredar la esperanza», viene a decir Aitor Saraiba en uno de los primeros capítulos. Porque la gente que antes sonreía, ahora busca trabajo y no lo encuentra, busca amor y no lo encuentra, busca y busca pero todo está muy oscuro.

Un amigo enseñándote su cuaderno de notas. Esa sensación te recorre el cuerpo mientras pasas las páginas de Nada más importa. Los textos a mano y los dibujos ingenuos parecen desnudos sobre el fondo blanco. Cuesta creer que alguien se atreva a enseñarte su intimidad de esta manera pero aquí está. La has comprado. Y el libro es enorme, pesa, como para confirmarte que de verdad existe.

Alrededor de todos los conciertos de Metallica de su vida, Aitor teje una biografía de momentos importantes. Bueno: momentos cuya importancia solo entiendes después, ya mayor, al echar la vista atrás y unir los puntos de lo que antes solo eran escenas del día a día. Los aprendizajes, las personas que vas conociendo por el mundo… Y sí, lo que empezó sin esperanza, acaba por animarte a seguir intentándolo. Porque las piezas encajan, pero para eso hay que seguir luchando. Gracias, Aitor.