The Adjustment Bureau / Destino oculto

Que no os engañe el póster y, sobre todo, que no os engañe el terrible título en castellano. Yo también pensé al ver semejante póster: «La enésima película palomitera de acción y persecuciones… qué pereza». Hasta que consultando la cartelera, al no encontrar nada que me llamase verdaderamente la atención, opté por leer las sinopsis de todas las películas y me sorprendió la de «Destino oculto». Así que animé a mi acompañante a verla, y acertamos de pleno. Una buena forma de devolverle el favor de tantas grandes películas que me ha descubierto él a mí.

Para empezar, el film está basado en un relato de Philip K. Dick. Esto ya es sinónimo de un mínimo de calidad para mí, ya que muchas películas que me encantan están basadas en historias suyas: «Blade Runner», «Desafío total», «Minority Report», «A Scanner Darkly».. Y que salga Emily Blunt (la otra secretaria en «El Diablo Viste de Prada») era un plus. Matt Damon ya como que me da un poco más igual, la verdad.

Como os decía, lejos de ser una película de acción sin sustancia, estamos ante una interesante mezcla de ciencia ficción con comedia romántica. Todo empieza cuando David Norris, un joven y prometedor político, tiene un flechazo con Denise, una bailarina. Se encuentran por casualidad en los baños de un hotel: ella no debería estar allí y él, en cierto modo, tampoco. El azar o el destino los ha unido, y los lleva a reencontrarse días después en el autobús.

¿El problema? Que ese mismo destino que los ha unido considera que no deben estar juntos, y hará todo lo posible por impedirlo. Los encargados de torpedear la incipiente relación son «la oficina de reajuste», unos siniestros hombres trajeados que desde la sombra se dedican a modificar las vidas de todos nosotros para que cumplamos con nuestra misión en la vida y no nos desviemos de lo que el destino nos tiene marcados. Pueden prever todos nuestros movimientos y puntos de inflexión, y manipularlo todo a su antojo. Por ejemplo, nos hacen derramar la taza de café para que nos manchemos y tengamos que coger otro autobús, en vez de aquel donde iba la mujer de nuestros sueños. El famoso universo corrector de «Lost» en forma de burócratas.

Destino versus libre albedrío, azar versus causalidad, tomar tú las decisiones o dejarse arrsastrar por la corriente, rebelarte contra la vida que deberías llevar, los peligros de saber por adelantado lo que te espera al doblar la esquina y por tanto, ser consciente de las consecuencias de tus decisiones. A través de la historia de amor de los protagonistas, «Destino oculto» reflexiona sobre muchos temas a los que ya he dedicado otras entradas de blog, porque me fascinan. Qué puñetero es el destino: del mismo modo que puso en contacto a Denise y David, parece que intenta mantenerlos separados a toda costa.

A un desarrollo poderoso y una puesta en escena con las pretensiones justas, se suma la química entre ambos actores, un punto clave en este tipo de películas. Y funciona, funciona muy bien. Es una lástima que el mal trabajo de márketing y la manía de ir a lo obvio al traducir títulos al castellano, hagan que esta película quede tan camuflada en la cartelera. Los amantes de la acción pura y dura se aburrirán mucho; y quienes gusten de la ciencia ficción light o de las grandes historias de amor con un giro interesante, la pasarán por alto. Por mi parte, si sois de los segundos, os la recomiendo. No se convertirá en vuestra película favorita, pero fácilmente será una de esas que os guste recomendar. Yo todavía sigo dándole vueltas a eso de destino versus libre albedrío…

The Butterfly Effect / El efecto mariposa

Tengo un consejero de cine oficial que me hace descubrir películas que debería haber visto, que de hecho no entiendo porqué no había visto aún. «El efecto mariposa» es una de ellas.

Dicen que una mariposa batiendo sus alas aquí puede provocar un huracán en la otra punta del planeta. Del mismo modo, cambiar un solo detalle de nuestro pasado, nos llevaría a un presente drásticamente distinto. Y eso es precisamente lo que intenta una y otra vez el protagonista de «The Butterfly Effect»: cambiar su pasado para conseguir la felicidad en el presente, pero fracasa una y otra vez, con resultados siempre sorprendentes.

Cuesta entrar en la película, la primera media hora no sabes muy bien qué estás viendo o qué te están intentando contar. Luego ya entras en el juego, dejas de plantearte cómo o porqué se puede trasladar la mente al pasado a través de un diario, y disfrutas de la frustrante historia de Evan. Como siempre en este tipo de películas, la mejor sensación viene en el último tramo, cuando empiezan a encajar todas las piezas del puzzle inicial.

Ya lo he dicho más de una vez: las cosas ocurren como tienen que ocurrir. Es tentador corregir un pequeño error, pero eso implicaría vivir una vida radicalmente distinta. Vivimos en un mundo que parece ensalzar el arrepentimiento perpetuo: siempre podríamos haber hecho las cosas mejor, somos malas personas si alguna vez metemos la mata. Nos inculcan que debemos actuar siempre con miedo y precaución: hay que ir con cuidado por lo que pueda ocurrir después. No pienso así. Tampoco se trata de tener vía libre para hacer lo que quieras, claro, pero pienso que las decisiones que hemos tomado, los errores que hemos cometido, las cosas que nos ha tocado sufrir… todo ese conjunto de accidentes y hechos erróneos nos ha llevado al camino correcto. Estoy convencido de ello.

Azul Oscuro Casi Negro

Quieres vivir fuera de la pecera. Pero la pecera mola.
(Sean)

Siempre había tenido ganas de verla y el otro día el comentario de un lector de este blog me animó a hacerlo por fin. Disfruto mucho con este feedback, que el blog no sólo sirva para contaros mis cosas sino también para que me recomendéis una película, por ejemplo. En el caso de «Azul Oscuro Casi Negro», no es lo que me esperaba, pero tampoco me arrepiento de haberla visto. Para nada. 99% recomendable.

«Azul Oscuro Casi Negro» nos muestra a una serie de personajes atrapados, inmóviles o inmovilizados, que ven cómo todo aquello que desean está siempre más allá de un muro o de un cristal. Muy cerca pero inalcanzable. (Recomiendo el análisis del blog La Linterna Mágica sobre el simbolismo de los muros en «Azul Oscuro Casi Negro».)
La película habla de esas mentiras que nos decimos para justificar nuestra infelicidad, de cómo nos sentimos muy cómodos dependiendo de los demás para encontrar soluciones, de cómo tenemos miedo de aceptar nuestra culpa, nuestras limitaciones. El muro lo creamos nosotros y, por tanto, también podemos derribarlo nosotros, pero de eso no nos damos cuenta (o lo hacemos tarde). «Es más sencillo ser la víctima que aceptar la propia responsabilidad», dice el libro «La ley del espejo». Y es verdad. A todos nos ha pasado eso de desear algo que sentimos inalcanzable, quejarnos por ello, buscar todas las excusas posibles para no darnos cuenta de que a veces la solución es tan sencilla como atreverse alargar la mano y tocar lo que ansiamos.

Los personajes viven unos dramones de órdago, pero no hay ninguna escena que llegue a emocionar. La película es demadiado contenida, incluso en escenas que deberían haber provocado algún estremecimiento o alguna lágrima. Esta contención parece algo intencionado y si bien entiendo que no se quiera caer en el melodrama barato, también considero que escenas tan duras como la confesión de Paula al explicar cómo acabó encerrada en la prisión deberían haberme hecho llorar, pero no lo hicieron.

Destaco la historia de amor de Jorge (Quim Gutiérrez) y Natalia (Eva Pallarés), preciosa en su irrealidad. En cierto modo, se quieren más cuánto más lejos están, cuánto más grueso es el muro que los separa. El desesperado egoísmo de Paula (Marta Etura) a ratos me sacó de quicio, aunque da lugar a los mejores diálogos («¿Me querrás fuera de aquí?» «…»). El contrapunto cómico lo pone Sean, amigo del protagonista, interpretado por Raúl Arévalo. Los secretos que descubre de su padre, lo llevan a participar en unas sesiones de masaje muy divertidas donde poco a poco, se aceptará a sí mismo, y aceptará también a su padre.

«Azul Oscuro Casi Negro» es una buena película, con un reparto excelente (no me extrañan esos Goyas a Quim Gutiérrez y Antonio de la Torre, y las chicas también podrían habérselos llevado), pero a la que le falta un punto de emoción para acabar de ser redonda. Por cierto: muy significativa y preciosa la versión de «Imaginarte» de Lantana.

Te escudas en tu padre, en tu hermano, en mí. Pero eres tú mismo quien no te dejas vivir.
(Natalia)

The Kids Are All Right

Odio ver la ganadora del Oscar a Mejor Película cuando la gala es aún tan reciente. Así que, si no la he visto (y suele ocurrir, porque mis favoritas o se van de vacío o ganan premios menos «importantes»), opto por alguna de las otras nominadas que tuviera pendiente. El miércoles por la noche le tocó a «The Kids Are All Right».
Se trata de una película modesta a la que, seguramente, sin ese dúo de actrices protagonistas (Julianne Moore y Annette Bening) no se le habría hecho el mismo caso. Me alegro de que estuviera nominada al Oscar, pero creo que ni de lejos se lo habría merecido ganar. Y con eso no digo que sea mala, sólo que no es «ese tipo de película».

Por lo demás, y sin entrar en demasiados spoilers, estamos ante un historia emotiva y sin demasiadas pretensiones. Una historia de críos que quieren jugar a ser adultos y adultos que se creen de vuelta de todo pero todavía tienen mucho que aprender, muchas hostias que darse. Los adultos educan a los críos, pero olvidan que también pueden aprender de ellos.

La química entre los 5 miembros de esta familia tan peculiar es muy, muy buena. Es gracias a eso que la película se salva de ser un vulgar film de domingo por la tarde. A ratos, no puede evitar caer cierta moralina made in USA (ni Los Simpson se salvan de eso), pero afortunadamente se pasa casi de puntillas por esos momentos.  Por cierto, no entiendo que se la catalogue de comedia. Es cierto que hay momentos más distendidos, pero desde luego el tono no es de comedia, sino de película realista, con sus risas y sus dramas (y de estos hay unos cuantos).

Me fascinó el personaje de Tanya, la ayudante y amante ocasional de Mark Ruffalo. Superguapa, superindependiente, superdivertida, superracional… hasta que las cosas se tuercen, claro. Y hablando de Mark Ruffalo… entre tú y yo: no me importaría tenerlo de donante, if you know what I mean. ¡Qué contorsionismo!

Supongo que la película me emocionó especialmente porque justo el otro día, valoraba la posibilidad de retomar el contacto con mi padre, al que hace 12 años que no veo, así que pude entender muy bien a esos hermanos que quieren conocer a su padre biológico y al conocerlo sienten una mezla de fascinación y decepción.
I wish you could’ve been… better.

Tu vida en 65 minutos

¿Quieres mirar la lavadora conmigo?

Siguiendo la recomendación de un amigo de cuyo criterio me fío, me dispuse a ver esta película de María Ripoll, adaptación de una obra de teatro de Albert Espinosa. De ella, me gustó hace cosa de 12 o 13 años la película «Lluvia en los zapatos» y de él, tengo pendiente leerme el libro «Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tú y yo» (ya el título es fascinante, como el de «Tu vida en 65 minutos»).

Me gusta esa sensación de incertidumbe y entusiasmo casi infantil al empezar a ver una película sin saber nada sobre ella: ni el argumento, ni la temática o el género, ni siquiera cómo es el póster. Sólo sabía que le gustaba a mi amigo y que en algún momento debía haber una escena de gente comiendo una paella junto al mar.

Esa mañana había estado hablando con una amiga de casualidades y señales, de esos indicios que se van enlazando mágicamente, como pequeños faros que te indican o te recuerdan que vas por buen camino. Es un tema que me fascina y al que ya le dediqué una entrada en el blog hace varias semanas. Pues bien: de eso mismo va «Tu vida en 65 minutos». De ir al funeral equivocado y conocer allí al amor de tu vida. De encuentros fortuitos, coincidencias, puntos en común en las vidas de gente que cree no conocerse, pequeñas mentiras que llevan a grandes verdades, equívocos y desgracias de las que acaban saliendo cosas buenas. Lo dice el protagonista, Dani: «Es lo que tienen las casualidades, que a veces significan más cosas». No habría sabido expresarlo mejor.

Pero como no podía ser de otra manera tratándose de una obra de Albert Espinosa, «Tu vida en 65 minutos» también trata de la muerte. Mejor dicho: de quitarnos de encima ese miedo a la muerte. De disfrutar cada instante y aprovechar cada oportunidad como si fueran los últimos, porque pueden ser los últimos. Así, la película es un canto a la vida, sin olvidar que la muerte es un paso más en esa vida, el único paso inevitable. Es bonito comprobar que, mientras unas vidas terminan, otras cobran sentido en esos funerales de la película.

 También es un canto a la amistad. Y una invitación a fijarse en esos detalles insignificantes que, de algún modo, le dan sentido a todo: el ciclo de la lavadora, un centro comercial, el póster de una película, un partido de futbol, una camiseta, el tren de lavado, las cosquillas de un amigo, las preguntas que no quieres contestar, anécdotas fascinantes y anécdotas que podrían haber sido verdad.

Esos 65 minutos del título me intrigaban incluso al acabar los títulos de crédito. ¿Se referían a lo que dura el ciclo de una lavadora? ¿Ocurría algo en el minuto 65 que se me pasó por alto? ¿Era sólo una licencia estilística, aprovechando la bella historia de las redacciones de 65 palabras? Pues no: resulta que la obra de teatro original duraba exactamente eso, 65 minutos, y aunque la película sea un poco más larga, mantuvieron el título porque sonaba mejor 65 que 85 minutos.

A una historia que te va enamorando escena a escena y unos diálogos brutales (de esos que te hacen apuntar una frase tras otra), se suman una puesta en escena muy de vídeoclip y publicidad, y sobre todo unos actores y unas actrices que parecen nacidos para esos papeles. Al apostar por caras poco conocidas (aunque muchos de ellos sí te sonarán si has visto series de TV3), la película gana en espontaneidad. Quizá habría actores más curtidos, con más tablas, pero ninguno como los que eligieron darían tanta vida y naturalidad a sus personajes. Entre Javier Pereira y Tamara Arias hay una química instantánea, sus sonrisas llenan la pantalla, pero es que todos están estupendos: Oriol Vila, Marc Rodríguez, Nuria Gago… Me enamoré del personaje de Irene Montalà, y eso que apenas la ves 3 minutos en la penumbra de un cine.

Y a destacar también, y sobre todo, la banda sonora. Una selección de canciones perfecta, todas muy de anuncio, sin ser eso malo: todo lo contrario. Se nota un esfuerzo por buscar la canción que reforzará cada escena y le dará el punto de emoción necesario (por letra, por melodía, por arreglos musicales). Hay cortes instrumentales, hay temas cantados, hay versiones de The Cure por parte de grupos poco conocidos… Yo ya estoy buscando el CD. El cover de «Por qué te vas» de Javier Álvarez me ha robado el alma.

Lánzate, por una vez. A ver qué pasa.